Miserias de un ensayo. La Lechuza de Minerva, Revista de Humanidades. N. 5

in equipocardumen •  10 months ago  (edited)

Miserias de un ensayo

@nancybriti*

Voy en el carrito que me llevará a mi destino y entre la música que sale como si mil objetos de aluminios cayeran y el calor sofocante de un sábado de 2:30, trato de visualizar lo que podría ser mi ensayo para una asignatura de la Maestría de Literatura Latinoamericana. Voy en la parte de atrás y al lado mío está una pareja que lleva un niño de tal vez 2 años. El chofer, antes de emprender el viaje, voltea a ver la pareja y le hace una pregunta: ¿Marea el niño? Las miradas de la pareja se encuentran por segundos. Hay un acuerdo en silencio. Un NO rotundo es la respuesta. Yo sigo tratando de acercarme a ese ensayo que debería hacer.

Mientras el carro arranca, pienso en el taller que realicé con mi profesor de Hispanoa-mericana I, que fue el que me enseñó lo que era un ensayo. En aquel taller descubrí, que aunque es sabroso expresar lo que sentimos y lo que pensamos, a veces es sumamente difícil y preferimos mejor que otro u otros hablen por nosotros; o peor aún, preferimos escribir lo que otros piensan y sienten. La monografía es la regla, todo lo demás es la excepción. Confesar que se me hizo difícil escribir un ensayo, es decir una gran mentira; pero tampoco salió en el primer intento. Siento que las ganas de expresar lo que pensamos de una persona, una experiencia, un objeto, es una tentación que siempre tenemos; lo difícil es encontrar la forma y el momento de decirlo. Mientras el sol me pega en el rostro, sigo pensando en el ensayo que debo hacer.


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En aquel taller fueron muchos los autores que leímos y en esa medida descubrimos nuestras propias voces. A María Fernanda Palacios la leímos una o dos veces, no más. También examinamos otros ensayistas venezolanos como Cadenas, Montejo, Rojas Guardia, Santaella. Dentro de un coro de mil voces que entonaban el ensayo, Venezuela era el país con menor representación de ensayistas. Era para sentarse a pensar y escribir un poquito.

María Fernanda Palacios (1987), en su ensayo “Miserias y fulgores del ensayo en la Venezuela de hoy”, tal vez nos deja entrever parte del problema que, aunque muchos disientan de esta opinión, cargamos y no logramos solucionar: Venezuela tiene pocos ensayistas. Cuando tenemos que hacer un recuento de los ensayistas en Venezuela, según lo que dice la autora, nos topamos con diferentes limitaciones y dificultades: discursos autoritarios e impersonales, patrones ideológicos, periodismo sensacionalista; amenazas que están presentes en todo momento y que nos hacen estar muy lejos de lo que puede ser el alma que construye el ensayo. Tal vez uno de los primeros problemas que enfrentamos es la manera cómo asumimos el hecho de hablar de lo que queremos. Me explico: hay un objeto del cual queremos escribir, ya sea porque nos llamó la atención, porque es trabajo para alguna asignatura, que sé yo; el hecho es que necesitamos hablar de ello. Tomamos el objeto y de acuerdo a la distancia que mantenemos con él, podemos decir si es un ensayo o no. Hablar ensayísticamente es acercarnos al objeto y hablar desde nosotros, desde cada quien. Cómo es con respecto a mí, con mi entorno, con mi cultura, mi visión de mundo. Ya Montaigne afirmaba: “Yo soy la materia de mi libro”.


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En palabras de Palacios:

El ensayo, antes de ocuparse de las ideas de otro, de las teorías de otro, es un trabajo de reflexión, un trabajo re-flexivo, donde el sujeto que escribe se convierte en el asunto mismo de la indagación. (p.110)

Pareciera que el que redacta ensayísticamente debe encontrarse en las líneas que escribe. No se trata, fundamentalmente, de apuntar lo que escribieron los otros ni de utilizar las reflexiones que pudieron tener otros autores con respecto a eso de lo cual se habla; es simplemente dejar que eso que está allá afuera entre en mí, se nutra de mi experiencia y reflexiones, y salga como algo propio. El ensayo vendría siendo como un espejo donde no sólo se puede ver reflejado el autor sino todo aquel que se acerque con miras a reconocerse.

Las curvas van apareciendo y el carro se desliza de un lado a otro: un vaivén que mueve el cuerpo y los sentidos. Una tos insistente sale del niño que duerme. El chofer mira por el espejo retrovisor. Yo conozco esa tos, dice tratando de pasar un carro rojo delante de nosotros. La pareja se mira indiferente. Sigo pensando.


