Venezuela: Un país a oscurassteemCreated with Sketch.

in #venezuela2 years ago

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El inicio

Venezuela como siempre, en tensa calma de una situación política sin precedentes. La vida seguía, las personas en sus trabajos, los niños en sus escuelas, los negocios abiertos a pesar de la incertidumbre política. Todo, como siempre, en una normalidad un poco absurda para una ciudadanía que parece sumida en la desgracia. Pero el día Jueves, en algún momento después de las 4:00pm, el país empezó a apagarse de manera literal. Los estados, uno por uno, fueron perdiendo el servicio eléctrico estatal, dejando a oscuras a una nación que cuenta con la segunda mayor hidroeléctrica del mundo, y con dos adicionales que fueron en su momento, garantes y pioneras en su tipo a nivel latinoamericano.

"Pero el día Jueves, en algún momento después de las 4:00pm, el país empezó a apagarse de manera literal".


El jueves 07 de marzo, esas mismas fuentes de electricidad se convirtieron en causales de horror, ira y tristeza para todos los venezolanos. Con eso empezamos lo que podría decirse que fue el fin de semana más negro del país en la historia conocida. Pero esto no es algo reciente. Las señales vienen saltando a la vista desde hace más de una década, con la nacionalización de la industria hidroeléctrica.

Cronológicamente hablando, el apagón de este jueves inicia desde los estados más lejanos. Zulia, en el occidente del país, durante los últimos años ha sufrido por falta de electricidad. Siendo uno de los estados más calientes, usualmente pasaba al menos un cuarto del día sin electricidad. Para ellos, dentro de lo absurdo de la situación, el no tener electricidad se ha convertido en una ocurrencia casi normal. Las conexiones telefónicas y de internet también se cayeron, como siempre. Desde el jueves a las 4:00pm, muchas familias no saben de sus seres queridos. Estados aledaños, como Mérida, Trujillo, Lara, Portuguesa y Yaracuy entraron a las sombras casi en simultáneo. Una sombra que hoy, casi 4 días después, continúa en muchos estados.

El estado productor de la mayoría de la energía eléctrica del país está en vilo desde las 4:00 pm del jueves. Los reportes del apagón nacional no lo afectan, el estado Bolívar parece escapar del horror por apenas un golpe de suerte. Pero no por mucho; Ciudad Bolívar, la capital del estado entra en el apagón. A 45 minutos, Puerto Ordaz conserva energía eléctrica casi como único lugar donde no parecía ser tan grave lo que se veía en redes sociales este jueves y parte del viernes. Pero no pasaría mucho para que llegara al mismo punto: horas después del gran apagón, como todo el país, se apagan las luces en el Estado Bolívar. ¿La cifra final que lograron las plataformas de noticias y los ciudadanos, casi sin creerlo? De 24 estados, 20, luego corregido a 22 con los últimos reportes, se sumen en la oscuridad más absoluta. Así le apagan las luces el jueves 07 de marzo a un país con 3 centrales hidroeléctricas.

Caracas se apaga...

Caracas, la capital, ha sido una especie de paraíso durante los últimos años. Encabezando las listas de inseguridad y con una tasa altísima de criminalidad, la ciudad no ha sufrido los embates de los apagones que el interior vive casi a diario. Las fallas de agua y luz en la capital son casi inexistentes en comparación con el resto de las ciudades. Excepto esta vez: Caracas se apaga por completo. Y Las millones de personas que habitan la urbe capitalina se ven enfrentados con una cruel realidad: caminar a sus casas desde múltiples puntos. Caracas le quedó pequeña a todo lo que hace vida en ella, por ello, cientos de personas viajan a diario desde las famosas ciudades dormitorio a los alrededores para ir a sus trabajos, y tarde en la noche regresan a sus hogares para prepararse para el día siguiente. Sin transporte, ellos quedan varados en las paradas y estaciones del Metro. Muchos duermen en el suelo, a la espera de la electricidad que lamentablemente, no llegará.

"Caracas le quedó pequeña a todo lo que hace vida en ella..."

