El misterio de la tumba de Dafne (Tercera Parte)

in spanish •  7 months ago


Ilustración

Se prosigue con la continuación de mi historia como he prometido, y como he dicho anteriormente, si es de interés esta historia para el lector debe revisar las dos últimas partes narradas por mí, las cuales las mostraré a continuación.

El misterio de la tumba de Dafne (Primera Parte)

El misterio de la tumba de Dafne (Segunda Parte)

Por favor leer en su orden cronológico, y espero, que mi historia empatice con todos ustedes, mis saludos cordiales a todos los lectores, nos veremos en una próxima continuación.

Reinaldo.

La tarde transcurría de manera rápida y en un parpadeó la noche invadió. Era una noche muy fría, más fría que las anteriores, las frecuentes lluvias de estos días habían dejado el suelo lodoso, en aquél sendero de aquella arboleda junto a la solitaria cabaña; un hombre con pesados pasos transitaba por ese camino, con una linterna y un abrigo grueso que lo mantenía caliente.

La garganta del bosque hacía alusiones de petrificantes miradas que se fijaban con mucha atención cada paso que daba, al principio puede ser terrorífico pero luego uno se da cuenta que son solo juegos de la imaginación.

Las raíces gruesas de aquellos caminos entorpecían los pasos, combinado con el suelo resbaloso, el hombre solo imploraba que no fuera a llover esa noche, una lluvia fría es lo menos que querría. Caminó sin preguntarse del tiempo que ha pasado hasta que por fin llegó hasta aquella solitaria casa, en campo abierto, donde vivía Reinaldo, un hombre con un problema tan pesado como sus negativos pensamientos.

Reinaldo estaba esperando en la mesa de la cocina, dejando hervir un poco de agua para preparar el café, miraba el reloj con impaciencia esperando la llegada de su invitado. Eran las diez y veintitrés de la noche, su cabeza estaba a punto de estallar, sus parpados estaban más marcados, no ha podido dormir bien en todas estas noches, solo pensaba en Dafne y en su impotencia, una rabia mezclada con pánico lo desesperaban y atormentaban, no sabía cuánto tiempo iba a soportar.

En medio de su angustia, la puerta sonó y Reinaldo se levantó para abrir la puerta, sin darse cuenta que el agua que montó ya había hervido hace medio minuto, pero en medio de tantas cuestiones que tenía en su cabeza, era obvio que no se daría cuenta. Abrió la puerta y recibió a su invitado con cordialidad y alivio.

-¡Padre Armando por fin llegó! Ya comenzaba a creer que jamás vendría.

El Padre asintió apenado y colocó su abrigo en el recibidor de la sala.

-Disculpa mi tardanza Reinaldo, debía atender algunos asuntos que se alargaron inesperadamente.
-No se preocupe, venga, prepararé un poco de café.

Reinaldo y el padre Armando se dirigieron a la cocina para charlar un rato, mientras que Reinaldo colaba el café y le colocaba azúcar para degustarlo.

Una vez servidos, se dirigieron hacia la ventana de la sala donde se podía divisar a la perfección el mausoleo de Dafne en aquella notoria colina. Esa noche era demasiado oscura, tanto, que solo se podía ver la sombra del mausoleo por encima de la colina.

-¿Ha habido alguna novedad? –Preguntó el padre Armando después de tomar un sorbo de su taza con café sin despegar su vista de la colina.
-No, para nada… desde aquella noche no ha habido avistamientos, ni ruidos, ni susurros de ningún tipo, todo ha estado tan tranquilo.
-Mmm… eso pensé, significa que están esperando la presencia de la próxima luna llena para comenzar con la siguiente fase de su rito.
Al escuchar eso, Reinaldo despega su mirada de la colina y la posa fijamente sobre el rostro del sacerdote.
-¿Qué dice? ¿Entonces volverán hasta entonces?
-Por supuesto Reinaldo ¿Acaso pensabas que no? ¿Creíste acaso que por haber arrojado un poco de agua bendita y rezar unas pocas plegarias mantendríamos a esas personas alejadas del mausoleo?

La verdad eso era exactamente lo que Reinaldo pensaba, pero por vergüenza a quedar como un ingenuo, no lo admitió. La verdad el solo quería que toda esta pesadilla acabara y volver a tener de nuevo sueños hermosos con Dafne, pero sus pensamientos le aceleraron demasiado las cosas y comenzó a creer otras cosas que no eran.

Se encogió de hombros y comenzó a preguntarse porque le pasaban estas cosas a él, siendo una persona muy tranquila. Tenía que enfocarse por su bien, y más que todo, por el bien de Dafne, su mente se difuminaba, divagaba y en ciertas ocasiones perdía el sentido común, era demasiado para una persona como él, que está acostumbrada a lo normal, a lo rutinario, entre otras cosas.

