Ansia

in spanish •  18 days ago  (edited)

Un saludo a todos, el siguiente relato fue inspirado por el arte digital de @xpilar, los invito a que visiten su blog. La imagen que motivó este relato es la siguiente.



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Ansia

Cada vez que se sentaba al borde del lago podía ver nuevamente aquello que quería olvidar, personas despedazadas por doquier, sus compañeros de pelotón hechos girones en medio de trozos de metal retorcido, con chispas y destellos de color verde azulado brillando por doquier en medio de aquel campo de cadáveres. Estrujo sus ojos y golpeo repetidamente su frente con la base de la palma de sus manos, cubrió sus ojos para tratar de apagar las imágenes a la vez que lanzaba un sonoro grito que espanto a una parvada de gorriones que estaban en los árboles sobre su cabeza.

Aquel maldito lago que había cambiado su vida, fue ahí donde se dio cuenta de la belleza que habitaba en la destrucción, los retorcidos exoesqueletos y los cuerpos brutalmente mutilados de los tres pelotones que fueron emboscados, parecieron formar, en su ya retorcida cabeza, un espectáculo horrorosamente hermoso. Se levantó de la yerba, sacudió el pasto y tierra de su pantalón y emprendió camino por el sendero, rumbo a su habitación.

Sentía el corazón latir agitadamente, la angustia le invadía, necesitaba crear, la espera lo agobiaba, pero aún no podía arriesgarse, debía esperar el momento oportuno para completar la obra por la que sería recordado siempre.

―No hay nada nuevo, lo único que cambió es que ayer en la tarde dio un paseo por el bosque, después de regresar de la galería, vio el ocaso en el lago y regresó poco después del anochecer ―dijo Alberto, mirando la pantalla de su comunicador.

―Hay varias cosas en esto que me tienen incomodo ―comentó Oliver, recargado en el respaldo de su silla, mientras miraba fijamente el techo ―. Lombard es un artista, según lo que hemos averiguado de él, toda su vida la ha dedicado a educarse como tal y sólo ha trabajado como uno.

―Y, ¿qué hay con eso? ―interrumpió Alberto.

―Como es que supo lo del TDTH y de donde lo saca, no es algo que pueda comprarse en una farmacia y por lo que se, incluso ha sido sacado de circulación en la mayor parte de las colonias, por el riesgo que implicaba su uso ―agregó Oliver.

―Tal vez lo compró en el mercado negro, tengo entendido que en varias estaciones espaciales de la periferia, aun es usado regularmente y puede ser que algún veterinario o su asistente, ansioso por algunos pocos créditos, se lo haya vendido ―especuló Alberto.

―Pero eso no resuelve de donde saco la idea y como aprendió a usarlo ―interrumpió Oliver, aun mirando el techo de su oficina―. Además, está el detalle de la falta de cualquier tipo de huella o rastro, los detectores no encontraron absolutamente nada; epiteliales, saliva, sudor, rastros químicos, fragancias, nada que no proviniera de la víctima, es como si nunca hubiese estado ahí, el único rastro es el video del dron de vida silvestre.

―Es un tipo obsesivo ya vio su habitación y estudio, todo meticulosamente ordenado y ni una mota de polvo a la vista ―dijo Alberto, mientras se acomodaba en la silla ―. Los videos de vigilancia del interior de su viviendo lo muestran continuamente limpiando y reubicando cualquier cosa que mueve, con precisión milimétrica, tal vez esa misma obsesión lo llevó a limpiar con extremo cuidado la escena.

―No creo que se pueda lograr hacerlo con tal precisión ―concluyó Oliver, levantándose repentinamente de la silla―. Nos vemos luego, voy a averiguar algo, necesito un transporte que me lleve a la base militar más próxima, creo que es la estación Prometeo, ahí está asentada la novena flota de Heracles.

En su apartamento, Bruno Lombard, merendaba frente a la ventana de su oficina contemplando el ir y venir de los árboles, mecidos por la intensa brisa que soplaba esa tarde, había comprado comida típica de Perseo, su mundo natal, fideos de arroz acompañados con salsa de cangrejo, odiaba cocinar, no le gustaba la comida de los generadores y preparar sus alimentos le parecía demasiado desordenado y sucio, se sentía más cómodo pasando por algún puesto de comida y comprar lo que le apetecía y sólo desechar los platos al terminar.

Al terminar, tiró los restos y ordenó nuevamente el escritorio, luego pasó el higienizador para recoger cualquier resto que pudiese haber quedado y se dispuso a salir al deposito a trabajar un rato. Mientras hacia esto los cinco diminutos dispositivos de vigilancia que habían sido colocados en su residencia seguían sus pasos con extremo celo; a su salida, los drones lo esperaban para seguir con el trabajo.

Texto de @amart29 y arte digital de @xpilar, Agosto de 2019

Otros relatos de la serie La Era de Perseo

Sólo me queda agradecer a @xpilar por permitirme usar su arte digital en mi publicación y por motivarla. Muchas Gracias @xpilar

Gracias a todos por visitar mi publicación, espero sus comentario y agradezco su apoyo, hasta la próxima



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