MALA COPA

in copa •  15 days ago

Yo soy la de la mala copa. Recorro los bares buscando la última gota de cerveza, que me quite desmesuradamente, la tristeza.
Lo paradójico es que sentirme siempre anestesiada desinhibe mi carácter… diabólico, melancólico, bucólico, y todo aquello que termine en coholico. Todo parece difuminarse y caigo en un estado de letargo extraño que no me deja.
En vidas anteriores fui de las que se chupaba los extremos, pero encontré que la vida es una cosa de equilibrios y descubrí que sin equilibrio no hay sobriedad, ni existencia alguna. Aunque al final la vida seguirá siendo siempre la misma Sátira violenta.
Entonces a veces parece que camino por una cuerda floja y siento que unos tragos de cerveza me proveerán de esa cierta cordura que algunos llaman locura; para mí son puntadas, son como suturas.
Mi novia dice que soy mala copa y amenaza con dejarme sino controlo mi bebida, y le he dicho mil veces que si, que si, que estoy tratando de mejorar cada día el cómo no cargar mis malestares de forma inadecuada… y l he dicho también que no me saque de quicio en momentos no propicios, a todas estas ella no siempre responde o reacciona de la mejor manera, pero son las secuelas de mis cagadas.
Por un lado soy hombre para aceptarlo, por otro lado una mujer muy emocionalista. Y como muchos ya saben, yo no tengo sexo, solo me dejo llevar por mi Sapiosexualidad. Y si alguna identidad o tendencia sexual me define, es esta, y resuelto el problema. Todavía no he visto a nadie pronunciarse en contra de aquellos que nos enamoramos de cerebros y no de lo superfluo, de inteligencia y no de apariencias. Y no hay nada ilegal en ello. Y lo prefiero así.
Algunos me llaman lesbiana, pero ya no sé si considerarme así, ya que es un término que engloba a cualquier cantidad de mujeres en una misma definición y con las que no estoy del todo de acuerdo. Procuro que mi libertad sea la tenencia, que vivir sin que me importe el que dirán sea mi norma, ese es mi derecho, lo que elijo ser, y no lo que otros quieren que sea.
Pero, entonces después de todo y las cicatrices, los desórdenes, los altibajos, las depresiones y el stress, concluyo que para mí, mi única religión es la libertad.
La libertad de pensamiento, la libertad de expresión, de ser sin tener que temer.
La religión tal y como la conocemos hoy día, es el más grande instrumento de dominación mental, una maquina diseñada especialmente para manipular mentes y extorsionar bolsillos en nombre de Dios y en memoria de los pobres. Etc.
Por eso, soy la de la mala copa. Sé que tengo limites pero no se pisar el freno, se que debo contar cuantas llevo, pero al rato pierdo la cuenta, sé que, no debo estar mucho rato en silencio, pro eso de conversar no siempre se me da… por x o por y. O porque simplemente no tengo ganas de hablar con nadie. No me apetece. Solamente estoy allí, con mis pensamientos.
Simplemente a veces, no sé lo que siento. Confió en mí más de lo que debería y… si me borro pierdo. Al final creo que, las consecuencias son siempre el resultado de un daño. Y que lo bueno es tener una medida, justa y equilibrada, cosa difícil.
Lo que si se, es que el amor solo tiene una forma de expresarse y no es con abandono. Por eso al destino le gusta cernirnos hasta que solo queda de nosotros lo más delicado y puro.
Con mi novia, ya casi tres años, y no nos conocemos tanto. Pero dicen que ni un matrimonio de veinte años se llega a conocer bien.
Yo ya no opino nada, cada quien es consciente de sus culpas en la vida.
Cada quien tiene una fecha de vencimiento para la existencia, lo mismo que su caducidad en el destino pronto a decretarse, en el nudo de las gargantas que gimen en la justicia, pronto a desatarse.
Cuando tomo, yo misma me veo a lo lejos, y veo aquella mujer poeta que se desangra lentamente solitaria, y que tras cada sorbo, bebe su nostalgia, esa que pretende ahorcar por lapsos temporales a ver si fluye algo que le quite cada bloque.
Y no siempre llega algo, o casi nunca. Por eso sé que yo misma debo recrear los elementos necesarios para romper esta burbuja de monóxido de carbono que me asfixia, que me sigue constantemente, entiendo que no estoy en el lugar adecuado ni con la gente más adecuada.
Por eso me sumerjo en la copa, a ver si ella me ayuda a pensar cuando estoy densa, cuando estoy bloqueada y sin inspiración alguna.
Y aun, no me queda claro quién es la mala… La copa, o yo?
¡Nunca nadie me lo ha dicho!

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