El día del hombre. Cap.14

in #busy8 years ago

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REUTERS/Mauricio Centeno-Notitarde

14

La taza de café humeaba, un televisor sintonizado en CNN hablaba de noticias del showbiz, el sonido de un autobús muy viejo retumbó, la contaminación comenzó a cubrirlo todo, a dejarlo negro.

—me gusta abrir las ventanas y sentir la brisa de la mañana. Lástima que luego hay que cerrarlo todo porque todo ese ruido y esa contaminación te enferman la vida—dijo la mujer, mientras cerraba las ventanas y las puertas corredizas de vidrio. Luego, encendió los aires acondicionados y cerró cortinas y persianas.

Aquel apartamento había quedado práctica y herméticamente cerrado. Las puertas y ventanas tenían unos remates que impedían que entrara aire externo, habían instalado allí un sistema de extracción de humo y purificación de aire con filtros especiales. Además tenían máscaras antigas y un botiquín especial con atropina y otras medidas de sanidad en caso de ataque con armas químicas o biológicas.

El hombre no decía nada, la mujer le estaba rindiendo un informe. No hablaron del último atentado, por cierto. Ella le mostraba fotos, hojas de informes, papeles oficiales y sobre todo, señalaban en mapas distintas locaciones.

Luego, de terminar aquella reunión, la mujer tomó lo que había usado y fue a la cocina, que tenía una llama encendida, colocó los papeles en la llama y cuando se encendieron, los echó en un tobo de metal, al cual le agregó un chorro de kerosene, que avivó la llama y garantizó que aquel conjunto se quemara. Luego encendió el extractor de humo.

Nadie sabría, aparte de ellos dos, qué decían esos papeles.

El televisor empezó a transmitir desde Venezuela. Desde la mañana, se habían dado ciertos cables informativos, sobre los atentados, pero como no se podían corroborar, no podían ser transmitidos oficialmente.

Además, la represión de la dictadura había ceñido su mano contra los medios: enviaron emisarios que comunicaron la orden expresa de no decir nada sobre los atentados hasta que el mismo gobierno diera el parte oficial.

—será divertido, hasta cierto punto—dijo la mujer, en tono sarcástico.

—siempre y cuando no nos maten—dijo el hombre, devolviendo el sarcasmo.

Estaban preparando un envío masivo de data a través de las redes sociales, pero primero, preparaban la seguridad, conectándose a través de redes que ocultarían los rastros de las conexiones que estaban usando.

Además, se trataba de mucha información, así que estaban coordinando los paquetes y haciendo los contactos. Un ejército de ciberactivistas ya estaban preparados; pero no sabían de lo que se trataba. Algunos ya habían dicho que se trataba de una trampa, o de una nueva treta para dañarlos. Otros, decían que era información para distraer. Algunos dijeron que se trataba de lanzar algo grande para mover a los Annonymus y los Guys Fawkes y así descubrir sus identidades reales.

Nada más alejado de la verdad: la mujer había seguido al hombre en los primeros atentados, había filmado todo aquello y estaban por publicarlo. Junto con una declaración.

El presidente trabajador estaba asustado, lanzado gritos y órdenes. Los militares lo veían con ojos de pocos amigos, pero allí nadie estaba pensando en derrocarlo. Y no se trataba de cuestiones de honor y fidelidad, era cuestión de salvar el pellejo y llenar el bolsillo.

El presidente comenzó hablar. Todos le veían con miradas interesadas, aunque por motivos distintos. Había 12 ministros en el palacio. Aparte de los que estaban muertos, otros estaban en sus ministerios y otros en sus casas. Algunos estaban en el interior de país y otros estaban movilizándose.

“ha comenzado la ofensiva final del imperialismo. Están atacando al gobierno en su poder ejecutivo, para sembrar miedo generalizado en nuestras filas y sembrar el ánimo alcista en los opositores golpistas.” Dijo el presidente, todos lo veían con miradas atentas.

“están matando a nuestros camaradas que están librando la lucha heroica por la patria, la misma lucha que libraron Guaicaipuro, Bolívar y Chávez” en ese momento, los aplausos comenzaron a sonar.

“Tenemos informaciones. Tenemos a nuestros efectivos de los cuerpos de Seguridad e Inteligencia investigando. Responsablemente podemos decir ante el país y el mundo, que una conspiración internacional liderada por el imperialismo yanqui, apoyada por factores internos de la ultraderecha; están en proceso de generar una situación que propicie un golpe de estado o una guerra civil generalizada, que justifique una intervención militar extranjera. ¡Eso no lo

vamos a permitir, carajo!” dijo, y la gente se puso de pie y comenzó a aplaudir y a gritar consignas revolucionarias y patrióticas:

“¡Uh Ah, Chávez no se va”!

“¡Chávez vive, la Patria sigue!”

“¡Alerta Alerta, / alerta que camina / la espada de Bolívar / por américa Latina!” “¡Pecho al frente, rodilla en tierra!”

Y un montón de aplausos que se fueron apagando a medida que los gestos del presidente trabajador pidieron calma para seguir hablando. Aquella escena estaba funcionando a la perfección.

