La Sangre de mi Hija: Cap II - ¡La Tierra está en Peligro!

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El avión que me llevaría de Nuevo Brunswick (Nueva Jersey) a Bogotá (Colombia), estuvo listo en tres horas gracias a la ayuda del Dr. Dankworth. Llamé a mi hermana tan pronto subí, pero había tanta confusión en ella y en mí, que apenas pudimos hablar. Luego vendrían las cinco horas de vuelo programado, aunque al final no supe realmente cuánto duró el viaje. Cada minuto traía sus pensamientos borrascosos y yo me hundía con ellos.

«“¿Tendré que dejar atrás mi laboratorio en Estados Unidos? ¿Quién representará a mi madre y a mi hermana dentro de las empresas familiares? ¿Y si mi hermana está interesada?…, pero yo tendré que apoyarla. Lo mejor será llevarme a mi madre y a mi hermana a los Estados Unidos y encargar a otro núcleo de la familia para que nos ayude…, pero si mi hermana se empeña en seguir en Colombia…, ¡Maldita sea no sé qué voy a hacer!” Pensamientos de ese estilo se paseaban por mi mente construyendo un laberinto de temores y dudas de donde ni yo mismo, el demiurgo de ese laberinto, sabía la salida, finalmente la última vuelta dentro de esa maraña, terminó por encerrarme en el más profundo horror cuando me golpeó este pensamiento: “debo trabajar con más celeridad en mis investigaciones, en cualquier momento algún miembro de mi familia puede morir…, ¡incluido yo! ¡Yo puedo ser el próximo! ¿Y si este avión se cae, explota… o…?” Luego, como si el firmamento hubiera escuchado mis temores y fuera aquel minotauro que esperaba su comida, comenzó a reír a carcajadas, y el aire que salía de sus fauces empezó a mecer con fuerza el avión que me conducía hasta Colombia».

La aeronave rápidamente se descompensó y empezó a caer, salí despedido de mi asiento, golpee con la cabeza el techo y caí al piso perdiendo la conciencia. No sé cuánto tiempo pasaría, pero cuando desperté, el avión estaba aterrizando en el aeropuerto El Dorado de Bogotá. Tenía un fuerte dolor de cabeza, mi camisa estaba llena de sangre, tenía mi brazo derecho hinchado, traté de activar mi celular con el pensamiento, pero se había estropeado con el golpe. Cuando llegaron los paramédicos me hicieron el examen de rigor y me subieron a una camilla. Quise salir corriendo, mi familia estaba en el funeral de mi padre y mi hermano, y yo en una camilla rumbo a un hospital.


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─Soy el Dr. Andrés Weber, debo llegar al funeral de mi padre…, no tengo tiempo para esto.

─Doctor, usted sabe cuáles son los procedimientos, tiene el hombro dislocado y es necesario trasladarlo para realizarle radiografías ─me contestó uno de los enfermeros.

─Espere, al menos alguien présteme un celular de mano para hacer una llamada, nadie sabe lo que sucedió, me están esperando ─dije perdiendo los estribos.

─No se preocupe doctor ─dijo finalmente una enfermera─ deme el número de teléfono, yo le hago el favor.

─Gracias señorita, el número es el de la Señora Paula Weber, mi hermana: 3158964782.

─Sí, dígame ─escuché desde la camilla.

─Un momento por favor, ya le hablan ─dijo la enfermera, que amablemente se colocó al lado mío para dejarme ver el holograma que se proyectaba con la imagen de mi hermana.

─¡Oh, por Dios Andrés! ¡¿Qué está pasando, qué te sucedió, en dónde estás?!

Solo en ese momento me di cuenta que cometí una gran estupidez al llamarla, mejor hubiera esperado a que me limpiaran la sangre de la cabeza y la camisa… ¡Qué idiota!

