Roraima/Cuento-aventura

in cervantes •  23 days ago

Roraima, es un cuento que escribí en el año 2009 basándome en la experienciaque vivió Erika, mi hija cuando subió a la cima del tepuy. Para ella fue algo fascinante. Me contó con tal pasión cada detalle que quise escribir una historia a partir de sus vivencias.

Para que no sea tan extenso, el cuento será publicado en tres entregas.
Las fotografías son cortesía Erika (La protagonista del cuento)
Es posible que este relato haya sido publicado antes en algún blog de mi propiedad.

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RORAIMA

Desperté pensando que algo importante iba a suceder, había llegado el gran día, me levanté de inmediato para avisar a Ysandra y la encontré con los ojos muy abiertos y una gran sonrisa que iluminaba su rostro.

-¡Vamos! Levante perezosa, tenemos un largo camino por delante.

Después de asearnos y desayunar algo ligero, tomamos la vía que nos llevaría al punto de encuentro. Allí nos reuniríamos con el grupo y los guías Pemones que nos acompañarían en el recorrido para alcanzar la cima del Roraima.
Ysandra y yo llevábamos en las mochilas lo indispensable, aunque pienso que la de ella pesaba más pues era muy precavida y llevaba mucha ropa de abrigo para las noches frías en la montaña.

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Terri, el guía del grupo, esperaba a que llegaran al campamento los pocos que faltaban, entre ellos Celso. Él era un indio de la misma tribu que se había marchado a la ciudad a estudiar y a prepararse para trabajar luego en la comunidad con su gente. Desde que se marchó años atrás, no había tenido la oportunidad de volver hasta ahora. La noticia de que su padre estaba muy enfermo hizo que tomara la decisión. Lamentablemente hacía unas semanas, había abandonado este mundo y él, había vuelto a su sabana para participar en los rituales fúnebres junto a su familia. Ahora recordaba con nostalgia cuando había alcanzado la cima por primera vez junto a su padre, uno de los porteadores más viejos de la zona. Celso tenía la necesidad de sentir su tierra, caminar los senderos que tantas veces había recorrido el viejo Morok y dejarse llevar por la magia del lugar. Solo una cosa le molestaba un poco, y era eso de subir con un grupo que no entendía la esencia de la montaña. Era gente que venía de la ciudad con zapatos nuevos y mucha teoría aprendida, aunque siempre se encontraba alguna que otra persona sensible y él tenía un sexto sentido para reconocerlos.

Comenzamos el recorrido a través de la sabana, siguiendo a Terri, el indio que sería nuestro guía y que junto a los otros que conocían la ruta, se ocupaba de llevar la comida y las carpas que nos servirían de refugio. Todo esto lo cargaba en una especie de bulto que llevaban en la espalda y que llamaban guayare hechos de palma y bambú. Atravesamos el río Tek de aguas heladas y más tarde el caudaloso Kukenan, cuya corriente era tan fuerte que para cruzarlo debimos sujetarnos a unas cuerdas que nos servían de soporte, a pesar de eso, resbalé y caí sentada en el fondo que estaba cubierto de piedras lisas. Celso, me ayudó y logre llegar del otro lado.

Caminamos unas cinco horas, la ruta era intrincada pero la emoción era tan grande al ver la inmensidad de la montaña frente a nosotros, que el cansancio daba paso a la energía. No lograba comprender de qué manera podríamos subir la montaña, que aparecía ante nosotros como una dama azul de paredes lisas y rectas, coronada por una planicie inmensa.
Una de las formaciones más antiguas del planeta respiraba cerca de mí, vibrante, esplendorosa, adornada de nubes que la abrazaban. Andábamos en silencio, y de vez en cuando los guías entonaban canciones muy suaves en su idioma. Le pregunté a Terri acerca de la letra de esas melodías, y me contó que formaban parte de su tradición, era un pedido de protección a los dioses para que nos guiaran en el camino, también pedían protección para sus familias que esperaban su regreso.

Un poco más allá iba Celso, cabizbajo y pensativo, retirado del grupo, iba meditando y pedía permiso a los espíritus guardianes para visitar la montaña. Cada vez que pisaba ese lugar sagrado para su etnia, la montaña lo sorprendía de alguna forma, manifestando su naturaleza. En ese momento la veía tan cerca que no podía contener la emoción de tocar su corteza, acariciar sus rocas y beber de sus lagunas.

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A medida que nos acercábamos a la base del Roraima, el aire se percibía puro y fresco. Los colores del paisaje cambiaban rápidamente y adquirían un aspecto sobrenatural de una belleza tal que se hacía difícil describirla.

Ysandra se había adelantado y estaba con los otros integrantes del grupo, yo seguía muy cerca de Terri, escuchando las historias que él nos iba contando a lo largo del camino. El paisaje había dejado de ser la sabana amplia que nos recibió a nuestra llegada, para cerrarse un poco en el bosque que precede a la base, enseguida comenzamos a ascender por una especie de escalones naturales.

El tepuy Roraima me invitaba a seguir sus sinuosas formas y me permitía adentrarme en sus misterios. A mitad de camino cayó la noche y nuestros guías decidieron acampar. Ysandra y yo compartimos una carpa y tomamos un delicioso chocolate caliente que nos preparó nuestro amigo Terri.

