Elaica XIX. Ilainn

in steempress •  3 months ago 


Ilustración


Elaica es una serie de relatos que se relacionan entre sí porque se desenvuelven en esta mítica y fantástica tierra. Cada relato es una historia distinta y a veces, una continuación.

Relatos anteriores:


Obras literarias originales realizadas por mí.


Ilainn

 
Las islas Zul’kuk se encuentran cercanas al continente de las tierras exteriores, próximas a solo cientos de kilómetros de las ciudad portuaria de Azziri. Estos cuatro cuerpos de tierra residentes en el ancho mar Ofco, están habitados por distintas tribus que llevan el mismo nombre, pero solo tres de ellas; puesto que la cuarta isla, la más septentrional y pequeña de todas, se encuentra habitada por un Antiguo que desde que llegó, fusionó su voluntad con aquel lugar.

El nombre que le dieron estos nativos a ese poderoso ser fue “Ilainn” que en lengua común significa “El Solitario”, porque nadie más vivía allí con él, puesto que aquella isla cambiaba de forma y de naturaleza dependiendo de la voluntad y las emociones de este Antiguo, lo que la convertía en un peligro, ya que aquellos cambios eran tan abruptos que era mejor huir despavorido que quedarse quieto.

El carácter de Ilainn era tan poderoso, que todo el ambiente de la isla le obedecía e iba acorde con su temperamento; si Ilainn se hallaba triste y se desbordaba en lágrimas, nuevos lagos, lagunas y ríos se formaban. Si Ilainn se encontraba feliz y saltaba de emoción, nuevas montañas se levantaban con increíble rapidez, y de su euforia dependían la altura que alcanzaran. Si Ilainn se sentía decaído y sin ánimos, varias montañas se hundían y se convertían en planicies o valles. Si Ilainn estaba enojado por algún motivo, emanaba vapores que a su vez, se convertían en nubes grises y furiosas, las cuales se juntaban para transformarse en poderosas tormentas de lluvia y granizo.

Por estas tan evidentes razones, los nativos de Zul’kuk le temían a la isla de Ilainn, no se acercaban a ella a menos que hubiese un motivo más grande que el simple hecho de pensar en el riesgo. En aquella isla brotaba un fruto muy apetecido por las personas, quienes se incursionaban con todo el respeto que podían ofrecer. Los nativos veían a Ilainn como a una deidad, y ante él, ofrecían sumisos a la más reverente humildad. Ilainn complacido por el respeto que los Zul’kuks tenían por su territorio, les permitía recoger de su isla los frutos que ellos tanto deseaban.

Según los relatos de los más ancianos, Ilainn cayó del cielo como una luz blanca que aterrizó bruscamente en aquella isla, en aquel entonces el estruendo y el impacto fueron tal, que todos quedaron atemorizados, puesto que la tierra temblaba y el clima se volvió gris y de repente llovió. Desde entonces, ruidos estrepitosos y colosales emanaban de aquel lugar, como si su naturaleza cambiara constantemente, y fue así, que se dieron cuenta que allí residía un poderoso ser al que había que rendirle respeto.

Ilainn no adquirió forma corpórea como los otros Antiguos, se mantuvo solo espíritu; etéreo y libre sin la capacidad de percibir lo material, y al no tener un cuerpo definido, podía adquirir cualquier aspecto que él quisiera. Si quería surcar los cielos se convertía en un gran halcón; de plumas bronceadas, escarlatas y esmeraldas brillantes. Los nativos de Zul’kuk, al ver a un animal con estas características tan notorias, sabían que se trataba de él, porque estos colores se encontraban intrínsecos en su ser tan particular.

Cuando Ilainn recorría la tierra lo hacía convertido en un enorme lobo, o un pequeño zorro de patas veloces y ligeras, inalcanzable para cualquier otra criatura en Elaica. Si quería explorar lugares aún más recónditos, se convertía en un insecto o alguna criatura rastrera, lo que le permitía moverse con soltura en cualquier lugar.

Aunque vivía aislado en un entorno que se modificaba de acuerdo a su voluntad, Ilainn a veces abandonaba la isla para viajar hacia el continente del oeste. Se maravillaba al contemplar la ciudad de Elam, la magnífica, a la sabia Calirio, a la hermosa Menomes, a la poderosa Cenontes; y recorría más al norte para ver los hermosos y fríos valles, donde se encontraba a la imponente Zaharán, y más al este de esta ciudad se topó con Hebrán, ciudad parecida a una lanza blanca que brota del suelo. Luego viajó al sur, maravillándose con todos los paisajes que habían sido creados por sus hermanos, hasta llegar a las costas donde se encontraba Kreon, la ciudad más rica de todas. Luego decidió viajar más al oeste de aquel continente y se horrorizó al vislumbrar desde las alturas a la terrible región de Ururthur, donde la belleza de Elaica no cruzaba los enormes muros que la mantenían apartada, y en la cual, criaturas horribles y retorcidas devoraban todo lo que hallaban a su paso.

Después de ver a Ururthur, a Ilainn lo invadió la tristeza, y regresó a su hogar pensando en el futuro. Los Antiguos sabían que un destino muy cruel llegaría a Elaica en toda su extensión y maldad, pero también sabían que aquella perversidad no iba a ser duradera y que el hombre sería el precursor de una nueva era de gloria y tranquilidad. Sin embargo, por el momento, los Antiguos ya se encontraban preparados para el acontecer, e Ilainn no iba a ser una excepción.




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