─Tranquila Paula, hubo una turbulencia, pero no es nada grave, estoy bien. Me van a hacer unas radiografías, pero tan pronto salga voy a la funeraria…

─Dime a qué hospital te…

─No hay necesidad de que vayas, yo me sigo comunicando, no le digas a mamá lo que pasó, cuando pregunte por mí, dile que por mal tiempo el avión tuvo que aterrizar en Cali y que estamos esperando la aprobación en el aeropuerto para volver a retomar la ruta a Bogotá. Solo avisa al tío Alberto para que llame al hospital central. Me tengo que despedir, entre más rápido llegue al hospital, más rápido saldré. Paula, no te preocupes, yo estoy bien. Nos vemos pronto.

Afortunadamente mi estadía fue breve gracias a la llamada de mi tío Alberto, las contribuciones de la familia en el sector de la salud bastaron para que fuera atendido como un rey. Pronto corrió la voz en el hospital de mi nombramiento como nobel en medicina, y el hospital prácticamente se paralizó, me vi rodeado de médicos y enfermeras sin necesitarlos. Finalmente, llegué a las cinco de la mañana al velorio; los días siguientes al entierro de mi padre y mi hermano, no sabría describirlos, decir que eran una pesadilla no basta, una pesadilla es cuestión de unas horas, te despiertas y ya está, eso no tenía retorno.

Un mes después del entierro, sentí la necesidad de empezar a trabajar en mis investigaciones sobre el envejecimiento; afortunadamente la reunión familiar para acordar el rumbo de las empresas de los Weber se postergó un mes más, mi madre y mi hermana intervinieron para que fuera así, aún no se recuperaban de las muertes intempestivas y no tenían cabeza para pensar en los negocios, pero yo sí la tenía para seguir con mi trabajo, para mí eran más importantes mis investigaciones, no dejaba de pensar en lo ilusoria que era la vida, en cualquier momento la podría perder.

«“Al menos yo tengo una pequeña parte de poder para retrasar el paso de los años, perfeccionaré lo que he logrado, nada me detendrá”, pensé mientras me recostaba en el sofá estudio del apartamento que había alquilado provisionalmente en el centro internacional de Bogotá». Estaba listo para conectar mi chip cerebral al centro de cómputo del sofá y empezar a revisar las últimas notas de mi investigación, pero en ese momento sentí que todo se hundía a mi alrededor, igual que en el avión; me agarré con fuerza del sofá, sentí ganas de vomitar y me levanté tambaleándome al baño. Este fue el primero de muchos episodios de estrés postraumático que empeorarían en los días que estaban por venir.


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Al día siguiente, mandé un mail al Dr. Max Parsons para que me enviara una de las máquinas inteligentes especializadas que compramos para el laboratorio; el Dr. Parsons me comunicó al instante que el Procesador Cuántico de 1000 qubits llegaría en tres días. Luego llamé a mi Tío Álvaro Weber para que me ayudara a conseguir un permiso con el fin de utilizar el laboratorio de alguna universidad. Conseguí el permiso en menos de dos horas, me asignaron el mejor laboratorio de la Universidad Central y una oficina, también contaría con el apoyo del equipo médico del hospital donde me atendieron después de mi accidente en el avión. El hospital era de la universidad. Al recibir la noticia, llamé de inmediato al decano para que me asignara un estudiante de genética médica de último semestre como ayudante de laboratorio y me dirigí al sitio para prepararlo. El laboratorio distaba de estar a la altura del que habíamos construido en Estados Unidos, pero servía, mi propósito era adelantar las investigaciones desde Colombia, sabía que mi estadía en el país se prolongaría unos meses más, aún no sabía cuántos, pero definitivamente no podía dejar mi trabajo.

