SpanishChallenge #19 [Relato] - Las Tierras Benditas de Isora

in spanishchallenge •  2 years ago  (edited)

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Decidir volver pero con un acompañante no fue fácil, habían tantos recuerdos en esa arena que no sabía como mi corazón iba a reaccionar al hecho de que iba a romper el silencio e iba a hablar de mi dolor con alguien.

- ¿Algúna vez te imaginaste que ibas a vivir esas historias de veranos inolvidables? Yo sí, pero al final mi historia no tiene que ver con chicos, ni fiestas, ni amores fugaces; mi historia fue un poco diferente ¿Sabes?

- Si quieres puedes contarme Isora, sabes que estoy aquí para ti.

- Si, lo sé.

Solo pensar hablarlo dolía, solo recordar dolía; saber que iba para esa playa, mi playa, dolía y era un dolor intenso, de esos que te cortan la respiración. Debía hacerlo, no podía vivir así solo debía ir y dejarlo ir, soltar todo.

Amaba que fuera Matías el que me acompañara, no imagino estar de vuelta con nadie más. Él es simplemente un regalo del cielo para mí, él lo sabe y yo también. Cuando estás muy habituado a ser tu contra el mundo es raro que aparezca alguien más, da algo de miedo y te desequilibras un poco pero a la vez, es agradable cuando vas a soltar tus penas a ese lugar importante y al mirar a tu lado ves a alguien que no te juzga, que no te critica sino que te ayuda y apoya porque te ama; para mí, ese alguien es Matías.

El silencio estaba apoderado del auto, solo escuchábamos la brisa fría chocar con nuestros oídos. Yo estaba sumida en mis pensamientos viendo por la ventanilla aquel camino que alguna vez tanto amé, ese camino que en veranos pasados fue de fiesta ahora solo traía una nostalgia fría que se aglomeraba en mi pecho, impidiendo respirar bien. Estaba ahí con ese nudo en la garganta y el caudal de mis lágrimas a punto de romperse cuando lo noté, la playa ya se veía al fondo.

- Ya estamos llegando - dijo Matías

- Puedo notarlo - respondí tratando de que mi voz no se convirtiera en un sosoyo.

Quince minutos después ya Matías estaba aparcando el auto. Yo sentía un revoltijo de emociones dentro, sabía que parte de soltarlo era hablarlo con alguien estando aquí. Estaba agradecida de que ese alguien fuera Matías pero igual no era fácil, yo no acostumbro a quebrarme y sabía que al hablar de lo que pasó ese verano, las olas del mar que llevo dentro iban a abrazar las olas de esta playa, nuestra playa.

Bajamos del auto y Matías se acerco a mi tomando mi mano. Yo le mire y ahí estaba él con su sonrisa pacifica, esa que me da algo de fuerzas. Instintivamente cerré mis ojos, respiré profundo y terminé caminando mecánicamente hacía la orilla, "es tiempo" me repetía una y otra vez. Al llegar a la orilla estiré sobre la arena la toalla que había traído y ahí estábamos ambos sentados, solo mirando la playa gris con sus olas blancas y su cielo nublado lleno de aves.

- Bien, ahora sí. Habla Isora.

Respiré y empecé a hablar sin quitar los ojos del mar:

Hace algunos años esta playa era mi lugar favorito en el mundo. Venía cada verano, cada día festivo junto a mi hermana, ella era surfista y yo era su fotógrafa. Cuando te decía acerca de la historia de verano era porque en esta arena y en esas olas blancas que ves al frente quedó marcado uno de los sucesos más fuertes que he vivído.

Como te dije hace un tiempo, yo nací en una isla del caribe venezolano. Soy la menor de tres hermanos, mi hermano mayor se llama Lucas igual que mi abuelo, ahoríta debe tener 32 años; el vive en Europa, se fue cuando tenía 21 años a estudiar y como mi abuelo era Italiano, le dieron la nacionalidad rápido; él nunca más volvió, hizo su vida en La Toscana. Mi hermana... Tuve que hacer una pequeña pausa, el nudo de la garganta golpeó con fuerza, sacando algunas lágrimas esta vez. Él tomo mi mano y yo me aferré a la de él, luego de un respiro, continué:

El nombre de mi Hermana, era Marina. Mi madre decía que le dió ese nombre porque al nacer sus ojos le recordaban el azul cristalino del mar caribe. Ella tendría hoy 26 años...

De nuevo el nudo, pero ahora si los sosoyos llegaron con él.

- Tu puedes amor, sigue.

Ella desde niña amaba el mar, yo no. Ella era como una pequeña sirena nadando todo el tiempo en cambio yo ¡Ja! Si las olas estaban algo fuertes, no paraba de gritar. Era un contraste muy extraño, ella era intrépida y brillaba con luz propia, yo por su parte era todo lo opuesto como ya puedes notar. Marina practicaba surft desde niña, yo estudiaba arte y pintaba; para ella yo era la estrella y para mí ella era la luna. Amaba a mi hermana ¿Sabes? No eramos como esas hermanas que viven en guerra, nuestra relación era pacífica. Cuando nuestros padres se fueron de este mundo en ese naufragio, aunque nuestros abuelos no nos dejaron, nosotras nos dábamos fuerzas; ella siempre estaba en mis colapsos como la fuerte y otras veces yo era la fuerte y ella era la que colpsába. Siempre fuímos muy unidas, eramos hermanas pero eramos amigas, las mejores amigas. Cuando vinimos a este país a estudiar, supimos de esta playa desierta. Si bien la gente tenía razón en lo fria que estaba el agua, a ella no le importaba, ella solo amó la soledad y la fuerza de sus olas.

