Viernes [Cuento]

in #spanish8 years ago

Son las 10:00p.m. y, como todas las noches antes de acostarse, Elizabeth está sentada frente al espejo de su cómoda cepillando su larga cabellera negra una y otra vez.  

—Recuerda que mañana, como todos los viernes, vienen tus padres a cenar —dice Adrián, su marido, en un tono cortante y autoritario mientras entra en la habitación matrimonial.  

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La mujer lo mira a través del espejo y por un instante un brillo se apodera de ellos. No es la mirada de una joven enamorada, tampoco la de una esposa feliz. Es una mirada cargada de resentimiento, pero él no lo advierte. No siempre fue así, claro está. Tres años de matrimonio fueron suficientes para transformarla. La Elizabeth risueña y romántica hasta la idiotez desapareció un día. En su lugar está una mujer con una doble personalidad psicótica que intenta mantener la fachada de una esposa feliz, con un esposo admirable y un matrimonio perfecto.

Elizabeth no responde, deja de lado el cepillo, se levanta y se va derechito a la cama. 

—¿No me has oído? —pregunta Adrián ligeramente molesto. 

—Sí —responde con desgana—. Mañana todo estará en orden, como debe ser. 

Al día siguiente, la familia de Elizabeth, como todos los viernes, se une a la cena. Todo marcha en orden. Conversan de esto y de aquello, hasta que la madre pregunta:  

—Y entonces, hija, ¿los nietos para cuándo? Ya tienen tres años de casados, ¡yo quiero nietos! Ya estoy vieja. 

Elizabeth da un respingo y su mente viaja al pasado a aquel día en que muy emocionada se acercó a darle la noticia a su esposo: 

—¡Estoy embarazada! —gritó de emoción.  

Adrián alzó la cabeza del periódico que leía, la miró desconcertado y luego un extraño brillo destelló en sus ojos. La bofetada llegó de improvisto, ella no la vio venir.  

—¡Estúpida! —le espetó— ¿cómo has podido embarazarte? Me arruinarás la vida si tenemos un niño en este momento. Justo cuando estoy a punto de lograr el éxito que me he propuesto ¿se te ocurre embarazarte? ¡Si serás...! ¡Tienes que abortar!  

Ella no lo entendía. Había imaginado que la noticia sería recibida gratamente. Un hijo era una bendición ¿cómo podía reaccionar así? Las lágrimas no tardaron en aparecer. 

 —¡No lo haré! —dijo entre sollozos—. Quiero este bebé que llevo en el vientre como a nada en el mundo. ¡Lo tendré te gusté o no! 

Gran error. La ira se apoderó de aquel hombre de una forma que Elizabeth recordaría todos los días por el resto de su vida. Adrián la golpeó hasta dejarla inconsciente. Asustado, llamó al doctor privado de la familia diciéndole que su esposa había tropezado y caído escaleras abajo desde el primer piso. Cuando el doctor terminó de revisarla, el veredicto fue perturbador: había perdido el bebé. Ella se recuperaría, pero dada la gravedad del accidente no podría volver a concebir. Mencionó lo lamentable que era la pérdida y cuan consternados estarían Don Antonio y Doña Elena al enterarse de la noticia, pero Adrián le pidió de forma muy cortés que no dijera nada. Argumentó que él mismo les diría cuando tuviese la oportunidad y lo acompañó hasta la puerta. Cuando Elizabeth despertó horas más tarde, fue muy claro: 

—Has perdido al bebé —dijo con un tono frío—. Y espero que tus padres nunca se enteren de esto. Ya sabes de qué soy capaz. 

Desde entonces todo cambió...

—Pronto, suegra. La voz grave de Adrián hace que Elizabeth vuelva al presente. 

—Sí, pronto, mamá.  

—Eso esperamos, hija —interviene el padre—. Tu madre tiene razón, ya estamos viejos.  

Terminada la cena, Don Antonio y Doña Elena se despiden, no sin antes recordar el tema de los nietos. Marido y mujer aseguran amablemente que no tardarán mucho en darles una sorpresa. En el dormitorio ninguno dice nada. Cada quien se acuesta en su lado de la cama y las luces son apagadas. 

A media noche, Elizabeth despierta aturdida por las pesadillas que han vuelto gracias a la pequeña conversación que se ha dado unas horas antes. Observa a su marido y se enciende un brillo en su mirada; el mismo brillo que se apoderó de la mirada de Adrián aquella noche fatal, el mismo brillo que se apodera de ella algunas veces mientras lo mira a través del espejo cuando cepilla su larga cabellera antes de irse a dormir. 

