Amorío de invierno.
Una noche desolada, cielo nublado, frió espesor que acariciaba mi espalda, me hacía estremecer mientras me debatía con mi ser:
—He aquí una noche encantadora, helada y estremecedora.
—¿Qué me hace falta?, siento un vació que no cesa, aunque con caricias se intente colmar, se siente una gélida tempestad.
—Cosa o algo que me complemente, paseo, ruta o lugar, que somnoliento me deje, necesito calmar este suspiro que me hace recordar, lo que pude en el ayer valorar.
He recordado mi amorío de invierno, tierno, puro y sincero.
Recordé cuidadosamente las caricias que me dio, que yo devolví con pasión, tratando de entregarme a su ser, despacio y con control.
Recordé que en sus brazos me quise refugiar, quería mi pasado olvidar y junto con ella comenzar.
Recordé que en sus labios quise saciar, la sed de otros besos que no pude borrar, que no pude olvidar.
Recordé que estando con ella fingía voluntariamente, disfracé mi rostro y simulé mis actos, encariñándome con cada acción, movimiento y oposición, mostrando indiferencia en mi interior.
Recordé el daño que le causé, al abandonarla como un cobarde, sin razón, sólo porque enamorado del pasado estaba mi corazón.
Gracias por intentarme proteger, por tratar de hacerme olvidar, por aspirar a mi sonrisa salvaguardar, por mi corazón querer conquistar.
Oh amorío de invierno… no te olvido, te recuerdo, pero en la antigüedad ha quedado nuestra ocasión, hasta otra vida, otra reunión. ~