Desmontando los aparatos mentales / El país de las cucharas largas

in spanish •  4 months ago


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Erase una vez un señor que le encantaba viajar mucho. A lo largo de su vida, se había dedicado a visitar muchos países reales e imaginarios. Un día sentado en un café, recordó aquel viaje al país de las cucharas largas. Pues si, que raro el nombre de ese país. Este señor se encaminó en una aventura y lo primero que encontró fue un camino dividido, en donde tenía que elegir su destino, ambos caminos tienen características similares, sin embargo uno era más oscuro que el otro. El señor no aguanto más y se aventuró por el camino oscuro.

El sinuoso camino terminaba en una sola casa enorme, un tanto descuidada pero aún conservaba un estilo lúgubre la misma estaba dividida en dos; un ala oeste y un ala este. El señor de inmediato tomó la previsión y dejó su morral en el frente de la casa para no hacer ruido, antes de entrar notó que en la puerta había un cartel que decía; “País de las cucharas largas” - Este pequeño país consta de solo dos habitaciones llamadas negra y blanca, para recorrer la casa debes avanzar por el pasillo hasta que este se divida, queda a tu elección si quieres doblar a la derecha para visitar la habitación negra o la izquierda si quieres visitar la habitación blanca.

El señor avanzó por el pasillo y dejó al azar su destino, escogiendo la habitación de la derecha. Un nuevo corredor de unos cincuenta metros terminaba en una puerta enorme. Cada vez que se adentraba más en el pasillo rumbo a su destino escuchaba quejidos que venían de la habitación negra. Por un momento se asustó y dudo en seguir el camino, sin embargo se armó de valor y siguió caminando por el pasillo, llegó a la gran puerta, la abrió rápidamente y entró.

Sentados alrededor de una mesa enorme, se encontraban cientos de personas, en el centro de esa mesa se encontraban los manjares más exquisitos del mundo y todos los que estaban alrededor de la mesa contaban con una cuchara con la cual podían alcanzar el plato central, sin embargo todos estaban muertos del hambre y su aspecto era desnutrido. El motivo era que las cucharas tenían el doble de su brazo y estaban fijadas a sus manos, de este modo todos podían servirse pero nadie podía disfrutar de los deliciosos manjares. La situación en la que se encontraban esas personas, era tan desesperante que los gritos no eran suficiente para demostrar la desgarradora lo que sentían. No obstante, el hombre no se dejó influenciar y se dió una media vuelta y salió corriendo del salón.

El señor un tanto agitado llegó al centro de la división de los dos caminos, y esta vez decidió tomar el pasillo de la izquierda que iba a la habitación blanca, algo parecido al otro corredor pero más vistoso y alegre. Una de las características que contrataba la difícil situación de la habitación negra de la blanca, es que en el camino no se escuchaban quejidos, ni lamentos.

Al llegar a la puerta, el señor giró con cuidado la manija y encontró la misma cantidad de personas sentadas alrededor de una mesa, en este caso también había deliciosos manjares y exquisitos platos de comida, además, todos tenían las largas cucharas fijadas a sus manos, sin embargo, nadie se quejaba, más bien todos sonreían y todos implementaron una técnica única y es que se ayudaron unos con otros y se daban de comer. El señor luego de observar tan enigmático panorama se retiró con una sonrisa y al escuchar el click de la manija ya se encontraba de vuelta en el café dónde está recordando ese aventurado viaje. El señor sentado desde el café, miró a su alrededor se levantó sigilosamente y se fue.

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Ficción a verdad, cuento o realidad, cielo, infierno, bien o mal, desarrollo retraso, siempre el mundo se presenta dicotómico. La realidad nos presenta dos alternativas de las cuales debemos escoger una de ellas. Está en cada quien seleccionar el camino que más le convenga.


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En el cuento de Jorge Bucay ”El país de las cucharas largas” se presenta una realidad que puede reproducirse en cualquier país del mundo, de una manera, agravada y continua, mostrándonos dos alternativas para plantear el devenir de los pueblos.



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Y si aplicamos este cuento a nuestra realidad, encontraremos mucha semejanza con nuestro pueblo. Venezuela es una nación rica en recursos naturales, envidiada por otras naciones por las grandes posibilidades con las que la dotó el Creador. Pero, el Padre celestial, no sé si por sabiduría o por fallo, le faltó dotarnos de dirigentes y planificadores que tuvieran una visión ética del desarrollo nacional. Dios puso a prueba al país y…aplazamos el examen.

Tenemos todos los recursos y posibilidades pero, no contamos con gente visionaria, ética…proba que sean aptos para gobernar, administrar y aplicar estrategias para el progreso.

Nuestros dirigentes son personas cuya mentalidad no les da más allá de quejarse y vociferar en contra del otro. A los hechos me remito. La realidad supera la ficción, es mucho más cercana al “país de las cucharas largas”.

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Nuestros gobernantes viven en el mundo de la habitación blanca del cuento.



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Ellos, si saben utilizar sus palancas: para extraer las riquezas del país. Mientras que los pobladores, habitantes de la habitación negra se quejan amargamente por pasar hambre y miseria. Por no ponerse de acuerdo para trabajar en conjunto para el beneficio de todos por igual.



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La realidad supera la ficción.

En la actualidad, a lo que se ha reducido la inteligencia y la voluntad de todo un pueblo es quejarse en las colas para conseguir alimentos o efectivo. Pareciera que las cucharas largas nos las hubieran anclado en el cerebro, dejándonos ciegos y sordos.

Es importante que dejemos de quejarnos para actuar. Y cuando hablemos de actuación nos refiramos al cambio de conciencia necesario que supere el egoísmo individualista que nos separa y nos debilita. Es necesario que asumamos nuestra realidad y empecemos a establecer enlaces, estrategias para sobrevivir y para tomar en nuestras manos las riendas del futuro inmediato.

La alegoría de las cucharas largas [Denizcan Yuzgul].


Youtube: uNdErMaMBo

No vale de nada quejarse, si ninguno quiere salir de la situación, si ninguno desea abrir la puerta y “cambiar de habitación”, de estamento, de ambiente… de dejar de dar lástima o “vender” lástima como mecanismo de obtener beneficio.



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Nos hemos acostumbrado a lo malo, a sufrir como estilo de vida nacional, en donde la miseria humana, de una manera compulsiva, se impusiera como moda, como manera de supervivencia por encima del prójimo, como si se tratase de comerse o aprovecharse del otro: “El no me importa” o el “cuanto hay para eso” es el pensamiento que se impone sobre los pasados conceptos de moralidad, unión, solidaridad, trabajo, progreso y prosperidad.

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Es hora de soltar la cuchara de palo.

Si queremos cambiar. Si queremos superar esta situación, debemos transformar nuestra forma de pensar y actuar. Debemos ponernos de acuerdo para quitarnos los aparatos mentales que impiden nuestra interacción, articulación y/o coordinación.



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Es el momento de desmontar el discurso impuesto desde afuera y asumir de una manera consolidada estrategias que nos permitan superar el presente en el que estamos sumergidos.



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