El Zángano VIII

in steempress •  15 days ago  (edited)


Ilustración



El zángano es una serie de relatos basados en la mítica leyenda urbana del Estado de Mérida, Venezuela, sobre un brujo que absorbe la vitalidad de sus víctimas hasta arrastrarlas al umbral de la muerte.

Relatos anteriores:

I. Judith
II. Judith (continuación)
III. María
IV. Alicia
V. Alicia (continuación)
VI. Matilda
VII. Matila (continuación)

Obras originales realizadas por mí.



Raquel

 
El teléfono no dejaba de sonar, las horas pasaban lentas como si el tiempo tuviese desgana de correr. Mi esposa y yo nos sujetábamos las manos esperando la noticia. Mirábamos a la gente pasar frente a nosotros mientras esperábamos sentados en aquél pasillo de hospital. Observamos la puerta del quirófano, una y otra vez, no despegamos nuestros ojos vislumbrando ese portal. Mi hijastra; Raquel, había sufrido una lesión severa en el lóbulo occipital de su cerebro, la razón, desconocida. Mis recuerdos están llenos de sucesos terribles y extraños, que pasaban uno tras otro, como páginas de una novela vieja, llena de misterio y horror.

Raquel siempre fue una niña hiperactiva, desbordaba energías y una alegría envidiable característica de una chica de dieciséis años. La quiero como si fuera mi hija, y desde que me mudé junto con ella y su madre, me ha tenido en alta estima, otorgándome su aprobación. Nuestro hogar se encontraba en un suburbio a diez kilómetros de la ciudad. La escuela de Raquel quedaba en el mismo suburbio, a solo unas cuantas cuadras de nuestra casa. Las actividades extracurriculares que más le interesaban tenían que ver con las artes plásticas, y fue allí, donde empezó a demostrar un excelente talento.

Me pidió que le comprara un kit de pintura que incluía también un marco, brochas y envases para colocar los colores. Veía como todas las tardes empleaba su energía en imaginar, crear y desarrollar, lo que su corazón deseaba plasmar. Era buena dibujando animales y personas, colocando con detalle signos fantásticos en las figuras que creaba. Los primeros marcos los utilizaba como modelos de creatividad para sus otros trabajos, como una continuación de sus obras. Le dije a Martha, mi esposa, que teníamos a una artista en casa, y que además, era excepcional y muy original en lo que hacía. Pero un día, las cosas se tornaron extrañas, y de extrañas pasaron a ser terroríficas.

Un día llegué del trabajo, fui a cambiarme a mi habitación como es de costumbre y pasé por el cuarto de Raquel, miré de reojo que estaba pintando en un marco muy grande, más grande que los anteriores, y lo que pintaba me causó un poco de estupor. Me acerqué para ver con más detenimiento y le pregunté: “¿Qué eso que pintas?”, a lo que me contestó: “Es algo nuevo, apareció en mi mente de repente. No podía sacármelo de la cabeza, así que tenía que pintarlo”.

No podía negar que era algo perturbador, era la primera vez que pintaba algo así. La pintura en cuestión hacía alusión a una especie monstruo o sombra negra con máscara de pájaro, específicamente hablando, a un cuervo, buitre o zamuro. Usaba un sombrero, como de principios del siglo veinte. Los orificios de sus ojos estaban vacíos, no había nada que atisbar. Llevaba una negra y larga túnica, que cubría todo su cuerpo, compuesta de plumas largas y negras. Sus brazos estaban extendidos, hacia abajo, al igual que sus larguiruchas manos. Frente a él, había una muchacha de espaldas en la pintura observando al espantoso monstruo. Las características físicas de la niña dibujada por Raquel, eran las de ella misma. Una joven delgada, de aparente mediana estatura y cabello oscuro. Le pregunté que si era ella a lo que me contestó afirmativamente.

Me dijo que es el fragmento de un sueño que tuvo la noche anterior, de ella, frente aquella obscura entidad observándose mutuamente. Me pareció algo tanto creativo como escalofriante, y no le di mucha importancia, pensaba que solo era una etapa ya que sin embargo, a pesar de lo perturbador de la pintura, era muy buena y de mucha creatividad, así que la felicité por su trabajo y luego fui a mi habitación a cambiarme.

Los días pasaron, y Raquel seguía con aquella misma idea de pintar a la misma figura horrida de su sueño, pero esta vez, la colocaba en otros extraños escenarios. Pensaba que la idea se esfumaría pronto de su cabeza, pero lamentablemente me equivoqué. La figura siempre era retratada acechando a otras personas, específicamente a mujeres, donde Raquel recalcaba el horror que sentían al ver aquella criatura maligna. Algunas de ellas se encontraban en sus camas, durmiendo con rostros de angustia, mientras aquél ser estaba junto a ellas, extendiendo sus brazos mientras las observaba con detenimiento. En otras pinturas, las mujeres se encontraban en los brazos de esqueléticos de aquel monstruo, con los rostros remarcados de desesperación por huir de sus garras. Continuamente, Raquel pintaba aquellos escenarios extraños. En muchos de ellos se retrataba a ella misma junto con aquella figura, a veces, se les veía caminando juntos en un extraño bosque y otras, se les veía simplemente mirándose de frente, tomados de la mano.

