Garimpeiro (Cuento)

in spanish •  2 months ago

Garimpeiro

El escritor al componer sus obras crea un mundo de ángeles y demonios, de protagonistas y secundarios, de enemigos y dragones. De entre todas las bestias, algunas en particular, son entes desconocidos aún para este, manifestaciones primitivas del más interno yo.

—¡Déjame salir! —suplica al azotar su cuerpo en contra del cristal.

El sudor recorre su frente, huyendo con ímpetu de sus largos mechones castaños que le llegan hasta los ojos. Su traje, con semanas sin lavar, ha ganado un hollín y aroma insoportables, impropios de la divinidad que alguna vez fue. Si antes al verle la gente sentía un rojo miedo inspirado por la sangre perpetua de su ropa, ahora solo mirarían a otro lado..

—¡Libérame, Victorugo, libérame!

Parado frente a su creador, el prisionero clama aquél derecho que se merecía desde el principio de su labor.

—Lo lamento, Garimpeiro.

En el mundo de Leyendas de Lalalos, aquél nombre debería inspirar temor; él no era un asesino de reyes, como muchos hacían creer en las historias; era un cazador de dioses, el sicario de las deidades. Si Ecvocio era el dios del destino, Garimpeiro era la deidad del fin de los tiempos, el inmortal nacido de un pensamiento rojo, el único de su especie que atravesó el portal entre lo abstracto y lo material.

—¡Por qué me haces esto!

Preso en la inexistencia, en aquél rincón de la mente en el que los creadores ocultan sus obras, Garimpeiro se haya recluido en un estado que, a decir verdad, ni la mayor aberración se merece.

—Lo lamento, pero sabes que la obra no me convencía por ciertos aspectos en la relación Galaká-Saur, así que eso, sumado con algunos detalles que terminaban de convencerme, y el desanimo que me atacó a medida que escribía (por no hablar del tiempo), me hicieron realizar cambios, que llevarían a más cambios, y me cansó la marca negra que había en la historia, y que me parecía imposible, en teoría, de llenar… esas fueron algunas de las cosas por las que nunca terminé el primer libro…

—¡No es justo, tu siempre terminas tus obras, aún cuando estas te desaniman! —confronta Garimpeiro con lagrimas en los ojos—. Avaricia de Dragón está plagada de errores, y de cosas que te tienen inconforme, y aún con depresión, tristeza, y ganas de abandonar la escritura, ¡la terminaste!

Victorugo no tiene modo de responder. Cualquier excusa sería envano.

—Es distinto, pero te entiendo —murmura Victorugo al ponerse al lado del cristal—. Tú fuiste primero, y te abandoné para empezar a escribir aquella bazofia que, en esencia, a la final, me hizo por varios razones que hasta yo desconozco, perder mi razón para escribir.

—¿Por qué te justificas? —le pregunta reprochante—. Yo fui quien perdió la posibilidad de ser real.

Impotente, destella brillos rojizos que inundan las marcas rectas que recorren su cuerpo; antes con estas debilitaba el poder de los dioses, ahora solo desprestigian su aspecto galante. La deidad que tiene al frente no podría ser derrotada tan fácil.

—Sabes, me identifico mucho contigo —admite Victorugo limpiándose las lagrimas en los ojos—. Eres un creador, un artista, un inmortal incomprendido, ¿no? —pregunta como si no conociera la respuesta—. Puede que ya no recuerde si eres o no el escritor del mismo nombre, o si fue por su nombre que te llamas así, pero déjame decirte que, aún cuando aparecías en el tercer libro, los estragos que causabas se veían reflejados en toda la trilogía…

—Llegaste a planear que fuera el historiador del muro del tiempo… —murmura en un tono nostálgico—. Ya ni sé si descartaste la idea, pero he de decir que las sandalias que llevo se quedaron desde aquella idea.

—Es verdad, aunque ya no la necesitas para saltar hasta los cielos… y no, no te liberaré por tu buen gusto en calzado.

—Tenía que intentarlo.

—Sabes, te tengo que preguntar, ¿te gustaban las cosas que te hacía hacer en la historia? Digo, con todo respeto, algunos de tus actos te hacían ver como un desquiciado.

Garimpeiro aleja cualquier pensamiento dubitativo dentro de la mente de Victorugo con su semblante serio y decidido.

