Depredador - Capítulo III

in #spanish3 years ago


Capítulo III


—Me dijeron que mañana iba a probar el chocolate, dicen que es tan adictivo como.. como.. como la Cocurina—

—Cocaína— Corrigió Liam mientras se curaba el mismo la herida de su sien.

—Eso, cocaína— La pequeña hizo una pausa y luego lo miró —¿Qué es cocaína?— Preguntó confusa

—Ohm, es una sustancia muy muy mala pero adictiva que te hace perder los sentidos y te pone loca—

La pequeña frunció de ceño para levantarse del piso dejando los colores y las hojas regadas seguidamente se sentó al lado de Liam

—Entonces yo no quiero chocolate ni menos Cocurina— Se cruzó de brazos molesta

—Cocaína— Volvió a corregir Liam colocándose una crema antiflamatorio

—ESO— Aubrey rodó los ojos para luego mirar el dibujo que estaba haciendo

—El chocolate es bueno, no te hace mal al cuerpo. Lo puedes comer tranquilamente— Liam se fijó en el dibujo que estaba haciendo la niña y sonrió un poco.

—¿Alguna vez lo probaste? — La pequeña se acostó en el piso para seguir pintando lo que era una especie de ventana.

—Cuando era más pequeño—

*Flashback*

Un niño de seis años estaba sonriendo de par en par esperando aquel M&M que su madre le estaba comprando en la tienda, él era adicto a esas golosinas. Cuando vio a la silueta de su progenitora él rápidamente abrió la puerta para dedicarle una dulce sonrisa, sus ojos eran muy expresivos ya que brillaban como una moneda de oro.

—Hola mamá ¿y mi chocolate? —Preguntó ansioso el moreno

—Estoy bien y ¿tú como estás?— Preguntó sarcásticamente mientras metía su mano en la cartera y buscaba aquel chocolate. Tan pronto lo sacó él con agilidad se lo sacó de las manos para abrirlo y llevarse una buena cantidad a la boca. — Más te vale que hayas hecho la tarea—

Él asintió frenéticamente mientras trataba de tragar el adictivo dulce, comenzó a toser y cuando recobró el aliento pudo responderle a su madre.

—Sí, ya la hice y también coloreé el dibujo de la gran manzana que nos dio la miss Grace— Ella asintió con una sonrisa y fue hacia la cocina, odiaba dejar a su hijo solo, pero desde que su esposo lo habían metido preso por corrupción, ella tenía que doblar las horas de trabajo para darle lo que necesitaba.

—Veamos que puedo hacer de cena hoy… —

*Fin del flashback*

Los días empezaron a pasar sin que él pisara el cuadrilátero y eso parte lo aliviaba, pero parte lo volvía un poco ansioso. Liam sentía que había algo malo dentro de él, pues una voz muy fuerte en su cabeza pedía por sangre, por destrucción y venganza del mundo entero, pero otra voz era serena que le decía “calma”.

Las gemelas Montgomery habían ido interdiariamente para saciar la sed que siempre tenían de él, cosa que a Liam no le provocaba absolutamente nada, tal vez sexualmente y orgánicamente le hacía “bien” pero eso no quería decir que no le incomodara que le impusieran la relación sexual, ya que ellas siempre tenían el control y si quería seguir con vida, tenía que seguir así.

Aquel día nublado, Liam comenzó a entrenar en el gym privado que tenían para él, sus manos se aferraban a la gran cantidad de pesas que continuamente levantaba, el ejercicio era riguroso pero él lo prefería así. Cuando terminó la rutina de pesas decidió hacer cardio, para ello le habilitaron el patio trasero de la empresa, donde lo iban a tener supervisado; tan pronto llegó, comenzó a trotar.

Su respiración era acelerada luego de una hora sin parar y la transpiración se notaba en su camisa totalmente empapada de sudor. Miró hacia el cielo y como si fuera cosa del destino empezó a caer las primeras gotas, convirtiéndose en segundos en una perfecta tormenta. El ojigris sonrió un poco y siguió trotando importándole poco y nada la fría lluvia. Luego de hora y media, lo obligaron a salir de allí dirigiéndolo directamente a su habitación para que se bañara.

Al otro día Liam tenía una temperatura de 39.5 grados y estaba acostado con la respiración acelerada. El sonido de la puerta le hizo intentar abrir los ojos pero no podía, el cansancio y el malestar en todo su cuerpo hacía no poder responder a sus propias peticiones. Escuchó la voz del vigilante y la voz de una mujer que jamás la había escuchado.

