El demonio de la Patagonia

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Una de las cosas que más me gustan de la pesca es compartir convesaciones con amigos, cuentos y relatos luego de la cena o en una ronda de mates alrededor de un fogón esperando por la hora del pique.

En Piedra del Águila he tenido muchas de esas charlas, en la rivera del Limay o en el Chamonix, un restaurante muy concurrido del pueblo donde íbamos a cenar luego de una extensa jornada de pesca, antes de caer rendidos en la cama del hotel y apurados porque al otro día nos tendríamos que levantar antes que amaneciera para llegar al lugar de pesca en esa “hora mágica” cuando la oscuridad de la noche da paso a la tenue luz del alba.

En alguna de esas entretenidas conversaciones escuché por primera vez hablar de Ascencio Brunel al que se conoció con el inquietante nombre de “El demonio de la Patagonia”; uno de los más antiguos pobladores del pueblo que a la sazón oficiaba de guía y que se acercó a nuestra mesa para compartir el café luego de una gran cena fue el que contó la historia que escribo a continuación.


Ascencio Brunel
Fuente

Max Volmer, un campesino que trabajaba como peón en la estancia La Federica en inmediaciones del Lago San Martín, había partido en una carreta prestada tirada por dos yeguas viejas hacia el Viedma, iba por el Paso de los Indios cruzando la árida estepa en diagonal para ahorrar tiempo. De pronto vio venir cuatro hombres a caballo, no tenían buen aspecto y se puso en guardia, solo disponía de su facón, muy poco para enfrentar a cuatro pero no tenía miedo, solo precaución.

Los hombres estaban sucios y desalineados, solo el que pretendía ser el jefe guardaba una apariencia más limpia, comenzaron a hostigarlo y Max trató de dialogar con ellos pero fue inútil, no querían hablar solo robarle lo que llevaba y quizás también su carreta y sus fletes.

Sacó su cuchillo con la idea de amedrentarlos y quizás lo dejaran en paz pero todo fue para peor, lo golpearon de atrás sin ningún aviso y cayó de la carreta inconsciente, cuando despertó estaba estaqueado en el suelo y los bandidos a punto de irse, hubiera sido mejor no haberse despertado, el jefe se acercó y desde la altura de su caballo le apuntó con un revólver y le dijo:

- mala suerte para ti haberte topado con nosotros

Pese a que uno de sus compañeros le dijo que lo dejara le disparó un tiro que le entró por el ojo derecho destrozando todo lo que encontró a su paso hasta incrustarse en la tierra, inmediatamente otro hombre al ver que el desgraciado seguía vivo y moviéndose convulsivamente bajó del caballo y lo ultimó de una cuchillada.

El cadáver fue encontrado por el dueño de la carreta unos días después cuando salió a buscarlo preocupado por su tardanza.

La banda de delincuentes que robó y mató al campesino se dijo que era de Ascencio Brunel y un crimen más se le anotó en su haber.

Bastante tiempo después un hombre fue encontrado herido y llevado en carreta hasta la comisaría de Tres Pasos, cerca de Última Esperanza, allí se encontraba Long Jack a la espera de algún grupo que fuera hacia la zona de los lagos, pretendía unirse a ellos para no viajar solo ya que por esos tiempos entre los indios y los bandidos habían puesto la cosa difícil para los viajeros solitarios. La cuestión es que Long fue testigo de la llegada del herido que parecía muerto pero milagrosamente sobrevivió y se recuperó. El convaleciente no era otro que Ascencio y fue puesto en la cárcel apenas identificado.

En su vida Ascencio fue encarcelado y liberado en varias oportunidades y la leyenda sobre el sanguinario y despiadado Demonio de la Patagonia se expandió por todo el país. Algunas personas que convivieron con él durante su estancia en esos períodos en la cárcel aseguran que no era una mala persona, no tenía ni el carácter ni la osadía suficiente como para haber hecho todo lo que se le achacaba, según sus propios dichos si era un bandido y un ladrón pero no un asesino.

En una oportunidad contó que junto a otros habían asaltado a un pobre carretero y un compañero suyo, un chileno de apellido Sepúlveda le disparó hiriéndolo de muerte, el solo se limitó a despenarlo de una puñalada.

¿Cuento o leyenda? nunca lo sabremos y de todas maneras no importa demasiado, las historias, todas ellas, tienen algo de magia y misterio y las prefiero así.

Esa noche mientras esperaba que el sueño me venciera pensé en el Demonio de la Patagonia, tiempos duros de salvajes, de hombres comunes y de héroes, casi todos pioneros que buscaban un lugar mejor para vivir en un enorme territorio tan alejado de Dios como de las leyes, me gustó pensar que Ascencio no había sido tan malo. Parece que no fui el único porque algún tiempo después leí que mucha gente lo visitó en la cárcel y le regalaba dinero para que cuando saliera cambiara de vida, algunos dicen que se estableció en el Chaco y compró una pequeña hacienda y nunca más se supo de él.


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Héctor Gugliermo

@hosgug

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