Mientras su marido duerme tranquilamente, ajeno a lo que sucede en el mundo real, Elizabeth se levanta, sale de la habitación y atraviesa el corredor hasta la cocina. Revisa las gavetas, toma el cuchillo más grande y afilado que encuentra, y vuelve a la habitación. 

Fuente

De pie al lado de la cama, observa como duerme el hombre que la condenó.  

—Adrián —susurra.  

—¿Qué quieres? —pregunta medio dormido, mientras abre los ojos y a duras penas logra distinguir la escena: Elizabeth, de pie, cuchillo en mano y la determinación en sus ojos, fríos y calculadores, sin un ápice de duda.

 —¿Eli...? ¡ELIZA! 

El grito queda a medio decir. El cuchillo corta su garganta y la sangre emana a borbotones. 

Elizabeth sonríe, admira la escena que acaba de crear como si de una obra de arte se tratara. Se siente libre. Ha roto las cadenas que la atan a su verdugo. Vuelve a la cocina, coloca el cuchillo ensangrentado en el lavaplatos, busca una bolsa de basura y regresa a la habitación. Como puede, mete al marido muerto en la bolsa y usa toda su fuerza para moverlo hasta el garaje. Una vez dentro, abre la maleta del auto e introduce el cuerpo inerte, pensando que mañana deberá buscar la manera de deshacerse de él.  De regreso en la habitación, cambia las sábanas y limpia la sangre que ha caído al suelo. Terminado el arduo trabajo, se acuesta a dormir en su lado de la cama. A la mañana siguiente, contrario a lo que hace todos los días, se levanta pasada las 10:00 a.m., va al lavabo, se prepara para resolver el último detalle de su crimen y luego baja las escaleras con destino a la cocina, dispuesta a prepararse el café.

—Bonita hora de levantarse —le reprocha Adrián, mientras sorbe su último trago de café— y eso que anoche te he recordado que hoy es viernes y vienen tus padres a cenar. ¡Vaya buenaparanada con la que me he casado!

_________

Este relato fue el resultado de un ejercicio creativo que hice en un taller dictado por @rjguerra y que ha estado acumulando polvo desde entonces (aunque una primera versión -que no dista mucho de esta- fue publicada en Wattpad hace algún tiempo). 

Sort:  

La historia tiene posibilidades, @kellysar. Se me ocurre que se haría menos previsible si se trabajara más desde una focalización externa. Gracias por ponerlo.

¡Gracias por la observación, profe! Trabajaré en ello.

No me considero tan fácil de complacer cuando se trata de, por ejemplo, cuentos. Pero aunque se nota que éste es el resultado de un tipo de ejercicio y no de una inspiración concreta (porque tiene muchos elementos comunes), sí logró mantenerme interesada en seguir leyendo. Y el final no está tan predecible,
al menos para alguien como yo que no lee relatos con tanta frecuencia ¿Cómo sería una focalización externa, @adncabrera?

Gracias por leer, @siomarasalmeron! Sobre la focalización externa... esta incluye dos tipos de narradores: el omnisciente y el testigo. En este caso el narrador es omnisciente, tiene acceso a los pensamientos de Elizabeth y de Adrián, aunque solo nos muestre los de ella. Con un narrador testigo que solo cuente lo que ve y no indague lo que sienten los personajes la tensión podría ser mayor y el desenlace menos previsible.

¡Wao! Ustedes se dedican. Hace tanto tiempo que yo no me dedico a la narrativa que es como otro mundo, y me complace que haya cerca gente como ustedes que puedan comprender justo lo que pregunto, y me expliquen justo lo que no entiendo. En serio, Kelly, no me has defraudado y eso no sabes cuánta esperanza me hace tener en el porvenir "comunicacional" jajajajaja <3

Jajaja. Me alegra poder arrojar algo de luz en estas circunstancias. Y no te creas, algo oxidada ando. Estoy pensando en ponerme a "estudiar" a ver si le doy vida a los ejercicios que tengo por ahí empolvados y, además, escribo algún (o algunos artículos) al respecto. Creo que será interesante.

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Hola @kellysar. Yo también tengo muchos borradores. El ejercicio de quitarles el polvo es muy provechoso. Sobre todo cuando han dormido un tiempo prudencial para poderlos leer con otros ojos.

Así es, @sandracabrera. Cuando uno los deja reposar y luego los retoma, puede ver mejor los puntos flojos y trabajar en ellos. Además de apreciar los que sí funcionan. Soy una coleccionista de borradores, y creo que ya es tiempo de sacarlos y trabajarlos a ver qué cosa buena sale de ellos (y cuales debo descartar de una vez xD).

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