“hemos tratado por todos los medios de mantener la paz. Hemos sido hasta permisivos. Hemos cedido. Aceptamos la derrota momentánea en las elecciones y estamos seguros que el pueblo ha recapacitado. Aceptamos que intentaran hacer el referéndum revocatorio, con todas las trampas que hemos demostrado a la sociedad venezolana y la mirada internacional que la oposición golpista y antidemocrática usó para activar aquel mecanismo que estipula nuestra sagrada Constitución, obra de nuestro Eterno Comandante, que murió defendiéndola y que nosotros hemos jurado también defender” por surrealista que aquello fuera, el presidente trabajador hablaba con furia y lágrimas en los ojos, pero en cierta forma, había una especie de control en sus expresiones, en su voz, en sus gestos. Lamentablemente, solo un ojo atento podría darse cuenta de esos detalles.

Siguió hablando, mencionando la problemática del país. La mujer se levantó y dijo que iba a hacer cotufas. El hombre, sentado en la silla viendo aquel espectáculo propagandístico, tomó la jarra de café y se sirvió una taza, con crema y un toque de canela.

“desde esta madrugada nos han estado atacando, usando la mejor tecnología militar, comandos entrenados para operaciones especiales de sabotaje y asesinato, con la misión de asesinar a los altos cargos del gobierno revolucionario, con el fin de debilitarnos y permitir que los factores violentos de la oposición tomen las calles. Y ya lo están haciendo. Han muerto tres de nuestros ministros y en el este de Caracas, una considerable manifestación ha estado empujando a la policía y guardia del pueblo.”

El presidente trabajador estaba en una frenética perorata mientras hablaba de la supuesta conspiración. En el apartamento, los dos del credo comían cotufas y tomaban café y comentaban lo que estaba diciendo aquel sujeto, que lejos de intimidarlos, era para ellos una fuente de diversión.

La transmisión hacía tomas de los asistentes a la alocución presidencial. Aquella era una manera de pasar la lista de quienes se mantenían cercanos, y por tanto, fieles al régimen. Quien no estaba allí y no tenía motivo justificado, entonces debía ser conspirador.

— ¿Notaste que no hay muchos militares? —dijo la mujer, mientras tomaba un puño de cotufas para comerlas.

—es verdad—el hombre hizo una pausa mientras veía la pantalla. Luego dijo:

—de verdad que uno puede llegar a creer que esta gente ensaya frente a un espejo el flujo de sus mentiras—dijo, mientras señalaba con un dedo a un personaje de los medios que andaba entre dos aguas.

—algunos sabes que siempre van a estar pescando en río revuelto. Han estado toda la vida entre ambas aguas. Si una se va, se pueden unir a la otra; pero si esta se queda, tampoco pierden nada—dijo la mujer, e hizo un gesto de asco. Y no por lo que estaba comiendo.

“he ordenado a la fuerza armada nacional bolivariana, a la policía, al SEBIN, a la milicia nacional bolivariana a que inicien maniobras de despliegue operacional a fin de garantizar la seguridad y soberanía de la patria. Les ordenamos a los manifestantes que regresen a sus casas. ¡Ustedes están en la mira! Sabemos que están planeando matar a manifestantes, como el 11 de abril, ¿Se acuerdan? Así mismito, pues.”

La mujer hace un gesto exagerado de sorpresa y le dirige la mirada al hombre y le pregunta:

—¿Tú vas a matar a manifestantes? —y le pregunta, apuntándole con el dedo índice.

—¿Yo? —exclamó el hombre, con sorpresa e imitando el gesto exagerado de la mujer—no, la verdad es que sólo voy pendiente de matar mierda chavista, comunista, socialista, castrista, guevarista y otras vainas raras de esas—y lo hizo imitando el acento del habla de los campesinos. La mujer se reía. Ambos se divertían con aquella propaganda. Pero también veían el peligro.

La mujer se levantó y fue a buscar un mapa de Caracas. Allí señaló varios puntos importantes y tenía marcadas las zonas donde estaban bases militares, ministerios, dependencias oficiales y otros puntos estratégicos.

—no, no. Espera. Esto está muy bueno. Estos tipos… —dijo el hombre, que no quería dejar de ver el mensaje, no sólo porque le divertía, sino porque en el fondo estaba buscando a alguien en el público.

“A Allende lo mataron. No, él se suicidó. Él defendió su presidencia en su Palacio. Defendió la dignidad de Chile. Pero ¡la Ultraderecha y el imperialismo yanqui, hermano! Esos son muy peligrosos, los compraron a todos, a través de ese traidor, de ese Pinochet… Allende fue noble, les dijo a todos que se fueran, que si los militares lo traicionaban y Chile se entregaba, no iba a exigirle a los suyos el sacrificio máximo… eso es nobleza. ¡Qué bonito, vale!”

Ellos estaban haciendo chistes sobre la forma poco versada de hablar del presidente trabajador.

“entonces decreto acuartelamiento en las instituciones del gobierno, en las comunas, en las UBCH, en todas las dependencias militares… a los barcos de la armada, que están navegando, patrullando nuestras aguas soberanas, les ordeno que estén en alerta máxima, en combate; estamos bajo ataque, compadre. Aquí en Miraflores ya he ordenado a la Guardia de Honor que tome posiciones y he ordenado el despliegue de las baterías antiaéreas… porque así fue como derrotaron a Allende, con aviones…”

El hombre perdió el interés en la transmisión y la mujer escribía sobre la superficie plástica con que estaba revestido el mapa. Estaban tomando notas, marcando posiciones, la mujer escribía notas en post-it y el hombre anotaba y trazada rayas. Aquellos dos estrategas estaban diseñando la guerra del presente, la guerra posmoderna.

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