Hace tres años, ya teníamos un grupo de amigos, vinímos al inicio del verano con ellos.
Todo iba bien, ella estaba haciendo lo suyo y las fotos estaban quedando de maravilla. Salió del aguan con esa cara de satisfacción después de hacer una ola perfecta, ella era la luna y nosotros sus espectadores. Los chicos y yo mirábamos las fotos y mientras otro le enseñaba parte del vídeo, es que estábamos haciendo material para que abriera su cuenta en instagram como surfista. Ella estaba feliz e increíblemente emocionada, no dejaba de alardear de "la gran idea de Isora", decía una y otra vez, "no se que haría sin ella". Mientras estábamos ahí comiendo snacks, todos concordamos en que eran necesario unas ultimas tomas para el vídeo, ya eran las 5:00pm y el mar estaba muchísimo más picado. Recuerdo haberle dicho para venír otro día porque las olas estaban más fuertes y la corriente estaba empujando hacia las rocas, ella me dijo que me relajara que todo estaba bien.
Alboroto mi cabello como siempre y se fue al mar. Esa fue la última vez que hizo ese gesto,
esa fue la ultima vez que ví sus ojos de cielo vivos...

Las lágrimas aparecieron pero ya no quería parar, tenía que dejarlo salir, debía dejarlo salir ya era demasiado tiempo con ese dolor retenido, me estaba succionando la vida, tenía que hacerlo. Entre lágrimas continué:

Ella fue y eligió la ola más grande, de inmediato supe que las cosas no iban a estar bien, esa ola iba a alcanzar unos 5 ó 6 metros y yo sabía que ella no iba a poder domarla, no estaba acostumbrada y nadie la entrenó para olas tan grandes. Lo que no sabíamos era que una tormenta iba a azotar las costas del atlántico y estábamos justo ahí en medio de la nada sin equipo de salvamento, lejos de la civilización. No había nada que hacer, la ola... Se tragó a Marina como si fuera una ballena gigante y la llevó directo a las rocas, instintivamente corrí y grité. Recuerdo que uno de los chicos me sostuvo mientras otros dos se lanzaron al agua en su búsqueda, las chicas y yo corrimos hacia aquella parte de la orilla, ¿la ves? - señalé con mi mano mientras mis lágrimas seguían derramándose como un aguacero - Pasaron, cinco, diez, veinte y ya lo sabía, ella ya no estaba con vida. Una hora después la tabla flotó cerca de las rocas, los chicos la sacaron y ahí estaba mi hermanita fría como el agua y tan pálida como las olas blancas de esta playa... Ya no estaba entre nosotros, ella se fue. Mi amiga y hermana ya se había ido y yo estaba sola, por primera vez estaba sola.

¿Sábes que fue lo más increíble? Que no solté ni una lágrima en ese momento, tampoco en su funeral, ni el día de su entierro. Vengo aquí cada que puedo y suelo llamar a esta playa mis tierras benditas. La llamo así porque en ellas están marcadas las ultimas memorias que tengo de mi hermana feliz y esta es la primera vez que lloro en estos tres años. Aunque suene extraño, son mis tierras benditas, aquí la recuerdo corriendo con su tabla y su cabello mojado, con su sonrisa de sol y sus ojos del color del caribe. Mi querida Marina, esta arena esta llena de ella y las olas de sus estrellas.

- ¿Estás riendo mientras lloras? - Dijo el mientras yo apoyaba mi cabeza en su regazo.

- Eso parece. Supongo que es porque siento como el dolor fue saliendo y eso, se siente bien.

- Si tú estas bien, yo estoy bien.

Luego de un largo rato de silencio, ya no tenía lágrimas sino paz y en un susurro pude decir adiós a Marina.

- Isora... - Dijo él rompiendo el silencio.

- Aquí estoy. - le respondí apartandome un poco para mirarle.

- Creo que sé el porqué tu hermana veía que la que estaba llena de luces eras tú. - eso no lo ví venir.

- ¿Si? ¿Por qué?

- Porque solo alguien que es como el sol y la luna que hace brillar el mar, puede llamar al lugar donde su hermana murió sus "tierras benditas". Isora, eres fuerte y optimista, estoy orgulloso de ti. Muchas gracias por invitarme a tu vida, por traerme a Las Tierras Benditas de Isora. -

Eso lo dijo con esos ojos cafés llenos de luces, él realmente estaba agradecido de que yo estuviera en su vida, lo sabía porque también veía esa mirada en Marina.

- Me siento como el ganador de un gran premio - dijo en forma de broma mientras reía.

- Jajaja pues, no eres el único. Yo siento que me gané un premió contigo. Gracias por ayudarme a dejarlo ir.

- Gracias por confiar en mí, mi dulce Isora. ¿Qué dices si volvemos a ese café que tanto te gusta por una buena taza de chocolate con malvaviscos?

- Eso suena genial. Vamos.

- ¿Volveremos el próximo verano? - me preguntó mientras me levantaba.

Me quedé mirando a mi alrededor mientras sacudía la arena de mi pantalón. Miré el mar, las aves, las rocas, mire la sonrisa de mi hermana. Suspire un poco y solo dije:

- Creo que no. Me parece que es tiempo de crear nuevos recuerdos en nuevos lugares.

- Esa, es mí Isora.

Lo que pasó después, ya es otra historia.

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