Los niños de Lilith (parte II)

in #spanishlast year (edited)

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¡Saludos Steemians!

Para mí es un placer presentar la segunda parte de mi novela corta que iré publicando cada sábado hasta culminarla, si no has leído la primera parte y si es de tu interés, por favor léela te dejó el enlace aquí abajo.

PARTE I


«El amor propio es el mayor de los aduladores.»

François de La Rochefoucauld


Jonathan se encontraba acostado en la cama de la habitación de aquella posada, pensativo, mientras concentraba su vista a un solo punto del techo. Estaba furioso, porque pensaba que su estadía en aquél espantoso pueblo iba a ser más larga de lo que pensaba. Eran las cinco de la tarde ya de aquel mismo día, y no podía dejar de pensar en su esposa y su hija.

De repente, un ruido en la puerta interrumpió su concentración, con un aviso que lo llenó más de ira.

—Señor, disculpe que lo moleste —Era el posadero—, pero se me olvidó decirle que no contamos con agua potable por aquí, y que si quiere echarse un baño o hacer sus necesidades deberá ir a sacar agua de una de las llaves de los pozos, hay una aquí cerca, sé que para ustedes los de afuera resulta una molestia pero para nosotros es una cosa del día a día.

—Gracias por venir avisarme, —respondió Jonathan con sarcasmo— ¡Maldición, este hombre que habla demasiado no fue capaz de decirme ese detalle, y de paso tengo que buscar el agua yo!, bueno, que más, al mal paso darle prisa.

Jonathan enojado y fastidiado se levantó de la cama para dirigirse a la recepción de la posada, tomo unos baldes que le prestó el posadero y se dirigió a la llave de agua más cercana. Al verla, le recordó a su niñez en la parcela de su abuelo, era una llave con palanca, jamás pensó que volvería a ver una igual. Se dispuso a trabajarla para sacar el agua pero parecía que estaba trancada, hizo varios intentos pero se dio cuenta que era inútil, eso lo frustró más y quería patear los baldes para descargar su enojo.

—Si quiere puedo ayudarle —Era una voz dulce, que causaba tranquilidad, Jonathan volteó y vio que se trataba de una monja, con bello rostro y hábito negro, cargando dos baldes de madera como los de él. La monja se acercó y comenzó a explicarle la maña que se empleaba para sacar agua de la llave.

—Debe intentar mover la llave hacia la derecha y luego intentar bajarla hasta que ceda, listo, ya está, ahora no tendrá problemas pero no suba la palanca por completo o tendrá que hacer todo de nuevo.

—Gracias hermana —Dijo Jonathan con voz afable—, no lo hubiera logrado sin usted, he tenido un día de locos.

—Seguro que le puedo entender, venir de tan lejos solo a este lugar olvidado no debe subirle los ánimos a nadie, ¿le puedo hacer una pregunta?

Jonathan asintió mientras llenaba sus baldes con agua y se ofreció también llenar los baldes de la religiosa.

— ¿Es un agente del gobierno que vino a investigar la desaparición de los niños del pueblo?, disculpe que sea una pregunta tan directa es que me corroía la angustia sino se lo decía.

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—Tranquila no se preocupe, sí, soy agente del gobierno del cuerpo criminalística, he venido a hacer un informe pero nadie de mi departamento me informó que se trataba de niños desaparecidos, de todas maneras debo hacer mi reporte e investigar lo que pasó, si usted tiene algo que aportar la escucharé con atención.

—Ojalá pudiera ayudarlo pero de verdad no sé nada, todo ocurrió tan repentinamente. Una mañana despertamos y nos dimos cuenta que todos los niños habían desaparecido, así nada más, no se llevaron nada puesto que sus cosas; ropas, juguetes, aún están en sus cuartos. La gente los ha buscado desde entonces, van hacia las colinas, los bosques, hacia las costas del lago pero ni un rastro de ellos se ha traído. Hay personas que han ido hacía otros pueblos cercanos y aun así nada, de verdad esto me ha dejado desde entonces con el alma fría.

—Y esto ocurrió exactamente hace dos semanas, ¿cierto?

—Así es, ya no sabemos qué hacer, de verdad espero que pueda ayudarnos, rezo porque los niños estén bien y por la gente, necesitan tranquilidad.

—Le aseguro que haré todo lo que pueda para que la agencia esté al tanto de todo lo que pasa aquí, encontraremos a esos niños, no se preocupe.

—Le agradezco mucho señor agente, por cierto, soy la hermana Agatha, mucho gusto. Seguro se preguntará porque sé que usted viene de la capital, fue Julián, el posadero que le atiende, se lo dijo a los vecinos y los vecinos me lo dijeron a mí, ya todo el pueblo sabe dónde viene usted y a que vino, bueno, es que no hay mucha gente por aquí.

—Ya decía yo que ese hombre es muy boca floja, bueno, este pueblo es pequeño, los chismes deben correr más rápido que el viento, y el gusto es mío, hermana, yo soy el agente Jonathan Semprún. —La monja soltó una risa al escuchar la referencia sobre el posadero. Después de presentarse, se dirigieron a la misma calle con los baldes de agua ya llenos.

—Cualquier cosa que necesite agente Semprún, estoy a la orden, mi convento queda al fondo de esta calle, siempre me encuentro allí.

—Gracias, no dudaré en llamarla cualquier cosa.

Después de despedirse, Jonathan se dirigió a la posada y entró a la bañera para darse un buen baño. Analizó con detenimiento lo que le había relatado la monja sobre la misteriosa desaparición de los niños, parecía de cuento de terror, ¿cómo es que tantos niños pudieron huir así nada más? ¿Alguien se los llevaría?, imposible, son demasiados, requeriría de muchas personas y la gente se daría cuenta. Lo único que se le ocurrió es que fueron ellos quienes huyeron, ¿por qué lo harían?, tenía el caso más extraño que ha confrontado en su vida.

Al terminar su baño se secó y se puso su ropa, el posadero le tocó la puerta del baño para decirle que ya tenía la cena preparada, y después de comer, Jonathan dio las gracias y se encerró a su cuarto para descansar, mañana temprano investigaría más a fondo lo que ocurría en aquel aislado pueblo.

A las cinco de la mañana del día siguiente, tocaron la puerta de la posada con brutalidad, alguien exclamando auxilios levantó de sus camas al posadero y a Jonathan. El posadero se dirigió a la entrada para ver de quien se trataba.

— ¡Hermana Agatha que pasa! —Dijo el posadero exaltado por lo alterada que estaba la monja.

— ¡Julián por favor, necesito hablar con el agente Semprún!

— ¿Qué sucede? —Dijo Jonathan al estar ya en la recepción.

—Venga conmigo, ¡por favor!, es urgente que vea esto.

La monja, el posadero y Jonathan se dirigieron al lugar del hecho, la hermana Agatha no quería revelar nada todavía, quería que Jonathan lo viera con sus propios ojos, más sorpresas le esperaban al agente cuando aún no terminaba de digerir lo que pasaba.

Continuará...


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