Insomnio, el ciclo sin fin

in #spanish2 years ago (edited)

¿Has tenido algún hábito o comportamiento que sabes que debes abandonar, pero te resulta físicamente imposible? Yo también, por eso no he podido dejar la leche en polvo con azúcar. No obstante, la leche azucarada no es lo que me motiva a escribir estas líneas.

Amigos, el insomnio (lo siento, me quería sentir como Chumel Torres por unos segundos). Lo sufro desde hace una o dos semanas, y siento que me volveré loco como continúe por una semana más. Así que heme aquí, intentando escribir un artículo, descargando, desahogando. Quejándome, como cosa rara. Todo con la esperanza de que la narrativa que rige mi vida vea esto como la consecuencia de dos semanas de tortura, y entienda que ocurrió un mínimo de cambio en mi personaje. Lo suficiente para que se detenga.

Pero mejor será no irme por las ramas desde el inicio, y, en cambio, comenzar por explicar qué es el insomnio… uf, me la puse difícil. Según Google, el insomnio se define como «problemas persistentes para dormirse y permanecer dormido». Sí, pero no. El insomnio es todo eso, pero a la vez es mucho más. También se le puede llamar «Trastorno del sueño». Ese término, tan médico, tan técnico, tan pecho frío demuestra cómo la ciencia puede fallar de forma contundente en atrapar los conflictos humanos, en especial aquellos que trascienden el mundo físico y afectan el espíritu. Mírenme, hablando de espíritus cuando proclamo no creer en esas cosas. Estas dos semanas han sido terribles.

El «trastorno del sueño» es algo muy raro. Si se ve de forma superficial, podría ser comparado con no poder comer cuando tienes hambre, y no tener hambre a la hora de la comida. Eso, durante 14 días, deben entender, deteriora poco a poco la salud del individuo. Pero nada de lo que acabo de escribir refleja la frustración de no ser capaz de comer, o dormir en mi caso —debería dejar las analogías que de poco ayudan. Es complicado para mí explicar con efectividad todo lo que me ha sucedido estas dos semanas con una escritura como esta; por lo tanto, procederé a hacer uso de lo que me parece la mejor herramienta para lograr que las personas simpaticen con situaciones ajenas: echar el cuento.

photo-1517898717281-8e4385a41802.jpg Fuente.


Los primeros días de insomnio son, como es predecible, los menos frustrantes. Te acuestas a una hora más que razonable, que te permita dormir alrededor de ocho horas sin despertar a mediodía. Y al cerrar los ojos, cubierto por sábanas y con una almohada bajo la cabeza, preparadísimo para caer inconsciente, notas el problema. No logras conciliar el sueño, eres incapaz de sentir una pizca de somnolencia en tu sistema. Como es natural, en primeras instancias no lo atribuyes a un trastorno del sueño. Por un par de días encontrarás otros objetivos a los que echarles la culpa, ya sea el calor o los vecinos que no pueden dejar de perrear en la madrugada de un sábado.

No es hasta pasadas algunas noches que notas algo raro, un patrón que se desenvuelve ante tus ojos. Esa noche de ligera lluvia y viento fresco, silenciosa y tranquila, te das cuenta que tienes insomnio. Entiendes que se reunieron los elementos necesarios para crear la noche perfecta, e incluso así te mantienes consciente, no caes rendido. Es en ese momento que la vida se te viene abajo. Allí, arropado y con los ojos abiertos, despierto como si fuera mediodía, te invade la desesperanza. Pasada la medianoche, la idea de dormir permanece distante, y por un momento sientes que el único escenario posible es mantenerte despierto toda la noche.

Te levantas rápidamente y sales de la habitación. Entras al baño más por moverte un poco que por real necesidad. Cuando eres consciente de la situación, quedarte acostado con los ojos cerrados, mientras estás tan despierto como un asiático al otro lado del planeta a la luz del día, parece de repente algo muy estúpido; a nadie le gusta sentirse estúpido. Abres la puerta del baño y regresas a tu habitación. Vuelves a salir. De repente te entran ganas de tomar agua. Ahora sí, de regreso en tu habitación, te metes bajo las sábanas convencido de que vas a lograr dormir. Son las tres de la mañana, claro que vas a poder dormir.

No puedes dormir. Yaces sobre un costado, te volteas y acabas mirando hacia el otro lado, sólo para regresar a la posición original poco tiempo después. En una de esas, acabas con la mirada fija en el techo, lo inspeccionas a través de tus párpados, con ojos cerrados pero despiertos. Te desarropas. Volteas la almohada para intentar aprovechar aquel rincón de la funda que se mantiene frío. Te vuelves a arropar. Te despiertas; abres los ojos y ves la habitación oscura en la madrugada, pero sabes que dormiste algo. Sólo han pasado 15 minutos desde la última vez que viste el reloj. ¿En serio se puede estar dormido por tan poco tiempo?

Te sientas en la cama, no sabes qué hacer. Ves a tus alrededores, sumidos en una oscuridad propia de la hora que es. El paisaje y todo aquello que lo compone duerme, menos tú, que aun intentas conciliar el sueño sin éxito. Por patético que parezca, te dan ganas de llorar, pero sabes que no vas a lograr alcanzar el llanto por no poder dormir; una parte de ti realmente quisiera poder llorar, a lo mejor eso te cansa los ojos y te permite dormir. He compartido en el pasado mi aprecio por la tranquilidad de la madrugada; resulta ser el mejor momento para reflexionar y realizar trabajos creativos. Eso es cuando te quedas despierto por voluntad propia. Si quieres dormir y una entidad incorpórea, y probablemente inexistente aunque no por ello menos malvada, te lo prohíbe, no hay lugar a reflexión.