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Entre nosotros se ha hecho la idea que todo lo que escribimos tiene que tener un propósito, estar sustentado en la base de la objetividad y el cientificismo. Cabe pensar, entonces, que cuando se hace un ensayo debemos quitarnos esa “camisa de fuerza” que es la racionalidad instrumental y dejarse llevar por la intuición:

Visto así, el ensayo se diferencia sustancialmente de cualquier investigación con pretensiones eruditas o científicas de objetividad, de cualquier trabajo con pretensiones exhaustivas o didácticas. El ensayo, su nombre lo dice, no es concluyente.(p.112)

Acota asertivamente Palacios.

Hay en esta larga modernidad un afán de respuestas, conclusiones, resultados, vinculado con los parámetros de la época en la que vivimos, en donde los proyectos o investigaciones se realizan si tienen alguna practicidad en nuestro entorno. Así, el ensayo, por esa característica suya de no tratar de dar respuesta y no concluir nada (un final abierto para el encuentro), se convierte en una modalidad de pocos, en un cultivador del pensamiento y la crítica.

La tos insistente del niño se mezcla con la música y una atmósfera de expectación invade el automóvil. El taquímetro marca 120: no hay vuelta atrás. La pareja a mi lado duerme en ruido de pulmones. Mi cuerpo cae arrellanado en unos asientos de tela azul recién tapizados.


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Recuerdo que en el programa de Castellano y Literatura del segundo año de educación media diversificada sí está contemplada una unidad para el ensayo, pero ésta se encuentra como unidad última del programa; es decir, muchas veces esa unidad no se abordará por falta de tiempo y si se hace, el cansancio hará que el profesor y el estudiante no le pongan mucho interés y valor. Cuestión más errada y preocupante en nuestro tiempo, en donde necesitamos jóvenes con impulso, con conciencia crítica y sobre todo, con una sensibilidad para con el mundo:

Conviene entonces recordar que el ensayo educa de una manera muy peculiar, educa porque muestra el vaivén, el movimiento mismo del pensamiento. En lugar de ideas construidas, en lugar de la corpulencia del pensamiento conceptual, el ensayista es maestro de la debilidad y sabe pasar con suavidad sobre su objeto, sin agotar nunca ni el tema ni al lector. (p.110)


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No es el ensayo un texto concluyente, especializado, recargado de notas y citas de autores que den autoridad a lo que se está diciendo. No. Es un modesto y vano trabajo individual, íntimo, que toma el conocimiento o, por qué no, el desconocimiento que se tiene de algo, y eso puede ser –de allí el hecho de nunca pretender agotar nada– hablar sobre el ocio, la estupidez, la capa de ozono, las tardes en Cumaná, Ramos Sucre... El trabajo en el ensayo no es de afuera hacia dentro, sino de adentro hacia fuera.

Anteriormente comentaba que hay mucho desconocimiento sobre el ensayo, pero últimamente dentro de las aulas –y hablo de las aulas porque me parece que es uno de los ámbitos fundamentales para despertar y cultivar este género– ha crecido un espacio para el diálogo, para la autonomía del pensamiento y algunos profesores han empezado a ver en el ensayo una posibilidad; el problema es, y creo que es más grave que el desconocimiento –aunque es una consecuencia de ello–, que están conceptualizando y orientando mal sobre lo que es un ensayo. De allí los engendros que pueden aparecer: monografías con tendencia ensayística o ensayos con tendencia monográfica; incluso, ensayos con introducciones, conclusiones, recargados de citas.

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El carro frena y un silencio se escucha. El niño, envuelto en un líquido de color blanco, llora, mientras la pareja trata de atrapar el fluido que el niño arroja violentamente hacia afuera. Un olor empieza a impregnar el ambiente, y delante de nosotros un chofer que mueve la cabeza de un lado a otro en señal de desagrado. La tos ha dejado de escucharse.

Como en el carro, el problema, frecuentemente, no consiste en las limitaciones que el individuo pueda poseer, sino en la incapacidad de reconocerlas. Más aún, en la posibilidad de escuchar a la persona que comprende el asunto, como el chofer que al parecer sabía mucho de tos. Con el ensayo debemos escuchar, tener conciencia de nuestras debilidades, aunque éstas nos apenen. Y cuando hablo de escuchar no me refiero sólo al otro, sino también a sí mismo, que es tal vez la voz más importante en cualquier momento. También debemos dejar que ese movimiento que se va generando afuera, haga movimiento en nosotros y podamos sacar, de una u otra forma, todo lo que tenemos dentro.

