La enfermedad (Libro): “¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que la vida es una casualidad?”

in spanish •  8 months ago 

Ediciones en inglés de la novela

La foto de portada muestra dos ediciones en inglés de un mismo libro, pero en realidad se trata de traducciones. El libro no sólo fue escrito originalmente en español, sino que el autor es venezolano. La portada sólo busca ilustrar la exitosa repercusión de una novela que ha sido reconocida internacionalmente como una obra de gran calidad literaria y que se ha traducido a varios idiomas, incluso al turco.

La enfermedad de Alberto Barrera Tyszka, publicada originalmente por Editorial Anagrama tras haber obtenido el Premio Herralde novela en 2.006, cuenta la historia de Andrés Miranda, un médico que debe enfrentarse a una situación difícil y poner en tela de juicio su incorruptible ética de total franqueza con los pacientes enfermos; y es que en este caso, el enfermo es su padre. Javier Miranda tiene cáncer y le quedan pocas semanas por vivir, pero aún no lo sabe. “Todos tenemos derecho a saber cuándo y cómo moriremos” dice Andrés, pero ¿cómo enfrentar a su propio padre y darle la cruel noticia? Siempre ha pensado que “la franqueza debía ser éticamente una de las armas de la medicina”, pero sabe que los enfermos analizan los diagnósticos al detalle y buscan en sus cuerpos síntomas de males mayores y que “no es posible adivinar la reacción de un ser humano al enterarse de la inminencia de su propia muerte”. Además, “La imagen de su padre sufriendo es lo que lo aterra”. Sabe que se vienen semanas muy duras, de una decadencia acelerada durante las cuales su padre irá menguando, sufriendo, dejando de vivir poco a poco. Y no sabe cómo afrontarlo. No se ha preparado para esto.

Javier Miranda tuvo que terminar de criar a su hijo solo, porque su esposa falleció en un accidente aéreo. Siempre han sido ellos dos, Javier y Andrés. Y ahora, uno de ellos ya no será más y es el otro quien debe decírselo. La novela retrata con cruda realidad la vivencia de la enfermedad desde posiciones complementarias: la del médico que conoce la enfermedad, la del paciente que la padece, la de un hijo a punto de perder a su padre y la de un hombre que se acerca a su última hora. A la par de esa historia, se desarrolla el drama de Ernesto Durán, un paciente de Andrés, cuyos resultados clínicos indican que está sano, pero que desde que se ha separado de su mujer y vive solo, padece síntomas que para él son prueba inequívoca de una enfermedad que puede ser grave.

Para Andrés la enfermedad es una abstracción. No existe. Existen los enfermos, pero no la enfermedad así como suena; ella sólo puede existir en el cuerpo de una persona. Esa me pareció una óptica interesante y válida, al igual que la forma en que relata cómo la enfermedad provoca un desdoblamiento del individuo, que se separa de su desobediente cuerpo, al menos en voluntad. La transparencia del médico con su paciente, el suicidio, la eutanasia, el derecho de morir, tan válido quizás como el derecho de nacer, la aceptación de la fragilidad de la existencia, son todos temas de gran profundidad que son tratados en la novela con un lenguaje directo, sencillo, pero muy efectivo.
Otro tema duro sobre el que trata la novela es el dolor. Barrera Tyszka cita en la novela el diario del escritor Julio Ramón Ribeyro que dice:

“El dolor físico, es el gran regulador de nuestras pasiones y ambiciones. Su presencia neutraliza de inmediato todo otro deseo que no sea la desaparición del dolor. Esa vida que recusamos porque nos parece chata, injusta, mediocre o absurda cobra de inmediato un valor inapreciable: la aceptamos en bloque, con todos sus defectos, con tal de que se nos dé sin su forma de vileza más baja que es el dolor”.

Es el dolor físico que aqueja al padre, pero también el dolor emocional de su hijo, esas ganas de haberlo hecho mejor y de saber que ahora todo esfuerzo es inútil. “La enfermedad es una equivocación, un horror burocrático de la naturaleza, una falta absoluta de eficiencia”. Y es cierto. Pero la muerte es la mayor certeza del hombre, el único animal consciente de ella. Sólo que Javier hubiera preferido otra manera. Un infarto, un accidente, algo más instantáneo y de ser posible, sin sufrimiento. No ese cáncer, esas sesiones de quimioterapia, ese taller de "Aprender a morir", esa dieta de comidas insípidas. Es una manera deplorable de abandonar este mundo, porque obliga a pronunciar una despedida que no es posible conocer de antemano. “Esta vaina no se ensaya. Nadie nos dijo que esto sería así” le dice a su hijo, quien llora junto a él en la camilla. Y para contrastar con tantos silencios, con tantos momentos en los que pudiendo hacer, no hicieron; o pudiendo decir, no dijeron; la última petición del padre moribundo hacia su hijo es sencillamente “Háblame. No dejes que me muera en silencio”.

Nadie está preparado para esa hora definitiva. “Morir debería ser siempre un acto simple”, pero "...no es tan fácil como parece”. Enfrentarse a la propia muerte requiere valentía y enfrentarse a la muerte de un ser querido, requiere fuerza. Se trata de una novela que toca las fibras más sensibles del ser humano y lo hace reflexionar sobre lo esencial, no dejando de lado el marco histórico, la Venezuela del siglo XXI, con sus imperfecciones y vicios. Algunas frases que me gustaron de la novela, entre muchas, fueron estas:

“Postergar los deberes, sobre todo cuando los deberes don tan dolorosos es también una forma fugaz de sobrevivencia”.

“¿Por qué piensa lo peor?
Porque, a veces, lo peor también sucede”.

“El dolor es el más terrible de los lenguajes del cuerpo”.

“La enfermedad es la madre de la modestia”.

Pero sin duda alguna, la pregunta capital es aquella que se plantea en las primeras páginas de la novela y para la cual, aunque nos la hagamos en reiteradas oportunidades, pareciera no haber respuesta: “¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que la vida es una casualidad?”. Estamos de paso. Sabemos que en cualquier momento puede expirar nuestra visa, pero no nos preparamos para ello. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptarlo?

Reseñado por @cristiancaicedo


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Excelente publicación.
Muy buenas reflexiones.
No conocía este autor.
Hay quiened dicen que la vida es sincronicidad.
Saludos.

Le recomiendo esta novela y Patria o muerte, del mismo autor. Son muy buenos libros. Gracias por leerme. Saludos.

Los libros son una abstracción solo existen los escritores.

Una frase digna de análisis. Creo que hay libros que existen: los escritos, los publicados. Pero también hay libros que son abstracciones: esos que mueren con el autor, que nunca abandonan su mente, que no se convierten en algo físico. No había pensado en ello. Gracias por el ejercicio mental. Saludos.