Relato: La primera sangre (II)

in #spanish2 months ago


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Fuente: ThePhotocrafters

Joseph Bergen sintió que esa noche no iba a dormir; su esposa estaba demasiado apasionada y muy intensa hasta el punto de que la cama estaba a punto de romperse. Ambos estaban a punto de alcanzar el orgasmo, pero Sophie se detuvo abruptamente. Joseph, embriagado de las sensaciones que procuraba el placer, instó a su esposa que continuara. Sin embargo, Sophie le pidió guardar silencio, pues le pareció escuchar una voz pidiendo ayuda.

Su esposo pudo haber ignorado si no fuera porque, con una claridad desgarradora, alcanzó a escuchar una palabra que le heló la sangre.

Minutos después, ambos, en sus formas de licántropos, salieron disparados por la ventana. Joseph, erguido, lanzó un aullido de alerta, al cual fue respondido de inmediato con otros aullidos.

 

Phillip Fraser se detuvo abruptamente. Tras él, Ann Townsend y Rose Fairchild le miraron con angustia; la primera miró para varios lados, creyendo que una de las dos bestias que habían irrumpido en la casa abandonada. 

-No están lejos. Debo ir en su ayuda -dijo Phillip -. Ann, llévate a Rose al pub que esté más cerca. Si ves a un grupo de personas con pañuelos azules, diles que necesitaré toda la la ayuda posible.

-¿Qué? Phil, yo...

Antes de que Ann terminara de hablar, Phil se transformó en un licántropo; la joven mujer estuvo a punto de pegar un grito, pero Rose se soltó de su agarre y, abrazando al hombre lobo de pelaje gris, le pidió que se cuidara y que salvara a su hermano y a Mary, la prima de Ann.

Cuando la bestia se dispuso a irse, la joven Townsend le detuvo y le dijo:

-No sé qué está pasando, y sinceramente no lo quiero saber, pero por favor, ¡por favor!, te lo ruego... Salva a mi prima.

Phil se limitó a asentir la cabeza.

Simon corrió por los pasillos del ruinoso edificio al que él y Mary Townsend habían entrado a esconderse. Tras ellos, la enloquecida bestia les perseguía. En muchas ocasiones estuvieron a punto de encontrar la muerte, pero quizás su hora aún no les llegaba. 

En un momento, Simon y Mary se separaron; la niña corrió hacia la salida mientras que Simon entraba a una habitación contigua; la bestia fue tras el niño.

 

Las calles y los tejados del East End fueron invadidos repentinamente por hombres y mujeres, vampiros, licántropos, e híbridos. Liderados por Joseph Bergen y Jacob Gunnhildson, corrieron y saltaron con la velocidad que sus extremidades les permitían, guiándose por los repetidos gritos infantiles y el putrefacto olor característico de los enloquecidos lykaios antes de que fuera demasiado tarde. 

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