La ciudad se mueve como un río a oscuras, con un flujo casi interminable de personas que tomaron la valiente decisión de caminar hasta sus hogares desde distancias enormes. Todo en la más completa desconexión: sin luz, las telecomunicaciones desaparecen casi en su totalidad. Los niños lloran, la gente llora, y Caracas en silencio los escucha. El jueves en la noche, no hay mucha esperanza de que regrese la energía. Y la gente se queja en su procesión por las venas de una ciudad casi apocalíptica, sus llantos y gritos de frustración caen en el vacío sordo de una metrópolis en pausa que se hunde en la oscuridad a la sombra del Ávila.

Este es solo el inicio del horror que pasará durante las próximas horas. Las pocas redes móviles activas y las baterías de los teléfonos, powerbanks y lugares con plantas eléctricas portátiles logran transmitir parte de la crisis nacional: no solo es el ciudadano de a pie el que sufre esto. Los millones de personas que están en centros de salud y con condiciones crónicas a nivel nacional empiezan a padecer, y los reportes no se hacen esperar.

El drama hospitalario

Clínicas y hospitales empiezan a pedir auxilio: muchos de ellos, sin plantas eléctricas, ven como uno a uno sus pacientes se apagan también. La cifra de muertos por fallas eléctricas escala vertiginosamente desde el jueves en la noche. Pacientes con soporte vital mueren a pesar de los esfuerzos de los miles de médicos que a nivel nacional, llenan las instituciones de salud en vano: sin luz y bajo la crisis perenne de insumos, no hay mucho que hacer. Los reportes más bajos arrojan cifras por encima de los 50; los números en redes se ven mucho más altos, muchos mayores a 100.

Durante este fin de semana, se confirman públicamente 13 muertes en el Hospital Manuel Núñez Tovar de Maturín, neonatos, traumatología, obstetricia y medicina interna son los afectados por la falta de electricidad. Y este es solo un número pequeño, pues en los pocos momentos donde en algunos lados la señal móvil conecta, vuelan los reportes de pacientes que necesitan soporte vital y que aun con los profesionales de la salud dando respiración manual, mueren en la oscuridad de un apagón. Del país empieza a brotar lágrimas, cientos de personas morirán si la electricidad no se restablece. Y la dictadura permanece en un silencio sepulcral, casi desconectados de la realidad de una nación que sufre.

Imágenes que generan shock aparecen luego del jueves. El viernes amanecemos con videos de los ríos de personas caminando por Caracas, de las ciudades a oscuras. Venezolanos fuera del país piden apoyo para contactar a sus familiares. Hermanos, padres, hijos, abuelos, tíos, todos ellos desconectados de otros sin remedio. Sin luz, no hay redes móviles que usar, en muchos lugares Digitel cayó primero, luego Movistar y finalmente la estatal, Movilnet. Cantv, la línea telefónica nacional, dejó de ser confiable hace años y no existe en muchos lugares del país sea por falta de distribución o por falta de mantenimiento. Por allí se logra contactar a familia y amigos, y en solidaridad, muchos salen a caminar buscando información para otros que como ellos, están aterrados por la desconexión. Conocidos y extraños hacen puentes para apoyarse y comunicar. “Estamos bien” dicen algunos a sus familiares angustiados, y los que están viendo desde afuera de nuestras fronteras el horror, callan para no llorar. Empieza un calvario completamente diferente: la comida.

Sin luz, no hay puntos de venta ni transferencias ni PagoMóvil, los métodos de pago confiables que usamos en Venezuela en nuestro día a día. ¿Dinero en efectivo? Hace años que eso es un producto mitológico, lo poco que se tiene se guarda para comprar comida un poco más económica que el precio regular. Y no hay mucho, hoy ese dinero vale oro. Muchas personas salen a comprar con los dólares que tienen guardados. Y la comida que tienen en las neveras empieza a descomponerse. Pero en toda la oscuridad, sale a relucir la solidaridad venezolana. Locales y familias que tienen cocinas a gas abren sus puertas para quienes necesiten cocinar. Y personas con energía eléctrica por plantas portátiles se solidarizan con quienes tengan que guardar los medicamentos de los que dependen sus vidas.