Siempre que su madre y yo le preguntábamos por esas ideas insólitas, ella solo nos contestaba que eran sueños que al dormir siempre tenía. No lo veía como algo espantoso, sino más bien, como algo intrigante, fabuloso, una idea que debe ser plasmada en el arte que ella tanto desarrolla. Pero las cosas no se detenían en ese punto, ascendían a un tramo cada vez más terrible.

Había ocasiones en que Raquel no iba a la escuela, solo quería quedarse en casa pintando. Su madre una vez me contó que fue a su habitación y ella no estaba lista, aún tenía su ropa de dormir puesta mientras pintaba. La regañó por ello, pero ella no reaccionaba, la tomó del brazo para detenerla y obligarla a alistarse, pero ella sintió como algo aruñaba su espalda y dio un grito agudo de dolor. Se miró frente al espejo del baño de Raquel y no vio nada inusual, se subió la blusa y notó una herida enorme con forma de cuatro líneas rojas, atravesando su espalda verticalmente de extremo a extremo. Ella con el rostro dibujado por el espantó, observó cómo Raquel la miraba, con una sonrisa maléfica en su rostro.

Ese día había llegado tarde del trabajo, era ya de noche, la casa estaba en completo silencio, de repente, escuché un ruido muy fuerte que venía de arriba, fue en ese instante cuando mi esposa apareció, trémula por el horror que acababa de experimentar en mi ausencia. No había ido a su trabajo en todo el día, y tenía la ropa manchada de negro y el rostro amoreteado, como si la hubieran golpeado fuertemente. Me habló de Raquel, y de las cosas espantosas que habían ocurrido. Yo no podía creer lo que me contaba, y cuando estuve a punto de decir algo, otro ruido fuerte peor que el anterior, retumbó con más fuerza sobre nuestras cabezas.

Acudí solo rápidamente al cuarto de Raquel, Martha no me acompañó, aún seguía dominada por el miedo. Al entrar, encontré a mi hijastra tumbada en el suelo, con el cuerpo cubierto de pintura negra, junto a un cuadro a medio pintar, y alrededor de ambos; del cuadro y de Raquel, había huellas semejantes a una mano enorme, con dedos largos y escabrosos, en todo el piso. Me desinhibí de toda impresión paralizante y tomé a Raquel en mis brazos, y junto a su madre la llevamos rápidamente en auto hacia el hospital.

Fue internada de emergencia, los médicos le hicieron varias pruebas durante varios días y encontraron, un daño muy severo en su lóbulo occipital, el cual, de no ser tratado, podría causarle una muerte instantánea en cualquier momento. Yo en aquellos momentos ofuscados de angustia, analizaba lo que mi esposa me relató, aún sigo con las imágenes en mi cabeza de lo que afirmaban sus palabras. Me habló de la criatura que Raquel pintaba en sus cuadros, que había salido de uno de ellos y que trató de asesinarla. La elevó por los aires, intentó estrangularla y varias veces la golpeó. Durante esa lucha, Raquel solo observaba con una sonrisa de satisfacción, mientras pintaba un cuadro retratando a su madre siendo asesinada brutalmente por aquel monstruo abominable.

En ese momento, donde no sabía si iba a sobrevivir, a Martha se le ocurrió golpearla muy fuerte con una silla en la cabeza, lo que provocó su desmayo. Esa podría ser la causa de su lesión, pero también podía ser improbable, ya que no había herida abierta en su cabeza, como si su cráneo fuese más fuerte que el impacto. Aquella otra parte de la historia, no podía creerla, como tampoco podía creer que su propia madre, fuera capaz de cometer algo tan atroz. Aún sigo pensando en aquellas extrañas huellas que encontré alrededor de Raquel, ¿fue su madre quién las hizo? No podía preguntarle. No quise hablarle desde que nos quedamos a esperar noticias nuevas de Raquel, todo era difícil de digerir para mí, pero de una cosa estaba seguro, de que si Raquel no sobrevivía, me divorciaría inmediatamente.

Yo fingía mi apoyo hacia ella, pero después de reproducir aquella película reminiscente en mi cabeza, aparté mis manos y le di la espalda. No me importó en lo absoluto si la herí por ello o no. Estaba enfadado, preocupado y perturbado, sin saber que pensar. Cuando me disponía a levantarme un momento para ir al baño, un gran ruido emanó de la habitación de Raquel. Temí por mi hijastra y acudí inmediatamente hacia ella. Los enfermeros abandonaron despavoridos el lugar. Al entrar, encontré todo desordenado, a Raquel tirada en el suelo con la cama encima de ella. Traté de ayudarla, quitándole aquella pesada carga, pero sentí que algo no andaba bien, miré a un lado de mí y contemplé con escalofrío que algo me observaba. Era aquella criatura, humana, zamuro o lo que sea, parada allí solo mirándome. Me despojé del horror y continué apartando aquella cama para ayudar a Raquel, pero, al mirar hacia abajo me di cuenta que ya no estaba, luego, miré al otro lado y el monstruo tampoco estaba, ambos habían desaparecido como sin dejar rastro alguno. En aquella habitación de hospital, solo quedó un desorden y mi imagen completamente desorientada.





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El zangano, una de tus series que me encantan. Un compendio de apariciones, locuras, hechos desafortunados y mucha adrenalina que me mantinenen pegada a la lectura de principio a fin. un abrazo.

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Gracias por siempre ese apoyo querida amiga, eso me alienta cada semana ofrecer un nuevo paradigma literario. Un fuerte abrazo para ti también.

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