De regreso al apartamento me dió otro ataque de estrés postraumático, tuve que darle la orden al automóvil para que me llevara a un lugar seguro. Pasé una noche llena de pesadillas, pero en la mañana pudo más mi motivación por la investigación, que los síntomas que presentaba; supuse que todo se diluiría al conectarme nuevamente con el trabajo. Llegué a mi oficina a las ocho de la mañana, no sin antes experimentar nuevamente otro episodio de estrés durante el camino, la situación se tornaba insoportable, así que llamé para pedir una cita con el psiquiatra jefe de la universidad y en ese momento tocaron a la puerta.

─Buenas días, ¿el Dr. Weber?

─Sí. ¿Usted es la estudiante que me asignaron? ─pregunté un poco confundido al ver la joven que entró en mi oficina; era la misma enfermera que llamó por el celular de mano a mi hermana la noche del accidente.

─Sí, doctor. Ya terminé materias y tengo todo el tiempo para colaborarle.

─Disculpe señorita, debe haber un error. Estoy buscando un estudiante de genética médica, no una enfermera.

─Doctor, yo soy estudiante de último semestre de genética médica.

─No entiendo señorita, usted…

─Ah, entiendo. No doctor, no soy enfermera, ese día en la ambulancia estaba reemplazando a una amiga que se encontraba enferma. Si gusta mire mi carnet ─contestó la joven alcanzándome su carnet de estudiante─. Su nombre era Vanesa Martinez. Una joven atractiva, pero sólo hasta ese momento reparé en su belleza.

─Disculpe la confusión ─dije devolviéndole el carnet─ Ok, empezemos de una vez Dra. Vanesa.


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Nos dirigimos al laboratorio que me asignaron, como ya había esterilizado todo el día anterior, empezamos a trabajar de inmediato. Abrí el refrigerador para sacar los dos cultivos de células que nos servirían para las pruebas, mientras Vanesa encendía la cabina de flujo laminar. Comenzamos con la tripsinización para provocar la disgregación celular del primer cultivo y en ese momento nuevamente sentí que todo se hundía, me agarré del brazo de Vanesa y caímos al suelo.

─¡Doctor Weber ¿Qué le sucede?! ─me preguntó Vanesa mientras me ayudaba a levantar.

─Estoy sufriendo de estos ataques desde el accidente. No se preocupe, esta tarde tengo cita con el psiquiatra ─le contesté mientras observé que una de sus manos sangraba.

─Me corté con ese tubo de ensayo ─dijo señalando unos vidrios en el piso─ Creo que me enterré unos cuantos vidriecitos.

─Oh, cuánto lo siento ─contesté al tiempo que tomaba la mano de Vanesa para revisarla─ Vayamos a enfermería ─sugerí, pero de repente Vanesa dio un brinco para alejarse de mí y su cara empalideció.

─¡Usted también está sangrando! ─gritó mirando la palma de mi mano.

─Perdón. No me dí cuenta que también me había cortado. No se asuste, no tengo ninguna enfermedad contagiosa… y espero que usted tampoco ─dije un poco asustado.

─No… ─dijo ella dudando.

─Mejor vayamos a la enfermería ─le contesté casi ordenándole.

En la enfermería nos hicieron las curaciones, eran heridas superficiales, cuando salimos de allí, invité a Vanesa a tomar un café para tranquilizarnos y olvidar el incidente, pero ella no aceptó, dijo que tenía que adelantar su tesis, pero en su tono pude leer que me estaba esquivando. «“¿Y ahora qué? Lo único que me falta es que esta mujer tenga alguna enfermedad”, pensé al tiempo que me dirigía hacia la oficina con los nervios exaltados por el incidente, pero curiosamente me sentía con mucha energía, algo que no experimentaba desde mi regreso a Colombia».

En la tarde visité al psiquiatra, compré las medicinas que me formuló y me fuí al apartamento. Llegué con mucha energía, así que me conecté al sofá estudio y comencé a construir un artículo para una revista científica británica, lo terminé en 15 minutos, usualmente me demoraba 2 horas. Pasé una noche espectacular, en la mañana me sentía revitalizado, hasta ese momento no había sufrido ningún ataque. Desayuné con mi hermana y en medio de la charla recordé que no había tomado las medicinas que me formuló el psiquiatra, las saqué del bolsillo de mi chaqueta, pero decidí esperar, las guardé de nuevo en el bolsillo y me fuí al laboratorio. Tal vez todo había pasado y no las necesitaba.

