El Zángano XX. Beatriz

in steempress •  26 days ago  (edited)


Ilustración


El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matilda (continuación)
VIII. Raquel
IX. Betsabé
X. Betsabé (continuación)
XI. Amanda
XII. Amanda (continuación)
XIII. Bianca
XIV. Epítome I
XV. Eva
XVI. Eva (continuación)
XVII. Sabrina I
XVIII. Sabrina II
XIX. Sabrina III


Obras originales realizadas por mí


Beatriz

 
Unos ojos hermosos, claros de color ámbar como el del alba. Un rostro ovalado de simetría perfecta. Una piel blanca de fluorescencia plateada bajo la luz de la luna. Un cabello rizado, castaño claro y brillante. Unos labios hermosos y finos pero a veces ofuscados por una risa retorcida. Un cuerpo regordete pero con signos de sensualidad, y más aún, con su andanza particular. Una manía de estrujarse las manos cuando le ataca la ansiedad, por sueño o por hambre.

Estas características, a nuestra singular apreciación, pueden ser las de un ángel o una musa que vaga por la tierra, o de una criatura olvidada, lanzada con desprecio hacia la realidad de los mundanos. Abstraída a un trance en donde el tiempo no rige con sus leyes. Vigilada por un agente oscuro que transita por nuestros reinos.

En toda mi carrera de médico jamás vi algo que me dejara con la sangre helada, era como haber entrado sin darme cuenta a la más espantosa dimensión. Les contaré mi experiencia desde un principio para no tener que hacer tan larga mi introducción.

Mi vecina era una mujer muy mayor, una viuda que disfrutaba de ratos perpetuos de soledad, sin embargo, era muy visitada por una mujer más joven que ella, con las características físicas que mencioné al principio.

Su nombre era Beatriz, hija menor de la mejor amiga de mi vecina, siempre las ha unido un particular lazo de amistad. Para Beatriz, mi vecina era como su segunda madre, la quería tanto, que sentía lástima que ella estuviese tan sola.

Yo la conocí en uno de mis ratos libres, saliendo de guardia del hospital, me las encontré a ambas muy amenas sonriendo en el frente de la casa de mi vecina. Me saludaron, cruzamos varias palabras después de un rato y fue así como conocí a Beatriz.

Ella se encantó por mi estatus de soltero, al parecer, yo le interesé mucho, pero lastimosamente el interés no fue recíproco, por lo que solo pude ofrecerle cierta sensación de agrado.

Mi vida se centraba en el trabajo más que todo, no me permitía a mí mismo dedicarle tiempo a otra cosa. Puede que por esa y otras razones algunos de los vecinos me ven con ojos de prejuicio y extrañeza. No tengo porque soportar ese tipo de cosas sin importancia.

No obstante, a veces, la soledad se vuelve cada vez más pesada. No me permite conciliar el sueño con abrumantes pensamientos. Los ojos del aislamiento, me han condenado hasta desfallecer lentamente a estos mundos foráneos, sin una mano con que apoyarme.

Muchas veces he pensado en la necesidad de tener una compañera a mi lado, pero no me sentía o no me daba la idea de que esa mujer debía ser Beatriz. Había algo que me rechazaba o me advertía que aquello estaba fuera de las jurisdicciones del control, tal sensación, era parecida al miedo, que se activa cuando presiente el peligro.

Tal estremecimiento, tal pensamiento, no pasó desapercibido al encontrarme a Beatriz de nuevo en las afueras del hospital, su interés hacia mí la había llevado a mi encuentro ese día. Desayunamos juntos en la cafetería, hablamos de varios temas en un periodo de tiempo de treinta y cinco minutos. Durante todo ese espacio, yo no dejaba de sentirme pusilánime.

Miraba a Beatriz con cierto cuidado, con mis ojos casi queriendo salirse de sus órbitas, al igual que mi cuerpo que quería salir huyendo de allí. Me di cuenta que ella desconocía completamente mi estado y las sensaciones que dañinamente me atiborraban, ya que se encontraba ignorante contándome sobre distintos temas de la cotidianidad.

Ante ella podía percibir como el espacio cambiaba, y no a modo de buen gusto, sino de una forma bastante atroz. El viento comenzaba a agitarse a mis espaldas como si viniese de estar comprimido. Los aromas a mi alrededor se volvieron fétidos, como si una pila de cadáveres se encontrara a nuestro alrededor.

El entorno era como si el día se encontrara nublado o arropado por la noche temprana. Puedo jurar en ese momento, y es lo que más me impresionó, que detrás de Beatriz pude vislumbrar a una criatura alada con características humanas, como brazos y piernas emplumadas.

Su rostro parecía una máscara o un cráneo de ave carroñera, el tipo de ave no me importaba, lo que me tenía sin cuidado era ¡Que no tenía ojos! Sentí un pasmo en mi pecho pero en ese momento ¡Mis músculos estaban completamente paralizados!

No respondían a mis inquietudes, por lo que dejaron que mis ojos se quedaran contemplando con horror a aquella criatura aberrante y oscura de dos metros de altura. ¡Dios mío! ¡Fue tan horrible! Intenté gritarle a Beatriz pero esta no reaccionaba ante mis alaridos.

Ella seguía conversando, como si nada pasara, era como estar atrapado en una dimensión en la que sólo yo era participe. En un instante, cuando vi que aquella criatura se me acercaba para tomarme con sus horribles y nudosos dedos decrépitos, todo desapareció, y la normalidad volvió a imperar a mi alrededor, pero no el miedo que sentía.

Me encontraba parado frente a Beatriz, en ese momento tan singular. Se despedía de mí y yo respondí intentando guardar la calma, y nos prometimos un nuevo encuentro póstumo.

Regresé hacia los interiores del hospital, un poco más tranquilo pero pensativo por mi imaginación tan volátil. Creía en ese momento que tenía que hacerme una revisión neurológica o encefalográfica, ya que aquello no fue normal.

Al andar por el pasillo frente al departamento de radiología algo tomó mi atención fuertemente. Miré al suelo e impresionado encontré, una pluma muy grande de cuervo o de cóndor. Era parecida a aquellas que adornaban a la criatura; enorme y manchada de suciedad.

No soy creyente en misticismos, brujerías o en cosas cabalísticas, pero estos estados lóbregos empañados de terror al que soy empujado no vienen de una naturaleza normal. Cada vez que pienso en Beatriz, mi mente se llena de pánico ¿Qué clase de espantosa entidad lleva consigo en su esencia a todas partes? Por todo lo que es sagrado en el mundo, he de evitar descubrirlo.



Apoya a @celfditorial (nuestro proyecto) una revista de arte y cultura para la blockchain STEEM. Si te sientes parte de la comunidad @celfmagazine entérate más de el haciendo click aquí.



Posted from my blog with SteemPress : http://universoperdido.repollo.org/2019/08/24/el-zangano-xx-beatriz/
Authors get paid when people like you upvote their post.
If you enjoyed what you read here, create your account today and start earning FREE STEEM!
Sort Order:  

Beatriz es como el "ave del mal agüero"

De las peores y sin conocimiento de ello ja ja ja.

Esta publicación ha sido seleccionada para el reporte de Curación Diaria.

final de post.png¡¡¡Felicidades!!!

Esta publicación ha sido seleccionada para el reporte de Curación Diaria.

final de post.png¡¡¡Felicidades!!!