Cuando en aquel taller nos encontrábamos con las reflexiones de María Fernanda Palacios: “Entre nosotros, tenemos que empezar por reconocer que tanto la intuición como el sentimiento son un asunto complejo” (p.124), pensaba cómo podía ser aquella afirmación una verdad. En aquel momento no había comenzado a reconocer las limitaciones. Tal vez, pienso ahora, que ahí está el gran porqué de la poca producción de ensayos en Venezuela. Hace rato que hemos expulsado de nosotros esas facultades. O tal vez no, quizás estemos tan conscientes de la complejidad que tienen la intuición y los sentimientos que prefiramos no abordar el ensayo y escondernos detrás de un texto que no nos muestre mucho. Muchas veces se ha hablado del terror a los espejo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Palacios, María F. (1987). Sabor y saber de la lengua. Caracas: Monte Ávila.

**@nancybriti:

(Nancy Brito D.) Licenciada en Educación, Mención Castellano y Literatura (UDO). Magíster en Literatura Latinoamericana (UPEL). Es profesora de la Universidad de Oriente (Venezuela). Su labor docente se ha movido entre asignaturas que abordan la comunicación y el lenguaje, la teoría y la interpretación poética y la literatura venezolana contemporánea. En este último campo ha desarrollado su investigación literaria. Es coautora del libro Aroma de café y sus textos han sido publicados en revistas o presen-tados en diferentes eventos.

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Que bien me viene este post, justamente ayer estaba buscando algo para profundizar un poco acerca del ensayo ;-) luego comento mejor, después que haya leído jeje.
Saludos @nancybriti, un abrazo.

Qué bueno verte nuevamente por aquí, @inspiracion. El ensayo es uno de los géneros más ricos y más creativos que podamos hacer. No tiene fórmulas fijas!! Saludos

Bueno, una vez que he leído y meditado te diré que me interesa mucho ese genero y de hecho me encanta leerlo, revistas como Prodavinci.com, que tiene la fortuna de ser venezolana publica constantemente ensayos de muy buen nivel, me encanta leerla porque como bien dices, los ensayos vienen a ser una exposición de opiniones muy personales pero no por ello menos ricas en contenidos, al contrario, uno puede sentirse identificado con estas visiones particulares de las cosas.

Bueno, todo este interés es además por un libro que estoy leyendo, es un ensayo, se llama "Un estudio sobre la banalidad del mal", y precisamente una de las cosas que he encontrado son las criticas que se le hacen a la autora de dicho libro, sobre sus errores de percepción, pero de más esta decir que es uno de esos libros imprescindibles para los momentos que estamos viviendo sobre todo en nuestro país, nos abre como quien dice un poco los ojos, a tratar de comprender un poco ¿Cómo puede banalizarse el mal? El libro se basa en el caso de Adolf Eichmann, no sé si lo conoces.

Por otro lado creo que tal vez esa carencia existente de ensayistas en nuestro país o en otros lares se deba como lo has dicho a la falta de información acerca de lo que es verdaderamente un ensayo, que no necesitas estar sustentando con citas lo que dices, me supongo que es porque es tu opinión. Y por otro lado ese temor de mostrarse, de descubrirse. La comparación con el viaje en carro, te quedo genial.

Un abrazo ;-)

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Les debo los acentos. Telefono chino.
Se veia venir que el carajito iba a vomitar. La negacion es un enemigo silencioso.
Nunca habia pensado en el ensayo como un vomito. La expresion mas incontrolablemente honesta de nuestro interior. :)
Excelente forma de discertar y llevar la teoria a la practica.

Tu ensayo sobre el ensayo, @nancybriti, -además de la analogía con la situación del viaje- reúne interesantes reflexiones sobre este complejo (y poco ponderado) género textual y literario. Particularmente, me parece importantísimo en él la relevancia que das a la poca producción verdadera de ensayos en el país, y su vinculación con ese temor (o rechazo disimulado) a abordar la reflexión personal desde la intuición y el sentimiento. Efectivamente, cuando escribimos dizque ensayos, la tentación de la exposición argumentativa impersonal y académica se impone, y lo que surge de allí puede ser un buen texto, pero no ensayístico. Además, en muchos de los casos de profesores que solicitan ensayos, ni siquiera han leído al padre del género, a Montaigne.
Gracias por compartir tu ensayo. Un abrazo.

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