"Personas con energía eléctrica por plantas portátiles se solidarizan con quienes tengan que guardar los medicamentos de los que dependen sus vidas".


Las cadenas de refrigeración de vacunas, tratamientos para el cáncer, insulina y muchos otros se rompen. Y los miles que dependen de ellas, entran en pánico. Estas medicinas deben permanecer a temperaturas ideales. Sin luz, están a merced del daño. Y estas son difíciles de obtener y en muchos casos, representan gastos en dólares o donaciones. Los pacientes crónicos sufren. Tratamientos con maquinaria, como las diálisis, permanecen en pausa en lugares sin plantas eléctricas. Desde un ala donde hacen tratamiento para diálisis se escucha alguien pidiendo auxilio: “¡Necesitamos luz o nos vamos a morir!” grita a todo pulmón. Luego, silencio. El país entero baja la cabeza ante quienes como esa persona, enfrentan la realidad del apagón de una manera diferente.

Afuera en las calles, las personas luchan por comer. Los productos básicos son escasos, no hay suficiente dinero en los bolsillos y cuentas para cubrir la canasta básica con un sueldo mínimo. 18.000bs alcanzan solo para comprar 4 o 5 cosas. Esto no dura para el mes. Un kilo de queso blanco representa en muchos lugares de 15.000 a 20.000bs. Este mismo que en estos momentos, se está perdiendo en muchas neveras de establecimientos que no tienen cómo mantener la electricidad con plantas portátiles. Las personas con negocios empiezan a regalar o a vender a precios ínfimos sus productos antes de que se dañen. Y quienes tienen dinero en sus cuentas, tampoco pueden comprar: sin redes de compra, no hay mucho por hacer. Sumirse en el silencio y esperar un milagro.

Se escuchan los primeros reportes del fin de semana: la hipótesis oficial de la dictadura es un saboteo de parte de EEUU. La realidad es muy distinta: desde la nacionalización de las hidroeléctricas, los jugosos contratos con la dictadura y los conocidos bolichicos corruptos han desangrado a la industria. Derwick Associates, con Alejandro Betancourt (si, el que financió Hawkers en España con 30 millones de dólares) se llevó gran parte de este dinero.

La situación actual es turbia: los reportes oficiales no dicen la realidad: la falta de mantenimiento por los contratos ficticios y corruptos se llevaron el dinero del petróleo y otros bienes nacionales a otras fronteras o negocios ilícitos dentro del país. Mientras las fuentes eléctricas se queman y explotan las subestaciones que distribuyen, la dictadura habla a la gente: “Es un saboteo” dicen con la cara limpia, en las esquinas de sus labios un atisbo de mentira. Ellos y nosotros sabemos que es un vil engaño, saben bien que el dinero robado debió arreglar, mantener y potenciar nuestras hidroeléctricas. La represa de Tocoma, un proyecto multimillonario, languidece con materiales de poca calidad y una ineficiencia sorprendente de personas que hicieron el trabajo de “enchufados”: prestar sus conocimientos para un robo indigno a un país completo.

Las consecuencias a gran escala no se hacen esperar. Bolívar no solo es la fuente hidroeléctrica del país, en los alrededores de Puerto Ordaz se desarrollan las empresas básicas, productoras de metales que en otros tiempos, eran enormes fuente de ingresos por exportaciones. Antes del Jueves, sólo quedaban operativas dos de ellas en la parte de aluminio: CVG Alcasa y CVG Venalum. Las celdas de producción de cada una eran en ese momento 12 y 59 respectivamente. El viernes a la 1:00am, se apaga el flujo eléctrico de la ciudad, e inicia el contrareloj. Y es que estas celdas no pueden estar más de 8 horas desconectadas: se enfrían y se pierden de forma permanente. Los ingenieros y trabajadores hacen lo humanamente posible para solventar un apagón que esperan, sea breve.