─¿Quién es usted? ─pregunté a una joven que entraba con ropa de aislamiento en el laboratorio.

─Buenos días Dr. Weber, soy su nueva ayudante.

─¿Y la señorita Vanesa?

─Me encargó el trabajo. Se le presentó un problema y no lo puede asistir más. Pero yo estoy…

No la dejé terminar de hablar. Salí del laboratorio. Necesitaba aclarar las cosas personalmente. «“Vanesa se comportó de una forma muy extraña cuando accidentalmente intercambiamos sangre, no es para menos, pero así no se arreglan las cosas, de mi parte estoy seguro que no hay problema…, ¿pero ella? Dejaré de hacer conjeturas, sino quiere trabajar más en el laboratorio, que no lo haga, pero debido a las circunstancias, los dos debemos hacernos exámenes para comprobar que todo está en orden”, pensaba mientras corría a la oficina, cerré la puerta con pasador y activé el chip de mi celular para llamar al decano de la facultad».

─Dr. Weber, muy buenos días. ¿Cómo le pareció nuestro laboratorio? Cuénteme, ¿en qué le puedo colaborar? ─dijo el decano con una amable sonrisa en su rostro, tan amable que parecía postiza.

─Dr. Valencia, buenos días. Sí, el laboratorio está muy bien. Gracias. Lo llamo para pedirle el favor de concertar una cita con la estudiante Vanesa Martinez, no entiendo por qué dejó el puesto sin dar una explicación personal ─dije mientras trataba de abrir un cajón del escritorio para sacar mi maletín, sin dejar de mirar el holograma de la comunicación, pero no me dí cuenta que estaba sujetando por equivocación el cajón de seguridad, el cual tenía una clave digital encriptada que necesitaba activarse con mi chip cerebral para abrirse, entonces hice más fuerza, salió disparado y se estrelló contra una de las paredes de la oficina dejando a su paso una lluvia de papeles que se esparció por el lugar.

─No he recibido ningún informe al respecto ─contestó el Dr. Valencia sobresaltado por el estruendo del cajón─. La señorita Vanesa tenía que informar a la decanatura si se le presentaba algún inconveniente para continuar con la labor que se le asignó en el laboratorio, eso se le comunicó antes de que aceptara el puesto…

─Pues no fue así ─interrumpí con tono molesto─. La señorita Vanesa abandonó su puesto y envió a otra estudiante ─En ese momento la curación de mi mano se cayó dejando al descubierto una mano totalmente sana─. ¡No puede ser! ─dije en voz alta olvidando mi comunicación con el Dr. Valencia.

─¿Qué pasa Dr. Weber? ─me interpeló el Dr. Valencia sorprendido.

─No… es que ya casi son las once… olvidé una cita… pero continuemos con la conversación. No se preocupe. Eso puede esperar.

─Voy a llamar enseguida a la estudiante. Dr. Weber, no sabe la vergüenza que siento en este momento con usted. La verdad es que estoy muy sorprendido, la oportunidad de trabajar con una persona de su perfil para cualquier estudiante de esta institución debería ser algo invaluable. Espero comunicarme pronto con usted para concertar la cita.

─Gracias Dr. Valencia. Estaré pendiente ─me despedí sin prestar atención a lo que decía mi interlocutor, no podía dejar de observar mi mano, la herida que me había hecho en el incidente del laboratorio era superficial, pero era imposible que desapareciera de la noche a la mañana.

Bajé mi mirada hacia los cajones del escritorio y me dí cuenta que el cajón que había votado como de un origami se tratase, era el cajón de seguridad: ¡era imposible que cualquier ser humano pudiera abrirlo sin la clave encriptada o alguna herramienta especial!

