A las Puertas del Hades - Tártaro / At the Gates of Hades - Tatar

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A las Puertas del Hades

Tártaro

Nuevamente en este oscuro y pestilente lugar, al bajar de la nave transporte me golpea un nauseabundo hedor a pescado podrido, orine y desinfectante de pino, muestra de que la suciedad es difícil de cubrir cuando se ha extendido tanto.

Ajusto los parámetros de mi mascara respiratoria y me sumerjo en los oscuros callejones de Tártaro, un lugar perdido en medio de un mundo olvidado por el Parlamento, donde, lejos de la vista del ejército, se reúne todo tipo de malvivientes para ocultarse antes o después de cometer sus fechorías.

Siento asco sólo de pisar sus calles, toda la escoria de la galaxia parece reunirse aquí a rascarse la espalda unos a otros, traficantes, asesinos a sueldo, piratas y contrabandistas de todo tipo, consiguen el mercado para sus productos, drogas, animales, paladio, iridio, armas y humanos, son comerciados como si de juguetes se tratara.

Desde que dejé la división de seguridad de Polaris, este lugar se ha vuelto un destino recurrente, por alguna razón todos los caminos siempre conducen aquí, toda la maldad humana parece confluir a en este mismo sitio.

En sus calles deambulan degenerados y adictos, en busca de su ración de vicio morboso, buscadores de objetos y sustancias prohibidas, o de quienes por una tarifa están dispuestos a matar a aquellos que necesiten quitar del camino.

Por varios años el fumadero de Petersen ha sido el sitio que visito para buscar la información que requiero, además de ponerme al día con los pormenores de las bandas y pandillas locales, ahí, Simón Petersen el dueño, siempre ha sido mi contacto de confianza.

―Oliver, ¿hace cuanto tiempo no venias por aquí? ―dijo Petersen alegremente al verme entrar, su redondo y estirado rostro parecía brillar, ante las luces coloridas de la entrada de su local.

―Hola Simón, me temo que menos tiempo del que quisiera ―respondo, fijándome en el interior del lugar, donde apilados como si se tratase de huesudos cadáveres, casi dos decenas de adictos estaban recargados en sillas tumbonas, con una aguja conectada a su carótida, por la que eran hidratados y nutridos, mientras permanecían completamente ajenos al mundo real, en un alucinante sueño de Morfeo, un producto sintetizado a partir del opio, que puede producir extensos y placenteros sueños eróticos que llegan a durar días ―. Veo que el negocio va bien.

―Sin duda, siempre hay mercado para un buen producto, quieres una silla, tengo sólo una libre, aprovecha que me acaba de llegar producto nuevo desde Perséfone ―dijo sonriente mientras me mostraba todos sus grandes y falsos dientes, enceguecedoramente blancos.

―Sabes que no vengo aquí por tu producto, ¿qué sabes de la chica Soriano? ―pregunté sin mucho protocolo, mientras veía su fea cara.

―Por que debería saber algo, mi negocio no son las chicas ―dijo, desviando la mirada en dirección su sala llena de despojos humanos.

―Vamos Simón, tú lo sabes todo aquí en Tártaro, no me digas que no te has enterado del caso.

―Hay cosas de las que es mejor no enterarse ―dijo, claramente angustiado ―. Y otras en las que es mejor no meterse.

―¿Cómo esta Clarice? ―pregunté, conociendo su debilidad. Casi siempre la mejor forma de hacer soltar la lengua a alguien es conocer algunos de sus secretos.

―Maldición Oliver, eso no es justo, sabes que yo haría cualquier cosa por Clarice ―dijo poniendo dos grandes ojos de cachorro ―. Bien, pero sácame a mi de todo esto, no quiero que sepan que estuviste aquí o tendré problemas.

―Tranquilo, nunca pongo en riesgo a mis amigos ―le dije.

―En el boulevard norte a dos kilómetros de aquí, hacia donde está el casino de los Gao, hay un bar llamado El Placer del Kan, donde se reúnen los Satoshi, ellos controlan el tráfico de chicas desde Cefeo ―dijo con rostro de preocupación ―. Hace dos semanas, recibieron un nuevo embarque y me enteré de que mañana vendrán compradores. Parece que hay gente de Ávalon y Edén que son sus clientes. Si se encuentra aquí en Tártaro, debe ser allí.

―Gracias Simón, has sido de gran ayuda, cuida de Clarice, nos veremos pronto ―dije antes de salir del local.

―Espero no verte en algún tiempo, estas visitas se están haciendo demasiado frecuentes ―dijo al verme salir.

Después de la guerra, aun cuando el Parlamento se encargó de reconstruir la infraestructura y crear estímulos para activar la economía del planeta, Cefeo siguió siendo un lugar difícil para vivir, cientos de militares rebeldes se ocultaron entre las ruinas de las ciudades, mimetizándose entre las personas que trataban de sobre vivir. Formaron pandillas y bandas que luego se organizaron en sindicatos criminales, que en medio del caos de la reconstrucción del planeta crearon todo tipo de operaciones criminales, ante la ausencia de fuerzas locales que se encargaran de la seguridad.

