Capítulo 46 (Leo y el Vasco se verían en la playa, sin testigos que los observaran)

in spanish •  3 years ago  (edited)

Por la tarde, el Vasco telefoneó a Leo y quedaron en entrevistarse en la playa como lugar más idóneo. Muy pronto lo puso en antecedentes para concluir:
—Únicamente han podido registrar tus huellas y las de Pablo. Así que, será mejor que confieses y me entregues los dos pergaminos, que robasteis. La policía me ha asegurado que todo quedará como una gamberrada de estudiantes; de lo contrario tomará parte el juzgado.
—Yo no sé nada de tales pergaminos. Además, tú nos involucraste y nos dijiste que te harías responsable de lo que pasara.
El Vasco concluía que se le estaba escabullendo la ocasión de su vida, pues observaba en Leo una firmeza implacable de no soltar prenda; le daban ganas de abofetearlo al cerciorarse de que los muchachos habían actuado con más sagacidad de la esperada.
El día siguiente era martes. Juan, el conserje, se había encargado de propagar el enigma sobre el que corrían, como grama en campo abonado, las versiones más pintorescas, dependiendo del receptor de la noticia. Los corrillos se multiplicaban y aquel al que se acercaba el Vasco enmudecía, o bien, sus componentes cambiaban de conversación con los más inesperados virajes lingüísticos. Se dio el caso en que tres profesores y una profesora cuchicheaban en la sala grande, donde se celebran las reuniones del claustro, y el que decía estar enterado sentenciaba que la madre de Eva había denunciado al Vasco por corrupción de menores, y que eso era intolerable pues ya habían llegado las libertades y la niña ya acababa de cumplir dieciocho años; y ya no era tan niña, ¡caramba! Además, los sentimientos son los sentimientos y nadie puede prohibirlos, que ya pasó la época de los Reyes Católicos, que, ¡coño!, que ya estaba bien con los represores, que disolución de todas las fuerzas represivas incluida la bofia, y que había que ir eliminando a los esquiroles y a los que se resistían, incapaces de adaptarse a la vida democrática, como Candi, que ya su padre era el dueño de un colegio de pago; y ella, una burguesa que había mamado la explotación de profesores desde niña, no para sufrirla sino para beneficiarse; no había más que verle la pinta con el peinado tan hortera, pues solamente trató con los clientes de su padre que eran los baluartes de la falsa aristocracia, siendo como eran, restos caciquiles del siglo diecinueve; y en Andalucía había que dar un giro de ciento ochenta grados si queríamos que se modernizara y volver a las raíces de la algarabía, que es donde estaba nuestra esencia profunda; y que no volviera a pronunciar las palabras control ni disciplina, que siempre las tenía en la boca, como aprendidas de memoria en los años de la época franquista. «Ahí tienes al Vasco, que, aunque va a misa, se le puede dispensar esa torpeza pues por lo menos trabaja con los alumnos y pasa la vida en el Instituto; y habla mucho en los claustros y critica la hipocresía, y no es mojigato, y se expresa con franqueza; además el Vas...» —en el mismo instante de pronunciar esa sílaba los sorprendió el Vasco, que cruzaba repentina y violentamente el umbral de la puerta. Al verlo, el profesor que se despepitaba siguió por otros derroteros—: el Vas...a tomar un café o te quedas conmigo?, porque ya no puedo esperar más…»
Se esfumaron los cuatro como si huyeran de un incendio.
Ese día, mal que bien, entre dimes y diretes, se fueron dando las clases. Candi y el Vasco esperaban impacientes la vuelta de los policías, pues en nada habían cambiado las posiciones del principio. Concluyó la jornada y siguió embargándoles la incógnita.
Al día siguiente, a primera hora, Alfonso Sierra abrió el Instituto y encontró el patio sembrado de panfletos. Leyó uno atentamente y no entendió nada, no precisamente por algunos deslices ortográficos, sobre todo de acentos, tanto en mayúsculas como en minúsculas sino por la puntuación del mismo:
En letras muy grandes el encabezamiento: «POR LA GESTION DEMOCRATICA DE LOS CENTROS DE ENSEÑANZA».
Seguía la leyenda: «Ante la intromision inazmisible de las fuerzas del orden en la vida academica por denuncia espresa de la directora de este centro contra algunos profesores y alumnos hechos fundamentales (no unicos) demostratibos del ser antidemocratico de las estruzturas del centro, el... —seguían unas siglas, iniciales de un grupo político— quiere:
1º) Solidarizarse con la lucha emprendida por la retirada de las sanciones y destitucion de la direccion.
2º) Hacer una llamada a los compañeros del centro, alumnos y opinion publica a mantener oposicion al dominio del «TERROR» de los centros de enseñanza, y a luchar por: la pervivencia de la gestion colejiada y democratica (No al Estatuto de Centros) que sean respetados los derechos de los trabajadores de la enseñanza y de los jovenes y especialemnte el derecho a la libertad sobre todo la de expresión
¡POR LA UNIDAD DE PROFESORES Y ALUMNOS!
¡POR UNOS CENTROS DE ENSEÑANZA AL SERVICIO DE LA CLASE TRABAJADORA ANDALUZA Y NO A LOS DE «UNA TIRANA»
¡VIVA LA LUCHA DEL INSTITUTO!

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me gusta como escribes,seguire esperando otro capitulo