Me paré del escritorio y me dirigí hacia el cajón, había quedado despedazado, por fortuna mi maletín no se encontraba ahí. Tomé uno de los maderos que se encontraban en el piso, lo estrujé un poco con mi mano y alucinantemente quedó hecho aserrín. Volví a recoger otros maderos del suelo y sucedió lo mismo. Y luego se me ocurrió la brillante idea de darle un puño a la pared con toda mi fuerza: escuché los gritos de unas enfermeras que pasaban por el pasillo de mi oficina en el momento en que mi puño atravesó la pared y una buena parte del muro se vino abajo.

En unos pocos minutos los guardias de seguridad llegaron y acordonaron el sitio. Algunos médicos me examinaron en busca de las heridas… Atravesé con mi puño una pared y la había derribado casi por completo, y yo ahí sentado en una camilla, tan fresco y radiante, salvo por el polvo que me cubría de la cabeza a los pies.

─¡¿Qué sucedió Dr. Weber?! ¡¿Está usted herido?! ─preguntaban una y otra vez médicos y enfermeras. Al poco tiempo llegó un cuerpo antiexplosivos que ordenó despejar el hospital y la universidad.

─No se preocupen, no tengo ni un rasguño ─les dije para que me dejaran bajar de esa camilla.

Y en ese momento…, ella, Vanesa, se veía diferente, tenía el cabello suelto, camisa y jeans ajustados, se veía realmente hermosa, y sus labios… los tenía pintados de un rojo oscuro que los resaltaba de una forma increíble en contraste con el resto de su rostro sin maquillar. En fracciones de segundo pude detallar muchas cosas de su atuendo, inclusive su forma de caminar, sus caderas redondeadas y sensuales… de pronto me sonrío y escuché en mi cabeza:

─Nos vemos esta noche, Dr. Weber.

Quise hacer a un lado a las personas que me rodeaban, pero temí hacerles daño con mi extraña fuerza.

─¡Espera Vanesa! ─le grité, pero había desaparecido.

─¡Por favor salgan de la zona! ¡Puede ser peligroso! ¡Necesitamos que despejen la zona! ─gritaban los guardias de seguridad.

Llamé a mi automóvil con mi chip cerebral. No sabía hacia dónde dirigirme. Esa mujer…, ahora estaba seguro que ella era la causante de mis extraños poderes. Algo había en su sangre y ahora en la mía. «“No hay forma, al menos en esta época en que vivimos, que ella se pueda comunicar conmigo telepáticamente. La tecnología está muy adelantada, podemos dar órdenes a las máquinas inteligentes a través de nuestros pensamientos, pero esto…, ¿Y sin la intervención de ninguna máquina? ¿Qué carajos está sucediendo? ¿Quién es ella? Debe existir alguna explicación lógica para todo esto…, ya sé, es probable que ella encontrara la forma de hacer todo esto a través de investigaciones en la universidad, es posible, ya que es una estudiante de ciencia. Si es así, estoy ante un descubrimiento que está al mismo nivel de la medicina anti envejecimiento, e incluso puede que más…”»

─Dr. Weber. ¿Nos dirigimos a su apartamento? ─preguntó la computadora inteligente de mi auto.

─Supongo que sí ─contesté absorto en mis pensamientos─. De pronto llegó a mi cabeza la imagen de mi maletín, en él tenía un pequeño laboratorio donde podría hacer pruebas de mi sangre. ¡Pero había quedado en la oficina!

De repente estaba nuevamente en mi oficina.

─¡Usted que está haciendo ahí! ─me gritó un oficial antiexplosivos.

─No tengo idea… ─contesté aturdido.