A las 7:00 am en el cambio de turno, muchos se van agotados y cabizbajos a casa, esperando lo mejor. Los que entran ven a los altos jefes en las áreas operativas, corriendo de un lado a otro y con caras largas y angustiadas. La situación no pinta nada bien. A las 10:00am se decreta lo esperado: ha muerto CVG Venalum. Sus celdas se enfriaron más allá del límite y lo último que quedaba de la industria de aluminio en el estado Bolívar muere con ella y CVG Alcasa, que también entra en un cierre técnico sin anuncio oficial. “Esperemos vernos pronto” dice el presidente de Venalum, Rafael Tellechea Ruiz. La gente llora. Años de trabajo acaban de ser destruidos por un apagón, y muchas familias quedan en efecto sin trabajo ni beneficios.

Fin de semana de desesperación

Inicia el fin de semana con un sábado y domingo casi eterno. Sólo con la población de los estados Zulia, Mérida, Lara, Portuguesa y Sucre sumamos casi 10.000.0000 millones de venezolanos sin luz. El temor empieza a llenar las calles. ¿Llegará la electricidad? Y si llega ¿Por cuánto tiempo? Algunos lugares se iluminan de repente, otros pierden la luz durante 12 horas o más. Mucha comida se ha perdido en las neveras a nivel nacional. Salen nuevamente los reportes de horror: una madre cargando a su hija de 19 años con desnutrición crónica. Solo pesa 10kg. No la lleva a un centro de salud, la lleva a una morgue: por falta de luz, no la atienden en el CDI de Trapichito, la joven muere sin ninguna atención médica y esta mujer carga el cadáver en brazos por quien sabe cuanto tiempo. La gente mira el video con aprehensión, este es el primero de los cientos que saldrán en estos días donde la humanidad y la esperanza se pierde un poco.

Pero donde se apaga una luz, se encienden otras de forma casi literal. “Tengo planta, pueden cargar sus teléfonos” es algo que se repite como un eco en el país. “Si tienen cocina eléctrica, pueden cocinar en mi casa, tengo gas” dicen otros, a coro con “Aquí pueden guardar su comida para que no se dañe” y “Si tienen medicinas que deben estar frías, les regalo hielo o lo guardan aquí”. El venezolano aún en la oscuridad y la desconexión, se apoya uno al otro. Muchos venden estas cosas, otras las regalan. Los que se apoyan de forma desinteresada, son más. Y se nota.

El lunes el día empieza con luz eléctrica. Pero con el temor de los reportes que bajo cuerda, vaticinan al menos 15 días para lograr algo cercano a la normalidad en el flujo eléctrico nacional. Y esto sin responder a los miles de pequeños desastres que embargan el país. Los muertos que no están resguardados, las vidas perdidas y la ansiedad y llanto que durante 4 días embargó a más de 30 millones de personas. La luz se encendió, pero Venezuela sigue a oscuras.

Quedan las cicatrices

Para el momento de publicar este artículo, ya el 80% del país cuenta con energía, pero el miedo no se ha ido. Se reportan saqueos, aun no hay agua en gran parte del país y continúa latente la posibilidad de que en las próximas horas la energía eléctrica sea cortada nuevamente. El daño es muy grande para el país, que perdió millones de dólares, cientos de vidas humanas y ha ganado el trauma de la peor tragedia ocurrida en la historia moderna venezolana. Las cicatrices siempre quedarán para recordarnos lo que ha ocurrido.

Aidnes Sánchez
EOS Venezuela.


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Excelente descripción de lo que vivimos, y que en menor escala en algunos lugares del país, aún persiste ahorita a mediados del mes de abril. Nos quitan la luz todos los días, entre 4 y 6 horas. Ya sólo compramos la comida de uno o dos días para evitar su descomposición por falta de electricidad. Mucho temor por los electrodomésticos que con estas idas de luz no sabemos hasta cuando aguanten esos golpes de energía. En fin, aquí seguimos, luchando por nuestro país. Rogando a Dios por le bienestar de todos. Gracias por este post.

@grace10 nos complace mucho saber que hemos podido "resumir" tanto sufrimiento de nuestra gente, en un diminuto artículo, para así poder mostrarle al mundo lo que estamos viviendo. Pero también, para mostrarle al mundo que no nos rendimos y que la libertad aun tiene un lugar en nuestro espíritu.

Seguimos luchando junto a ustedes.

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