—Las cosas que yo hice —enfatiza su voz en esto—, son lo que soy, lo que yo decidí hacer, no lo que tu mi hiciste hacer… era muy rebelde dentro de tu mente, ¿no lo crees? —sonríe con gracia para luego volver su rostro severo—. ¡Pero luego, en un parpadeo me borraste, me abandonaste junto todos los demás, y me negaste el seguir existiendo!

Sintiéndose como perro regañado, Victorugo calla, dejando que su antagonista se desahogue.

—Creo que de algún modo, ambos somos creadores, soñadores, y aspiramos el ser dioses… tal vez de ahí surgiste, de mi deseo de ser superior, de ser… ¿temido? No, esa no es la palabra…

—Escuchado.

—Sí, escuchado… respetado.

—Y ser inmortal.

—Ambas son cosas que aún quiero —afirma con una sonrisa forzada—. Y puede que inconscientemente las haya reflejado en ti… Sabes, me acordé hoy de ti mientras escribía, y pensé de repente en una canción; la de descendientes, y la que oraban tus devotos en el culto…

—Garim-peiro, Garim-peiro, Garim-peiro…

Autor y obra repiten aquél nombre rítmico bajo el compas de tambores invisibles, del mismo modo como en el pasado lo hubieran hecho discípulos de aquél dios de lo rojo y negativo.

—Es curioso, pero cuando creaste a Ecvocio, lo hiciste inspirándote de algún modo en Savitar, y le pusiste un poco de Kurai, el traficante de hierro fatuo…

—¿Quieres saber en quién me inspiré para crearte?

—Sé que no lo recuerdas, pero la verdad es que en muchos aspectos soy una especie de copia de los antagonistas de flash, y tomaste la idea de mí de aquél libro “Cronicas del Asesino de Reyes”.

—El cual nunca leí, pero como con Jharack y Ecvocio, naciste de las ideas que pensaba respecto a una serie de libros que aún no puedo pagar.

—Agradezco que mi nombre lo hayas sacado de la clase de premilitar —comenta Garimpeiro con sus pensamientos dirigidos a aquellas contracciones impronunciables que Victorugo llama nombres y que ha puesto a otros personajes—. Quizás sea lo único bueno que has sacado de esa clase.

—Te quiero, Garimpeiro.

Con la mirada perdida, se peina el pelo.

—Quisiera poder decirte lo mismo a ti. Pero como dios has sido terrible. Y mira que yo tengo experiencia en eso.

Con tristeza Victorugo voltea para mirar los rasgos de su creación, cambiante, en proceso de olvido.

—Llegado a un punto, no me recordarás… seré solo música en tu mente, acordes, melodías, ritmos; un pensamiento rojo que morará, por siempre, en la irrealidad… porque tú no me quisiste hacer real.

—Espero dentro de unos años poder recordarte. A diferencia de otras obras, de otras creaciones, puedo olerte, verte, tocarte, sentirte, escucharte, porque tú te has conectado con varios de mis sentidos, y siento que de algún modo, ello forma parte de mi desarrollo, de tú desarrollo, de nuestro desarrollo… poco personajes, pero a la vez todos, logran que vuelva a ellos con una canción; el modo como tú lo haces, el sentimiento, es especial.

—Gracias —contesta a secas Garimpeiro, entristecido.

—Espero poder mejorar, sentir aquella sensación, la cual te la agradezco porque viene al lado de una increíble verdad: si quiero amar a mis obras, debo olerlas, respirarlas, escucharlas, asociarlas con mis sentidos, mis emociones, y mis sentimientos, a modo de que, aún sin entender del todo mi subconsciente, me transmitan las emociones, los ánimos, la inspiración…

—Es bueno serte útil —musita Garimpeiro al sentarse—. Ojalá pueda ayudarte a reencontrar el amor en la escritura, y ayudarte a amar, a leer, a disfrutar, a nutrirte, a imaginar, y por sobre todo, a crear con las emociones, con los pensamientos, con la esencia de tu creación… quizás así, algún día, amigos como yo no nos quedemos en el marco de la irrealidad, y formemos, en físico y en ti, una parte de la realidad de cada uno.

—Amen porque así sea.

—Esto es triste, ¿sabes?

—Ni que lo digas… llevaba meses sin pensar en ti, pero estás ahí, junto con el revoltijo de ideas, de mis creaciones, de mi realidad. Es increíble que te sienta tan latente, tan real.

