El Zángano [III]

in spanish •  26 days ago 


Fuente




El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)

Obras originales realizadas por mí.


María

 
Una montaña es testigo de una historia infeliz, sus caminos están ostentados de relatos escritos por la misma locura. Una cadena inquebrantable jalaba con ímpetu malicioso y vengativo los albores de una inocencia mancillada. Los caudales quedaron en completo silencio, el viento y sus habitantes ya no susurran lo ocurrido. Las personas aledañas a los protagonistas aun cuentan con asombro el suceso con leve pena.

 
La montaña traía sobre su superficie a una pareja ermitaña, agraciados por la belleza y la frescura del campo. Se les veían todo el tiempo trabajando en los alrededores de su cabaña andina, concentrando su determinación sobre la superficie de la tierra que tanto han cuidado. Emilio era un hombre agazapado de vida tranquila, limitado únicamente a su entorno, era un hombre mayor casi de cincuenta, con los ojos achinados por soportar tanta claridad, y un vicio inextinguible por el tabaco.

 
María era su esposa, una mujer veinte años menor que él, de risa perfilada y notable desde la distancia, y de cabellos rizos castaños combinados con la canela de su piel. Siempre ágil y erguida nunca portó pesadumbre alguna, al igual que su esposo.

 
La pareja nunca tuvo hijos a pesar de que muchas veces lo intentaban, aquello se debía a la esterilidad del pobre hombre de casi quinta década. A pesar de su aislamiento la pareja era amistosa con las demás personas de otras fincas, sobre todo María, quien era quien más bajaba de la montaña. Todos quienes se cruzaban por su camino en los tránsitos del pueblo le saludaban con afabilidad, más hubo una persona que siempre guardó un profundo rencor para María, quien la detestaba con vehemencia y verla hacia que sufriera, puesto que su sangre sulfuraba con vaporosa rabia. Imelda, una mujer mayor, de cabellos blancos y secos como el heno, y ojos grandes pintados con lunas rojas, deseaba con desesperación la venganza poder satisfacer su corazón.

 
Imelda fue amante de Emilio, en aquel tiempo cuando la cabaña no había sido construida sobre la montaña. Su romance era intenso según ella, y hasta se habló de unir sus almas ya por fin en matrimonio, pero María apareció como ángel batido por el viento, y conquistó el corazón de Emilio en solo tres agitadas. Devastada por aquella traición, su corazón cayó en los abismos de la decepción y se entregó a la tristeza. Bajo la presencia del tormento, su cuerpo se derruyó, dándole un aspecto ominoso que hacía alusión a una entidad de furia y melancolía.

 
Aquella mujer ya no era vista con picardía, por aquellos hombres halagadores, sino como un espanto, un vástago del mismo mal caminando sobre la tierra, anhelando engullir hambrienta los cuerpos de la venganza. Varios años de espera sofocante y planes de naturaleza malsana por fin dieron gustos a su alma, al liberar una desgracia, la peor de todas, sobre los ojos de María. Aquella entidad perniciosa, deseosa de cumplir los maléficos anhelos de su invocadora, se trasladó sigilosa hacia la morada de su víctima.

 
Con forma de hombre y carroña a la vez, con ojos tan vacíos como los abismos de los cielos sin nubes y estrellas, se lanzó sobre la cabaña en la montaña cubriendo con sus alas negras de impiedad la ermitaña casa, alejándola de la luz y arrastrándola hacia las sombras.

 
Desde ese día, ese terrible día, la tranquilidad se desvaneció de las paredes y rincones de aquel hogar, dejando a su paso sórdidos recuerdos de angustia. El ente se apoderó de los portales del sueño de María, convirtiendo sus gratos viajes oníricos en infernales pesadillas. Cada noche la negra figura plumífera se deslizaba por las paredes hacia su habitación, arrastrando sus manos larguiruchas y nudosas sobre las puertas, y rozando por el suelo su vestidura de alas color azabache. Ya estando frente a su víctima, se convertía en un vapor negro que inundaba el piso y luego se levantaba como negras garras que se cerraban sobre su incauta.

 
Durante aquellos días María experimentó los más atroces letargos. Gritaba desgarradora y se agitaba con los más fuertes y espantosos espasmos. Su cónyuge aterrado y con las manos casi atadas, intentó con desesperación desvanecer aquel mal que tendía en constantes torturas a su amada esposa. Llamó a médicos, sanadores y sacerdotes, pero el mal que la atormentaba la poseía y luego se escapaba sin dejar rastro alguno, para así culminar efectivamente su trabajo.

 
Cada día que pasaba, María se veía cada vez más deteriorada, en solo poco tiempo ya había envejecido físicamente transcurriendo sobre ella unos veinte años aproximadamente. Su piel se marcó con arrugas y se ofuscó con inmundicia. Sus cabellos castaños se volvieron tiesos y secos. Sus ojos cargaban bolsas de cansancio, y su voz, se volvió áspera y llena de fatiga. Ya no era la imagen de la alegría, una alegría cordial que avanzaba despreocupada y rutinaria sobre la faz de la tierra, ahora su apariencia, era lo más cercano a un cadáver. Un muerto en vida que busca con horror la lucidez, y permanecer quieta en los brazos de la calma.

 
María batallaba en conjunto con su alma, puesto que sus ganas de vivir aún seguían vigentes en su mente. Mientras que aquel parásito espectral, sorbía su vitalidad portando la venganza de su solicitante. Clavando su pico de zamuro sobre la conciencia de su candidez, penetrándola con malicia letal. Poco a poco su vida se extinguía, atrapada con más languidez en las prisiones de una cárcel mortífera. Su deseo de vivir comenzó a descender hasta que finalmente terminó solicitando su rendición ante la mismísima muerte.

 
Su féretro fue construido para ser apartado del resto y jamás se le dio ritual ni pésame sagrado ya que así lo quiso el pobre Emilio. Mientras el cadáver de María se posaba sobre la montaña de aquella horrible historia, como un estandarte que representa a lo increíble y lo infortunado. Su verdugo; ya más fuerte y enardecido, se llevó en brazos a su querida desdichada como pago por su terminado trabajo.



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Saludos amigo, el trabajo me tiene mi tiempo reducido, extraño deleitarme con tus relatos todos de tan buen gusto. Regresaré pronto a volverlos a leer, con mi café en la mano, viajando con el texto. Abrazos corazon, espero que estes bien.

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Hola mi linda, tranquila yo te entiendo, también ando igual. Lidiar con el trabajo, steemit y los servicios es todo un dilema, espero que tu también te encuentres muy bien, me alegra saber de ti. Un abrazo.

Buenísimo amigo...!!!

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Muchas gracias..

La historia resulta fascinante y lleva a un mundo inimaginable!

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Excelente que te haya gustado, saludos amigo.

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final de post.png¡¡¡Felicidades!!!