—Liam ¿puedes escucharme?— La dulce voz de una mujer hacía que por segunda vez Liam tuviese una reacción positiva por alguien, el vello de su brazo se erizó completamente y su corazón comenzó a bombardear con fuerza, sin embargo él no decía absolutamente nada. —Soy la doctora Brooke, estoy para ayudarte— El ojigris soltó un suspiro pero no dijo absolutamente nada.

La mujer ya estaba al tanto de las actitudes del moreno por lo que no se molestó por no responderle. La puerta se volvió a abrir y la voz de Aubrey hizo que él abriera automáticamente los ojos, la doctora Brooke se sorprendió y enarcó una ceja al ver como la niña se colocaba sobre Liam y lo abrazaba.

—¿Sigues enfermo?, creo que te van a poner una inyección, sé que eso duele Liam pero para que no llores— La pequeña hizo una pausa para acercarse al oído del ojigris y dijo en un susurro que pudo haberlo escuchado perfectamente la doctora —vine a protegerte—

—¿Cómo, cómo vas a protegerme?— Preguntó con esfuerzo y un tono de voz débil

—No lo sé aún, creo que tengo superpoderes— Se encogió de hombros y Liam sonrió un poco para luego dirigir una mirada fría a la doctora, no obstante, tan pronto como la vio él se relajó.


Savannah era de cabello castaño con ondas, sus ojos color chocolate le hacían ver tremendamente atractiva, sus finos labios estaban cubierto por un pintalabios rosado claro y sus ojos totalmente maquillados de un color negro. Su piel era blanca y en sus mejillas se resaltaba un color rosado natural. Ella estaba vestida con un jeans negro roto en las rodillas, unos botines blanco y una blusa elegante de color verde.

Savannah era una de las mujeres más hermosa que había visto en su vida y no es que hubiese visto a miles, pero, aunque conociera a todas las mujeres del planeta sin duda ella estaría en el primer puesto. Él frunció de ceño al no saber por qué estaba pensando en eso, tal vez la temperatura corporal y su fatiga era el responsable de ello.

—Liam, puedes decirme ¿qué fue lo que te pasó para que te resfriaras así?—

La doctora había escuchado la voz ronca, rasposa y débil del moreno, además de su congestión nasal.

Liam miró a Aubrey y ella le sonrió para mirar a la doctora con los brazos cruzados.

—Él estaba en el patio trotando por horas y horas y hooooras, y comenzó a llover así fuerte, pero no le importó así que siguió entrenando por horas y horas y hooooras. Eso sucedió ayer—

Liam asintió con la cabeza dándole la razón a Aubrey, acción que a la doctora le pareció totalmente adorable.

—¿y tú cómo te llamas?— Preguntó curiosa

—Me llamo Aubrey, pero mis amigos me llaman Aubrey— Se encogió de hombros haciendo que la doctora soltara una pequeña risa.

—Bien Aubrey, voy a inyectar a Liam para que él se sienta mejor ¿de acuerdo?—

Ella asintió y ayudó a Liam a levantarse para que se quedara sentado en la cama. Claro esa era su intención, aunque en la práctica el ojigris hizo todo el trabajo.

—¿Tú cómo te llamas? — Preguntó la castaña con una sonrisa, bastante entretenida al ver como preparaba el medicamento.

—Yo me llamo Savannah Brooke—

—¿y cuantos años tienes?, yo tengo seis

Savannah sonrió y luego de inyectarle el medicamento a Liam que simplemente no quitaba sus ojos de ella, le respondió.

—yo tengo 23 años—

—Casi como Liam, ¿verdad?, él tiene 25— Liam asintió lentamente y luego de un momento en silencio el ojigris sorprendió a todas para hablar por lo bajo.

—¿Cuánto tiempo voy a estar así?—

—Tienes que descansar, el resfriado se pasa con el descanso y por supuesto comiendo y tomando las medicinas—

Él asintió para acostarse en la cama y darle la espalda a ambas.

—Eso en su lenguaje quiere decir que ya no quiere hablar con nosotras y nos tenemos que ir — Aubrey se encogió de hombros y se levantó para sacudirse su vestido y mirar atentamente a la doctora.

—¿vas a venir seguido?, hace tiempo que no había alguien amable aquí, mi mamá era la única— La pequeña suspiró dramáticamente y la doctora se preguntó que tantas cosas ocurrían allí.

—Espero que sí…—

Liam sonrió para sus adentros, quizás no era la última vez que iba a ver a Savannah


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Prólogo, Capítulo I, Capítulo II


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Ayer descubrí este trabajo tuyo y me atrapó. Vi este primero y tuve saltar al Prólogo y quedarme pegado en la secuencia. Ya vi que publicaste el siguiente, así que ya voy para allá.

No sé cómo irá a terminar, pero va muy bien, va excelente... 👍

¡Felicitaciones!