CRÍTICA DE PELÍCULA: "Bao" (2018)
Sinopsis: Sofrendo con la ausencia del hijo, una madre vuelve a ver sentido en la vida cuando una de las galletas que preparó cobra vida. Ella entonces comienza a cuidar de la criatura dándole todo el amor y el cariño. Pero, de forma inesperada, crece y gana independencia, dejando a su creadora triste una vez más.
Por diversas razones, el mundo de las películas en cortometrajes sigue siendo a menudo subyugado por muchas personas como proyectos que no tienen tanto impacto por su demanda de tiempo en pantalla ... Es decir, es como si ese público sintiera la necesidad de un tiempo mayor para que las historias puedan ser desarrolladas de una forma más completa.
Sin embargo, Bao (una de las animaciones más recientes de los estudios de Pixar) consigue cambiar esta visión con facilidad y nítidamente muestra cuánto una película puede ser tan fascinante y decir tanta cosa importante en menos de 10 minutos.
La trama se pasa en la ciudad de Toronto (Canadá) y acompaña a una mujer china canadiense que un día decide hacer una galleta de masa y el mismo - sin mayores explicaciones - acaba ganando vida. Desde entonces, usted comienza a crearlo como un bebé de verdad. Él crece y va pasando por las demás fases en la vida de un ser humano hasta que llega el momento de salir de casa y la historia sigue un rumbo inesperado.
En medio de varios momentos puntuales cargados de sentimentalismo y emoción, el guión trata específicamente de dos temas muy importantes: la soledad del ser humano y el síndrome del nido vacío. Utilizando la forma lúdica para contar una historia con todo el simbolismo que ella necesita demostrar, la narrativa invierte en muchas memorias afectivas que captan el sentimiento de santuario en una gran parte de la ausencia con cierta facilidad.
En el caso de las madres, padres o hijos... La película trata sobre todo del crecimiento personal de las personas (algo que por sí solo es extremadamente complejo y desafiante). Seres humanos que como ciudadanos del mundo, alimentan la idea de que un día hay que dejar la casa de los padres y desbravar lo máximo de lo que hay esparcido por los cuatro rincones del planeta.
Dentro de ese escenario la historia se va construyendo tranquilamente y explora la relación entre madre e hijo de manera orgánica, haciendo eso con una atmósfera que mezcla el realismo y el surrealismo con un toque muy envolvente y que hace la experiencia de ver esa película en algo aún más cautivante (principalmente por la sencillez en los mínimos detalles que se ven en la pantalla).
Dirigido y escrito por Domee Shi (que además hizo un gran trabajo presentando y destacando los puntos claves que, de alguna forma, tocan el alma del público), la película fue el ganador del Oscar a Mejor Cortometraje de Animación de ese año. El premio no podría haber sido más justo, considerando la amplitud de su calidad y el poder de reflexión que tiene en su esencia.
Sin duda olvidar sus cualidades técnicas (al final... estamos hablando de un trabajo de Pixar), el trabajo de CGI es sensacional y el realismo es de llenar los ojos porque los rasgos que dan vida a los carismáticos personajes son de una precisión envidiable . Añada esto a una banda sonora acogedora, a una paleta de colores bien escogida y una fotografía bien transparente y no tiene como equivocarse ... ¡Es calidad garantizada!
Bao es aquel tipo de película que ofrece a los espectadores la sensación de bienestar consigo mismo y también un campo listo para que haya un debate sólido sobre cuestiones esenciales en medio de la madurez de la vida... Eso por qué lleva consigo mensajes que deberíamos guardar con nosotros para siempre y desde allí, tratar de convertirnos en una mejor versión todos los días.