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Sé que mi mente no está funcionando bien, hace dos horas caí desmayado, sé que pasaron dos horas porque estoy pendiente del tiempo que transcurre mientras escribo esta historia. El esfuerzo que estoy haciendo para mantenerme un poco lúcido, cobra en cada segundo su cuota en mi decadente cuerpo. La resequedad en mi boca… ¡es como si me estuviera tragando el desierto del sahara a bocanadas incesantes!

Creo que fui demasiado optimista al pensar que podría terminar de escribir esta historia y encriptarla en un contrato inteligente con el fin de programarla para que pocos días después de mi muerte sea pública en la Blockchain Post Mortem… ¡Si sólo tuviera una última toma de la sangre de mi hija, terminaría esta historia en segundos y luego podría morir en paz!

Quiero que la humanidad sepa que la tierra en cualquier momento puede ser destruida por unos seres tecnológicamente muy avanzados que nos vigilan desde el principio de los tiempos, por eso quiero seguir contando esta historia, pero siento que ya no puedo más, mi estómago está hecho trizas y mi hígado también se comienza a destrozar, el dolor es insoportable, tengo que aumentar la dosis de morfina en este momento.

Sin embargo, si no puedo seguir escribiendo después de aplicarme la morfina, voy a dejar aquí las fotos que me he tomando desde que salí de mi apartamento en la ciudad de Bogotá, quiero que usted vea el proceso de degradación que he sufrido, como una prueba de la veracidad de esta historia. Dejé una muestra de la peligrosa sangre de estos seres en una bóveda de seguridad a la que solo podrá acceder el Dr. Dankworth, el único de mis socios que fue realmente sincero hasta el final: confío plenamente en su honestidad para que la entregue al gobierno mundial con el fin de estudiarla para crear un arma que pueda defender a la tierra de estos seres.

En este momento me dispongo a subir las fotos y luego encriptaré esta primera parte para programarla en la Blockchain Post Morten por si no puedo continuar. ¡Espero que la tierra y toda la vida que habita en ella se salve!

Continuará…

Si desea saber de dónde vino todo esto, puede hacer click en la imagen:


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Sin duda en este capítulo se van asentando más los elementos narrativos en juego. Me parece más integrado todo en el ambiente del personaje. Me encanto Vanesa!! Y bueno, también el sofá computarizado!! ;) Muchas felicidades por el capítulo, se va poniendo bueno!! Abrazote!! :D

@leveuf que gusto tenerte por aquí te mando un abrazoteeeeeeee!!!! Qué bien que te despierte el interés la historia... Me alegra que ya sientas que los elementos están más integrados, creo que lo logré. Tal vez Vanesa te guste cada vez más ejejeje :D

Feliz de conocer esta historia desde sus inicios!! Lo mejor para el camino, @Fanisk!!! :D

Gracias @leveuf espero que me acompañes :D

Calling @originalworks :)
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Super historia @fanisk, ambientada localmente, super completa con todos los diálogos bien hechos y su narrativa excelente, su final con ese gancho para seguir leyendo más, uff... por eso me encanta la ciencia ficción, enhorabuena y gracias por compartirla :)
Saludos!!

Hola @luming gracias por tu comentario y tu tiempo para leer, está larga, creo que de cuento va a pasar a una novela corta. Qué felicidad que te gustara, en el próximo capítulo espera las fotos del Dr. Andrés Weber y lo que sigue ;) Abrazos!!!

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Excelente post! Me gustó mucho, buena redacción!

Te sigo! Si te agrada alguno de mis post seguime!

Saludos desde Argentina

Gracias @cre47iv3 Saludos desde Colombia. Pasaré por tu Blog. Una feliz tarde :D

excelente post, como para reflexionar @fanisk buena publicacion, te invito a ver mis publicaciones, saludos

Gracias @josealbertomg71 por tu comentario. Sí estaré pasándome por tu blog a ver tus joyas :D Saludos!!

buenooo me gusta.

Gracias @karchady por tu comentario. Me alegra que te gustara :D

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