El zángano [Parte I / I]

in spanish •  last month  (edited)


Fuente


El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Obras originales realizadas por mí.


Judith

 

Amanece en la ciudad con el frío nocturno aun deambulando por las calles. El sol se ocultaba detrás de las grises nubes que sobrevolaban inertes sobre la alta ciudad de Mérida, capital de los Andes. Las personas se movilizaban de un lado a otro por las angostas aceras y calles donde el tráfico congestionado no cesaba jamás. En las esquinas del centro los vendedores y kiosqueros preparaban sus negocios. Los artesanos extranjeros elaboraban con tejidos sus guardapelos y sujetadores para las personas que buscan con admiración su arte.

El doctor Cárdenas, psicoanalista, recorría de subida la acera de la calle 4 del centro, directo a su consultorio. Eran las ocho y cuarenta y cinco de la mañana y aun le faltaban cuatro cuadras para llegar; pensaba que llegaría tarde y por esa razón, no terminó de desayunar y se llevó parte de su comida en un envase de plástico.

Aceleró a toda velocidad esquivando con cuidado el tráfico de personas que obstruían su paso, hasta que finalmente llegó cansado, con los pies que le pesaban por caminar rápidamente sobre un camino inclinado, y con una embolia que le molestaba en el costado derecho de su cintura por no reposar la comida. Al entrar, ya tenía a una paciente esperando desesperada por su atención profesional.

—Buenos días doctor Cárdenas —Dijo Ilena, su asistente— Espero que haya pasado un excelente fin de semana.

—Gracias Ilena. Si, tuve un fin de semana tranquilo, sin mucho alboroto.

—Buenos días doctor Cárdenas —Dijo la paciente con tono de voz grave y un poco quebradiza.

—Buenos días Judith, disculpa la tardanza, ya te atiendo, déjame acomodar la oficina.

—Ya le llevo café doctor, lo volví a colocar en la cafetera para que no se enfriara, no tiene azúcar, como a usted le gusta. —Dijo Ilena la asistente—.

—Gracias Ilena muy amable, después de que atienda a Judith reacomodamos la agenda, hay algunos cambios inesperados que hay aplicar.

—Como diga doctor…

El doctor deja su saco y su maletín en el armario que está dentro de su oficina, saca de uno de los archiveros el expediente de la paciente que espera por él: Judith, y lo revisa de nuevo con detenimiento. La mujer de treinta y dos años, cabello corto y castaño trabajaba como administradora en un centro comercial de la ciudad. Dedicada, joven y eficiente, desbordaba vitalidad en cualquier cosa que hacía, pero un día, de impacto, comenzó a tener sueños insólitos que la horrorizaban, y en todos ellos vislumbraba una entidad oscura de forma humana, con el cuerpo cubierto de plumas y su rostro como el de un zamuro.

Aquel ser siempre la observaba intensamente, con los blancos y resplandecientes como dos orificios vacíos, y rodeados por un entorno a veces indefinido por la pobre mujer. Muchas veces soñaba que aquella aparición, ente o criatura se posaba en la ventana de una habitación que no era la suya, y atravesaba las paredes moviéndose lentamente hacia ella, alzando acechador sus garras de animal carroñero.

Hace ya tres semanas que Judith padece este mal y, al parecer, las pesadillas se hacían cada vez peores. Iban desde parálisis hasta epilepsias por causa de aquellos sueños. Varias veces incluso, aquel trastorno que la acongojaba llegaba hasta rozar a la demencia. Los medicamentos recetados por el psicólogo que la atendía anteriormente solo le proporcionaban tranquilidad en periodos muy cortos y esporádicos. Era momento de aplicar otros métodos que le permitieran analizar el problema con más efectividad.

Luego de quedarse un rato oteando el expediente de Judith, su asistente, Ilena, irrumpió en su oficina dejando la tasa con café encima de su escritorio.

—Gracias Ilena, y por favor, ya puedes decirle a Judith que pase que estoy listo para atenderla.

—Si doctor.

Luego de salir la asistente en un instante, Judith entra a la consulta. Su rostro causaba algo de lástima, ya que se encontraba decaído por el cansancio. Sus ojeras estaban negras e hinchadas formándose dos bolsas, y sus labios estaban opacos y resecos, faltos de hidratación. Se sentó en la silla frente al escritorio encorvada, por el peso del agotamiento. La escases de maquillaje y su personalidad menguada eran sumamente notorias, algo bastante particular referente a una muchacha que anteriormente desbordaba energías.

De impacto se había convertido en otra persona, más paranoica y que ve todo con desgane. El doctor Cárdenas la miró por un momento y notó en esos detalles otros cambios tremendos ocurridos en tan solo unos días, desde la última vez que la vio. Se impresionó un poco al ver lo decaída que estaba, era como si la vitalidad poco a poco abandonará su cuerpo, de una manera alarmante.

Luego de unos momentos de charla cordial, Judith comenzó a hablar de su terrible problema.

—Ay doctor, estoy demasiado cansada de todo esto, prácticamente ya no tengo noches tranquilas. He tratado de dormir de día también pero es inútil. Los soporíferos y sedantes ya no me hacen efecto y básicamente quedo a merced de esas horribles pesadillas.

—Bueno Judith, déjame decirte que mientras revisaba tu expediente, decidí utilizar métodos que permitan poder atacar ese problema con más fuerza. Hace tiempo que no uso la hipnosis en un paciente, por ser un método muy controversial, pero en tu caso estoy seguro que podrá ayudarte.

—¿Usted cree doctor? —Dijo Judith con una chispa débil de emoción —¿Usted cree que con la hipnosis me cure?

—Este tipo de hipnosis que voy a aplicarte no va a curarte, es solo para incursionar hacia tu subconsciente, donde se materializa más el problema, eso me permitirá analizar tu caso de manera más minuciosa. Estaré contigo en todo momento tu solo debes seguir mis instrucciones.

—Dios quiera que esto me ayude lo suficiente doctor, la verdad ya no sé qué hacer…

—Necesito tu autorización Judith, no puedo hacerlo sin la aceptación del paciente.

—Por supuesto doctor, tiene toda mi aprobación.

—Bien, perfecto, entonces comencemos de una vez, necesito que te recuestes en el diván, mientras yo voy por mi metrónomo.

Inmediatamente Judith hace lo que el doctor le pide acomodándose en el plegable sillón. Mientras, el doctor Cárdenas se sienta frente a ella con el metrónomo en sus manos y listo para comenzar la sesión.

—De acuerdo, ¿ya estas cómoda? —Judith asiente con la cabeza ante la pregunta del doctor—.

—Perfecto, entonces, vamos a comenzar…

Continuará...



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Quedo pendiente de lo que le pasará a Judith, Buena historia amigo. Ya me capturó.

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Ya verás que será otra locura ;)

Me agradó leerte y continuar descubriendo tu fluidez al escribir, denota creatividad mis sinceras felicitaciones. Te comparto mi cariño y mis mejores deseos para que continúes creciendo. Buena vibra.

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Gracias a ti por leerme, halagado de recibir tu apoyo y tu comentario. Saludos y un fuerte abrazo.


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Manooooooooooooooooooo, que buenisimo :O estoy ansioso por la segunda parte.

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Gracias mano, para el sábado la tendrás.