Abres los ojos, esta vez con verdadero cansancio. Es de día. Ves al reloj, y éste te responde dándote la hora. Poco más de las 6 de la mañana. No sabes cuándo te quedaste dormido y, de hecho, sientes que no has dormido en absoluto. En un simple parpadeo la habitación se iluminó y tu cuerpo se hizo varias veces más pesado. Ahora sí tienes sueño, pero ya no es hora de dormir.

Pasas todo el día somnoliento pero lo aguantas como un campeón. Tienes un plan maestro: soportar el sueño durante el día para así poder dormir en la noche. El punto de mayor dificultad golpea alrededor de las 2 de la tarde, cuando la cama te llama a gritos para que eches una siesta. La ignoras por completo. No piensas pasar por otra noche igual.

Cerca de la hora de cenar vas notando la dura realidad; poco a poco el sueño se comienza a desvanecer. A cada hora que pasa sientes los párpados más livianos. Lo intentas ignorar pero es una verdad que está ahí y de la que no puedes escapar. ¿Cómo es posible? De día se trabaja y de noche se duerme, es algo que el cuerpo humano tiene programado desde hace miles de años. Pero aquí estás tú, con el sueño reconfigurado para que funcione al revés. ¿Acaso el gato entró una noche a tu habitación y reescribió algunas líneas de tu código, sólo para jugarte una broma pesada? Suena posible.

Llega la hora de dormir. Terco, te vas a la cama, te arropas, acomodas las almohadas y cierras los ojos. Unos veinte minutos después aceptas tu nueva realidad como animal nocturno. No sabes qué vas a hacer para recuperar tu humanidad. Fijas los ojos en un punto cualquiera de la habitación y te concentras. No pasa nada. Ojalá la vida fuera como una caricatura, y de madrugada salieran pequeños duendes rosados de las paredes para vivir sus vidas de pequeños duendes rosados. Así al menos tendrías entretenimiento de calidad. Te levantas, buscas un vaso de agua y enciendes el televisor. Mientras fantaseas con poder dormir con normalidad, te resignas a ver Condecop en Venevisión a la 1 de la madrugada. Esta será una noche muy larga...

Sort:  

Cuando ya tengas varios días escuchando el cantar de los pajaritos, busca ayuda.

Así sea "inconscientemente" podemos ser víctimas del insomnio por cosas que creemos a simple vista que no están perjudicando nuestra psique profundamente, como por ejemplo, "en éste país no tengo futuro alguno".

Mientras lidias con la aceptación de lo que sea que te esté preocupando tanto, prueba con establecerte rutinas para antes de dormir: bañarte, hacer cosas en específico, estructurar tu día, una serie de actividades que empiecen a enviarte el mensaje "se acerca el fin de tus horas despierto" y todo lo más alejado posible de la cama. Aunque no lo creas si empezamos a hacer demasiadas cosas en el cuarto o sentados en la cama la relación de nuestro cerebro con la idea de "la cama y el cuarto son para dormir" se rompe y empezamos a pagar las consecuencias con tokens de insomnio.

Ok, cada vez pienso más que eres mi ángel de la guarda; eres una pajarita que va por ahí volando y de vez en cuando me suelta consejos llenos de sabiduría (?).

He estado informándome un poco al respecto, y leí que al parecer el insomnio está muy relacionado con la ansiedad y la depresión. Así que ahora ando con un peo mental de "yo pensaba que estaba de pinga pero al parecer ando con una depresión bien intensa" y no sé muy bien qué hacer. Ciertamente no me siento especialmente deprimido, pero ahí entra también el hecho de que no sé muy bien cómo se siente estar deprimido o.o

La buena noticia es que ya no estoy sufriendo un insomnio tan rudo como cuando escribí este artículo. Me cuesta un poquito quedarme dormido, pero es principalmente porque no me da sueño a la hora que debería, no me siento especialmente cansado. Pero alrededor de las 11-12 me da sueño, y al acostarme me logro quedar dormido en menos de diez minutos. No es óptimo pero oye, es un avance. Es mejor que estar deprimido (?)

Es que yo soy de esas que cuando veo a alguien sufriendo algo que ya yo he pasado, me siento en el deber, obligación y responsabilidad de ayudar, y te lo dice alguien que hasta se compró libros de "cómo dormir" xD. En estos días me empecé a poner con hábitos extraños de sueño así que saqué la computadora del cuarto y mudé mi centro de operaciones a la sala para evitar estar ahi trabajando lo más que pueda y entrar en modo "hora de dormir" cuando toque la cama.

Nuestro cuerpo manifiesta nuestras inquietudes así nosotros con negación u omisión hagamos como que no existen. Inevitablemente mientras vivamos bajo este peo, estamos estresados, angustiados y sobrecargados de incertidumbre de lo que será nuestras vidas.

Por ejemplo yo aunque reniegue de mis preocupaciones ocupándome en otras cosas, cuando me saturo me da algo como lechina con sarna espontánea y ahí es que empiezo a ocuparme de los problemas personales xD, creo que es que ya agoté mi cuota de insomnio por estrés, aunque cuando tengo que levantarme muy temprano resuelvo el sufrimiento de madrugar no durmiendo, así "no tengo que levantarme temprano porque ya estaré despierta".

Lo importante es que cuando notemos esas irregularidades en nuestros hábitos o nuestro cuerpo es que internalicemos para aceptar y resolver cualquier detonante.

se aleja volando con una aureola y un paragüas


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