relato corto
En definitiva no me agradas- comento la joven inexperta, mientras lo observaba con cierto desdén.
-y ¿se supone que tengo que agradar?
-no... no debería pero, pienso que deberías ser más condescendiente con las demás personas. no crees?
-mmm- guardo silencio por un momento- supongo, no ha sido mi mejor introducción; permíteme compensarte
-bueno...
-aprovechando que ya hemos iniciado una conversación, no desestimare la oportunidad de continuarla para argumentar mis métodos- respondió, impidiendo si quiera que ella reaccionara- ¿que seria del hombre si no utilizara su raciocinio para mantener interesantes e intrépidas charlas fugases con sus semejantes? resulta que la vida es un compendio de trazos que forman una obra, vista en su totalidad pero con su debido detenimiento;
y !así¡ es como se analiza una obra de arte- hablaba sin siquiera despegar la mirada de ella, con leves muecas sonrientes, mostrándose agradable ante sus ojos, pero oculto detrás de esta se hallaba cierta insolencia en su comportamiento- "y la vida es arte y el arte es vida", como los antiguos maestros pintores en su tiempo notaron tal relación y por tanto lo plasmaron en sus linos y así es por lo tanto que he llegado a la conclusión siguiente:
el arte esta en todo, solo debes amaestrar tu ojo para lograr ver mas allá- levantándose, observo a su alrededor, volvió su mirada a ella- ¿ves belleza en este lugar?
ella obedeció, luego de un instante fijo su mirada en algo y sonrió- si, la veo- señalando un pequeño florero con algunas rosas rojas. él volteando hacia el lugar que señalaba
-¡oh, querida!, tienes una agudizada manera de ver la sencilla belleza de la naturaleza. pero si me permites- colocándose detrás de ella, hizo un cuadro con sus manos y poniéndolo a la altura de los ojos de ella, marco un lugar- ¿que ves ahora?
-solo desorden, oh, espera al menos que
-al menos que hablemos de arte contemporáneo, pero ¿como puedes ver belleza en el desorden? permíteme- y tomando una silla y la mano de ella, se dirijo con ambos elementos fuera de la fiesta; en medio de la calle coloco la silla y como buscando algo permaneció un rato- ¿que ves ahora?- le pregunto luego de haberla sentado
-debería ver algo en especifico o solo quieres que observe?- respondió ella, cubriendo con ambas manos sus rodillas desnudas, mientras girado su cuello y abiertos sus ojos observaba buscando en él alguna información que podría sacar. la intriga y el miedo la envolvían, estaba en una situación de desventaja y en un lugar abierto, el chico había ganado terreno, sin dejar si quiera que ella pudiera pensar en otra cosa; pero aun así quería llegar al fondo
de aquella extraña pero llamativa conversación.
-imagina que estamos en un museo observando obras- respondió, cuando notó que la chica desviaba sus pensamientos
-¿en medio de la calle?
-cierra los ojos por un momento- le susurro a su oído mientras con tacto colocaba sus manos en sus hombros- imagina que lo que tienes frente a ti no es solo una calle y el lugar donde estamos no es solo parte de la calle; ¿puedes imaginar eso?
-¿y en donde estamos?
-en una galería, analizando una obra de un gran artista; pero lo que nos importa a nosotros no es realmente donde estamos, si no lo que estamos viendo y ahora abre los ojos. ¿que ves?
-una enorme pintura frente a mi
-ahora estas viendo un dibujo- haciendo de nuevo un cuadro con sus manos, le mostró- ¿que ves ahora?
-un faro y la luz que este emite
-y se refleja en el carro que esta abajo de el- lo dijo mientras colocándose lo mas cerca del rostro de ella, para que ambos pudieran mirar dentro del improvisado cuadro hecho con sus manos- tenemos luz, tenemos colores que se degradan desde el azul intenso hasta perderse en la espesura del negro que a su vez este lo realza, hay curvas y lineas, degradados que se funden...
-lo veo- dijo sonriendo como cuando era niña y se maravillaba por lo que sus ojos contemplaban
entonces quitando el cuadro hecho por sus manos y dejando aquel lienzo completo, noto aquella sonrisa alegre y maravillosa, como sus ojos marrones brillaban bajo la luz de aquellas luces artificiales, el delineado oscuro, los resaltaba con tanta gracia que ameritaba verlos con detenimiento; colocándose frente a ella volvió a utilizar su rebuscado cuadro, esta vez enfocándola a ella por completo
-¿que haces?- pregunto, curiosa la niña
-observo
-¿que ves?
-arte.