El padre Armando notó con atención la postura de desánimo de Reinaldo y comenzó a avivarlo manteniendo la conversación, la cual al final, le otorgaría una posible solución.

-¿Recuerdas esos símbolos Reinaldo? ¿Aquellos que vimos dentro del mausoleo y el día después de que comentaste todo? Quiero que recuerdes esos símbolos.

Reinaldo reaccionó y comenzó a trabajar su mente, empezó a recordar aquellas cosas que vieron dentro del mausoleo. Era una mañana, el sol sólo tenía unos minutos de haber salido. Reinaldo era la única persona que poseía las llaves de la puerta del mausoleo, de vez en cuando entraba para limpiar adentro. Pero al entrar, un siniestro horror recorrió sus venas helando su sangre.

El ataúd se veía intacto, nada que notar en realidad, pero las paredes dentro del mausoleo estaban llenas de símbolos y figuras extrañas grabadas con una pintura roja, aunque el cura dudaba que esa fuera pintura, sino más bien sangre. De cualquier manera, Reinaldo estaba muy impresionado al ver todo eso, pensaba ¿cómo habían entrado teniendo él la llave y sin dañar el candado o las cadenas siquiera de la entrada? ¿Y que eran esos extraños y paganos símbolos grabados en las paredes?

En esa ocasión estaba inquieto, inmutado por todo aquello, el padre Armando en cambio miraba todo con cordura y seriedad, como si ya lo hubiera visto antes. Sin embargo, después de analizarlo todo, Reinaldo notó que el sacerdote había fruncido en ceño de una manera que no le gustó nada, como si faltara por ver lo peor.

Esa expresión se le quedó grabada a Reinaldo hasta esa noche. Trató de recordar a la perfección esos símbolos, aunque el padre no le pedía eso necesariamente.

-Esos símbolos se quedarán allí hasta que cumplan con su objetivo, ya no hay manera de borrarlos. –Dijo el sacerdote, mientras se alejaba de la ventana para tomar asiento en uno de los sillones de la sala.

Reinaldo también se apartó de la ventana para soltar aquella pregunta que tenía atorada en la garganta.
-Padre… recuerdo que cuando estábamos en el mausoleo usted hizo una expresión al final como si algo devastador e irreversible fuera ocurrir.

El cura asintió de forma afirmativa, mientras colocaba la taza vacía de café en la mesita en frente de él y se dispuso después a sacar una caja de cigarrillos para tomar uno y encenderlo.

-Entonces dígame, ¿Qué ocurrirá? No piense que no estoy preparado para afrontarlo porque si lo estoy, ¡dígamelo todo!

-No pienso eso Reinaldo, pienso que quieres más que yo resolver todo esto, pero tu mente aún se encuentra cerrada y llena de temores y al parecer, no en su completa disposición, puedo entender eso, y no, no estoy completamente seguro de lo que va a pasar, eso lo sabremos mañana.

El sacerdote se inclinó un poco enfrente de la mesita para expulsar algunas cenizas de su cigarrillo en el cenicero y luego se acomodó y aspiró un poco más.

-¿Mañana? ¿Por qué mañana? Disculpe si he sido corto de mente padre…
-No hay problema amigo mío, y si, mañana lo sabremos, mis colegas de mi orden me han respondido y vendrán tres de ellos a ayudarnos a resolver este lío, ellos son los más calificados para ayudarnos. No te preocupes Reinaldo, salvaremos el alma de tu esposa y devolveremos la paz a tu casa.

Las palabras del padre Armando tranquilizaron un poco a Reinaldo, estaba ansioso por el día de mañana y tantas emociones juntas lo habían cansado.

Después de aclarar una que otra cosa sobre las personas que vendrían el día siguiente, Reinaldo y el padre Armando se dispusieron a irse a dormir, Reinaldo lo llevó a la habitación de huéspedes de su casa, la cual iba a ser la habitación de su hijo si lo hubiera tenido con Dafne, y él, después de despedirse se fue a su habitación a dormir. Esa noche no tuvo sueños de ningún tipo.

A la mañana siguiente Reinaldo había despertado un poco ansioso, bajó a la cocina para preparar el café y el desayuno y notó que el padre Armando ya estaba despierto. Se encontraba enfrente de la casa fumando un cigarrillo, mirando hacia el horizonte.

Reinaldo salió para desearle los buenos días cuando notó que tres individuos se acercaban a pie hacia la casa. Los tres hombres vestían distinguidos y de negro, usaban lentes para el sol y corbatas, como ejecutivos europeos.

El padre Armando le hizo un gesto a Reinaldo de que todo estaba bien y el asintió justo antes de que los distinguidos se llegaran hasta ellos.

Continurará...

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