Hace treinta días, la hija de Lion Soriano, un miembro del parlamento local de Cefeo, fue secuestrada mientras se encontraba junto a sus amigas, en uno de los nuevos centros de compras que empezaron a proliferar en las ciudades del planeta, nunca hubo demandas de parte de los captores, simplemente la chica y dos de sus compañeras desaparecieron, sin dejar ningún rastro.

Soriano contactó a sus amigos en el parlamento y ellos a la división de seguridad y de la división de seguridad llegaron a mí, lo que me trae nuevamente a este apestoso lugar, en busca de estas tres chicas desaparecidas. Tal parece que mi reputación, después del caso del asesino de Polaris, me sigue llevando a estos oscuros lugares, aun después de haberme retirado del servicio activo.

Texto de @amart29 Barcelona, Venezuela, agosto de 2020

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English

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At the Gates of Hades

Tatar

Again in this dark and stinking place, as I get off the transport ship I am hit by a nauseating stench of rotten fish, urine and pine disinfectant, showing that dirt is difficult to cover when it has spread so far.

I adjust the parameters of my breathing mask and immerse myself in the dark alleys of Tartarus, a place lost in the middle of a world forgotten by Parliament, where, far from the sight of the army, all sorts of evildoers gather to hide before or after committing their misdeeds.

I feel disgusted just to step on its streets, all the scum of the galaxy seem to gather here to scratch each other's backs, traffickers, hired killers, pirates and smugglers of all kinds, get the market for their products, drugs, animals, palladium, iridium, weapons and humans, are traded like toys.

Since I left the security division of Polaris, this place has become a recurring destination, for some reason all roads always lead here, all human evil seems to converge on this very spot.

Degenerates and addicts roam its streets, looking for their share of morbid vice, seekers of forbidden objects and substances, or those who for a fee are willing to kill those they need to get out of the way.

For several years Petersen's smokehouse has been the place I visit to seek the information I require, in addition to catching up on the ins and outs of local gangs and gangs, there, Simon Petersen the owner, has always been my trusted contact.

-Oliver, how long has it been since you've been here, - said Petersen cheerfully as he saw me enter, his round, stretched-out face seemed to glow in the colourful lights of his shop's entrance.

-Hello Simon, I'm afraid it's been less time than I would like, -I answered, looking inside the place, where piled up as if they were bony corpses, almost two dozen addicts were leaning on deckchairs, with a needle connected to their carotid artery, by which they were hydrated and nourished, while remaining completely outside the real world, in a hallucinatory dream of Morpheus, a product synthesized from opium, which can produce extensive and pleasant erotic dreams that can last for days -. I see that business is going well.

-No doubt there is always a market for a good product, you want a chair, I have only one free one, take advantage of the fact that I have just received new product from Persephone, -he said smiling as he showed me all his big, fake, blindingly white teeth.

-You know I don't come here for your product, what do you know about the Soriano girl, -I asked without much protocol, as I looked at her ugly face.

-Because I should know something, my business is not girls -he said, looking away from his room full of human remains.

-Come on Simon, you know everything here in Tartarus, don't tell me you haven't heard about the case.

-Some things are better left unsaid, -he said, clearly distressed, -and others are better left out.

-How's Clarice? -I asked, knowing her weakness. Usually the best way to make someone loosen their tongue is to know some of their secrets.

-Damn it Oliver, that's not fair, you know I'd do anything for Clarice, -he said, putting on two big puppy dog eyes-. Fine, but get me out of this, I don't want them to know you were here or I'll be in trouble.

-Relax, I never put my friends at risk -I said.

-On the North Boulevard, a mile from here, towards where the Gao casino is, there is a bar called The Pleasure of the Kan, where the Satoshi meet, they control the traffic of girls from Cepheus, - he said with a worried face -. Two weeks ago, they received a new shipment and I heard that tomorrow buyers will come. It seems that there are people from Avalon and Eden who are their customers. If he's here in Tartarus, he must be there.

-Thank you Simon, you've been a great help, take care of Clarice, we'll see you soon, -I said before I left the premises.

-I hope I won't see you for a while, these visits are becoming too frequent -he said as he saw me leave.

After the war, even though the Parliament was in charge of rebuilding the infrastructure and creating stimuli to activate the economy of the planet, Cepheus remained a difficult place to live, hundreds of rebellious soldiers hid among the ruins of the cities, mimicking the people who tried to survive. They formed gangs and gangs that later organized themselves into criminal syndicates, which in the midst of the chaos of the reconstruction of the planet created all kinds of criminal operations, in the absence of local forces to provide security.

Thirty days ago, the daughter of Lion Soriano, a member of the local parliament of Cefeo, was kidnapped while she was with her friends, in one of the new shopping centers that began to proliferate in the cities of the planet, there were never any demands from the captors, simply the girl and two of her companions disappeared, without leaving any trace.

Soriano contacted her friends in the parliament and they in the security division and the security division came to me, which brings me back to this stinking place, looking for these three missing girls. It seems that my reputation, after the case of the Polaris murderer, continues to take me to these dark places, even after I have retired from active duty.

Text of @amart29 Barcelona, Venezuela, August 2020

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Previamente publicado en mi blog de Hive


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