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Desde su rincón un poco alejado de los demás Celso observaba a los diferentes integrantes del grupo, se daba cuenta por la actitud de cada uno, lo que esperaban de aquella aventura. Algunos bromeaban y contaban chistes, otros se entretenían tratando de identificar las estrellas envueltos en un recogimiento casi místico. Hacia ellos dirigió su atención. Eran cinco, tres hombres y dos mujeres, una de ellas era la que había resbalado en el río aquella tarde, él mismo la ayudó a levantarse y en ese momento leyó en su mirada la pasión por la montaña, era una de esas personas elegida por los dioses para desvelarle los misterios que el Roraima guarda en sus entrañas. Sintió un escalofrío, era casi una niña ¿sería ella? Decidió observarla con cautela, de alguna forma quienes no sentían esa pasión estaban más seguros. Solo debían protegerse de los peligros del camino, los otros… debían abrirse al universo para absorber los designios que el chaman de la montaña guardaba para ellos.

Roraima, is a story I wrote in 2009 based on the experience of Erika, my daughter when she climbed to the top of the tepuy. For her it was something fascinating. She told me with such passion every detail that I wanted to write a story from her experiences.

In order not to be so extensive the story will be published in three installments.
The photographs are courtesy Erika (The protagonist of the story)
It is possible that this story has been published before in some blog of my property.

RORAIMA

I woke up thinking that something important was going to happen, the big day had arrived, I got up immediately to warn Ysandra and found her with wide open eyes and a big smile that illuminated her face.

-Let's go! Lift lazily, we have a long way to go.

After cleaning up and having a light breakfast, we took the road that would take us to the meeting point. There we would meet with the group and the guides Pemones who would accompany us on our journey to reach the summit of Roraima.
Ysandra and I carried in our backpacks what was indispensable, although I think hers weighed more because she was very cautious and wore a lot of warm clothes for cold nights in the mountain.

Terri, the group's guide, was waiting for the missing few, including Celso, to arrive at the camp. He was an Indian from the same tribe that had gone to the city to study and prepare to work in the community with his people. Since he left years ago, he had not had the opportunity to return until now. The news that his father was very ill made him make the decision. Unfortunately, a few weeks ago, he had left this world and he had returned to his savannah to participate in the funeral rituals with his family. Now he remembered with nostalgia when he first reached the top with his father, one of the oldest porters in the area. Celso needed to feel his land, walk the paths that old Morok had walked so many times and let himself be carried away by the magic of the place. Only one thing bothered him a little, and that was climbing with a group that did not understand the essence of the mountain. They were people who came from the city with new shoes and a lot of learned theory, although there were always some sensitive people and he had a sixth sense to recognize them.

We began the journey through the savannah, following Terri, the Indian who would be our guide and who, together with the others who knew the route, would take care of the food and tents that would serve us as refuge. All this was carried in a kind of bundle they carried on their backs and called guayare made of palm and bamboo. We crossed the icy Tek river and later the mighty Kukenan, whose current was so strong that to cross it we had to hold on to some ropes that served as support, despite that, I slipped and fell sitting on the bottom that was covered with smooth stones. Celso helped me and I got to the other side.

We walked for about five hours, the route was intricate but the emotion was so great when we saw the immensity of the mountain in front of us that fatigue gave way to energy. I couldn't understand how we could climb the mountain, which appeared before us as a blue lady with smooth, straight walls, crowned by an immense plain.
One of the oldest formations on the planet breathed close to me, vibrant, splendorous, adorned with clouds that embraced it. We walked in silence, and from time to time the guides sang very soft songs in their language. I asked Terri about the lyrics of those melodies, and she told me that they were part of her tradition, it was a request for protection from the gods to guide us along the way, they also asked for protection for their families waiting for their return. A little further on Celso went, head down and thoughtful, withdrawn from the group, meditating and asking permission from the guardian spirits to visit the mountain. Every time he stepped on that sacred place for his ethnic group, the mountain surprised him in some way, manifesting its nature. At that moment he saw it so close that he could not contain the emotion of touching its bark, caressing its rocks and drinking from its lagoons.
As we approached the base of the Roraima, the air was perceived pure and fresh. The colours of the landscape changed rapidly and acquired a supernatural aspect of such beauty that it was difficult to describe it. Ysandra had gone ahead and was with the other members of the group, I was still very close to Terri, listening to the stories that he was going to tell us.

Traducción a través de DEEPL

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Que hermosa experiencia. Definitivamente ir al Roraima está entre mis metas de vida. Ya quiero leer la siguiente parte, esta genial

Me atrapó. Saludos.


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Me encanto como logró redactar esta historia. Me atrapo en un segundo. Hermosas las fotografías, espero ir algún día...

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Extraordinarias fotos, son un verdadero homenaje a este lugar mágico al que no he tenido la oportunidad de visitar. Espero el resto del relato. Saludos y gracias por compartir!

Esta publicación ha sido seleccionada para el reporte de Curación Diaria.

final de post.png¡¡¡Felicidades!!!

Hermoso relato e imágenes que describen la magia y belleza de nuestra tierra...

Un relato hermoso, acompañado de imágenes que describen la naturaleza pura. Muy linda publicación @evagailan.

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