—Es increíble porque tú me negaste ese derecho —reprocha mordaz el preso—. Amor, Victorugo, no dejes que el mundo, que las normas, que lo mecánico y la falta de inspiración te quite ese sentimiento, porque sin él, si te permites perderlo, será lo último que te puedas permitir: no te permitas ese daño.

—No lo haré —afirma decidido con lagrimas en los ojos—. No quiero hacerlo…

En silencio, la barrera que separa a Garimpeiro se abre, y Victorugo siente en sus hombros, en su pelo, en su cuerpo, la sensación del cálido y luminoso abrazo por parte de su creación.

—Espero que ames a Catedractics, y que sientas por ella lo que alguna vez sentiste por tus demás obras.

—Que así sea… Podrías matarme justo ahora, ¿no?

—Sí, pero si lo hago, ¿dónde estaría la gracia?

Al retirarse y volver a su lugar, Victorugo no puede sino pensar que, de algún modo aquél ser, aquella creación real y verdadera, amaba, creaba, creía, retaba. A medida que se le queda viendo, el creador repasa las diversas imágenes, las numerosas escenas, y siente como el moco se le resbala por la comisura de sus labios con un sabor salado.

—Te quiero.

Victorugo se prepara para poder dormir, replanteándose que ha podido aprender de aquella parte de sí, de aquél actor, dios, filosofo, pintor, artista, pero por sobre todo, ser, que ha nacido de él, que él mismo abortó, y por el que ahora no llorará, aunque una parte de él quisiera hacerlo.

—Te prometo, aunque no sé si podré cumplirlo, que te sacaré de aquí —finaliza Victorugo con la mirada perdida en sus memorias—. Gracias por hacerme sentir esto, mi querido Garimpeiro. Me has salvado, como yo, espero, lograr salvarte a ti.

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Pude haber cerrado el año con mi publicación anterior, pero en mi opinión, no bastaba. Muchos me han preguntado que haré el año propósito, cuales son mis objetivos y mis metas para el por venir. En lo personal no había pensado en mis metas para año nuevo hasta ayer, y sinceramente, la única cosa que me viene a la mente con facilidad es tan constante en mi vida que más que una meta, ya es algo que forma parte de mí. Por lo que sí, mi meta es seguir escribiendo y conseguir corregir las obras que tengo en mi laptop; no será fácil, y a veces es tedioso, en algunos casos, hasta desmoralizador.

A veces uno se desanima, tiene problemas, o simplemente no consigue avanzar como desearía. No tengo mucho que decir para los momentos en los que te sientes así, solo sé que por lo general estos no son eternos, y puede que dentro de unos años simplemente los olvides, quedando atrás como todo en el mundo.

Ahora sufro para corregir La Suerte de Flech, del mismo modo como hace unos años sufrí tras terminar otra obra que culminé casi sin ánimos. Puede que por eso me haya acordado de este cuento tan personal, tan mío, en el que evoco una obra que en realidad nunca terminé.

Este no es mi mejor cuento. Tiene como dos años en el computador, y sinceramente, en cuanto lo vi tuve que corregir errores de prosa que simplemente en la actualidad, me daban asco (esto lo acabo de hacer a propósito. Así era la mitad del texto, con los verbos separados del resto de la oración; que atrocidad). Sin embargo, tiene un significado emocional, que en mi opinión, es muy potente.

Tengo que ser fuerte para terminar de corregir la obra, así como debes serlo tú en el próximo año para terminar con tus proyectos. A veces duele, en algunos momentos en una experiencia que roza con lo terrible cuando la adversidad y la indecisión nos golpean, pero no podemos olvidar que todo los que no hacemos y no vamos a completar siempre nos atormenta, porque lo hemos iniciado con amor, y es este mismo amor el que se ve dolido al no poder ser expresado.

Amor, Victorugo, no dejes que el mundo, que las normas, que lo mecánico y la falta de inspiración te quite ese sentimiento, porque sin él, si te permites perderlo, será lo último que te puedas permitir: no te permitas ese daño.

Creo que tiene razón. Pero ya veré que tan de acuerdo estoy con él el próximo año.

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Ta weno my friend!!! Yo también escribo relatios breves y obscuros, pasate x mi cuenta!!! Que viva la literatura espontanea!!!!!!

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Hombre, que bueno que te ha gustado. Feliz año nuevo, con gusto el próximo año veré tu cuento.

Me encanta poder decir eso, y que el año que viene sea mañana XD. Cuídate, hasta luego. Gracias por haberlo disfrutado.

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