El Zángano XXIV. Epítome II

in steempress •  29 days ago  (edited)


Ilustración


El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matilda (continuación)
VIII. Raquel
IX. Betsabé
X. Betsabé (continuación)
XI. Amanda
XII. Amanda (continuación)
XIII. Bianca
XIV. Epítome I
XV. Eva
XVI. Eva (continuación)
XVII. Sabrina I
XVIII. Sabrina II
XIX. Sabrina III
XX. Beatriz
XXI. Beatriz (continuación)
XXII. Verónica
XXIII. Verónica (continuación)


Obras originales realizadas por mí


Epítome II

 
El origen de todas las criaturas en el mundo se remonta a una época donde las tinieblas aún dominaban a las cosas informes. La Tierra descendió hacia el vacío y comenzó a adquirir dimensiones y elementos que fueron propicios para la vida.

Antes de que la vida se sustentara pacíficamente de los recursos a su alrededor, desenvolviéndose en una especie de ciclo constante en el que parece no tener fin, existieron entidades inteligentes y de naturaleza despreciable a nuestro criterio, que llegaron desde el vacío del universo a explorar todo lo ya creado.

Cuando la Tierra y su forma elíptica comenzaba a culminar desde su creación, desde su centro, oscuro y caliente, empezaron a emerger bestias y criaturas que se arrastraban hasta salir de las fauces del suelo, algunos de ellos poseían características amorfas y grotescas, con mentalidades insanas y retorcidas, y en el ambiente donde se aparecieron comenzaron a alimentarse.

Algunas de ellas evolucionaron, ascendiendo a estratos imperceptibles que el hombre solo puede reconocer al entrar en estado de sueño. Otros de ellos simplemente desaparecían de cualquier plano o lugar tangible, sin dejar rastro de su presencia en la incipiente Tierra primitiva de hace millones de años.

Estas criaturas con características particulares, quienes se quedaron de manera invisible en nuestro mundo, comenzaron a desarrollar técnicas para subsistir en este y otros planos. Dichas habilidades las usaron para alimentarse de todo lo que encontraban, y lo que más les apetecía, puesto que les parecía deliciosamente irresistible, eran las emociones humanas.

Las mujeres representaban sus víctimas preferidas, por lo tanto, sus únicas incautas, ya que ellas son las mejores en desarrollar las emociones amenamente como a sus predadores les encanta. Sus métodos consistían en atormentarlas para lentamente sorber el horror que ellas emanaban, hasta dejarlas vacías y duras como un cascarón sin contenido.

Durante milenios estas criaturas deambulaban por nuestro plano y los contiguos, devorando tanto como podían, ya que poseían una completa libertad. Utilizaron formas distintas, pero finalmente se quedaron con una que para mi criterio es la más terrible de todas, pero para sus víctimas seleccionadas era admisible, ¿el porqué de esto? No tengo la más mínima idea.

La descripción de aquella forma tan espantosa era parecida a la de un cuervo, un cóndor o zamuro; de alas enormes y tan largas que al caminar las arrastraban. Esta imagen de ave de rapiña era combinada con la forma humana, dando un aspecto muy atroz, en especial cuando se es señalado por esos larguiruchos dedos, y esa mirada con orificios sin ojos.

Esta forma que adoptaron fue la preferida por ellos, ya que veían en estas aves carroñeras una compaginación con la muerte, la manera en como convivían con ella era inspirador para ellos, y fue en base a esto que se definieron fisionómicamente.

El tiempo pasó, atravesando eones y épocas, mientras la tierra se movía en su contante transformación. Las entidades intangibles disfrutaban de sus privilegios de viajar a las distintas dimensiones a través de sus umbrales secretos, mientras que los “Zánganos” deshacían a su antojo las vidas humanas.

Pero finalmente, llegó el día de la disputa, aquel permiso que tenían los Zánganos de atravesar nuestro mundo había llegado a su fin, el motivo se debió a un concilio que hubo entre las otras criaturas imperceptibles, quienes se dieron la tarea de proteger el balance en la Tierra.

Pronto, las facultades de permanecer en nuestro mundo habían quedado nulas para los Zánganos, y fueron humilladamente exiliados. La decisión del concilio era irrevocable, sin embargo, dentro de todas aquellas pautas que se establecieron para su destierro, había una que les permitía permanecer en nuestro por tiempo definido.

Los Zánganos para trascender necesitaban el permiso de un humano, el cual, podía ser hasta involuntario. Una vez concedido, la criatura podía deambular en nuestro mundo hasta acabar con la vida de su incauta, derruyendo su cuerpo y su alma, hasta dejarla sin vitalidad alguna.

Estas criaturas oscuras, como sombras de media noche bajo los astros y la luna, mantienen un bajo perfil ponderado, puesto que no tienen permitido estar entre nosotros. Su apetito es insaciable, arrebatando a más personas de nuestras manos. Son indetenibles una vez que comienzan y no existe cura para los males que traspasan.

Actualmente son aquellos con habilidades esotéricas quienes los invocan, para pedirles favores u ocasionar males a otros. Cuando las mujeres caen en la demencia y ven aquellas pesadillas informes, saben que ya están siendo acechadas por algo maldito, algo con voluntad propia e inteligencia perversa, que solo busca alimentarse de los más preciado que tenemos, nuestra vitalidad.



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