PÉRDIDA IRREPARABLE
La muerte de un familiar es siempre un momento difícil y doloroso y tiene consecuencia psico- afectivas. El proceso de duelo tiene varias fases, si es vivido normalmente conduce a la aceptación de la muerte del familiar y a una progresiva adaptación de la nueva situación. En general tiene un tiempo de duración de entre uno y tres años. Su desarrollo es más o menos largo y doloroso, dependiendo de la relación con la persona fallecida, las circunstancias de la muerte y la edad del fallecido. Podemos decir que se ha iniciado un duelo cuando se acepta esta muerte, cuando se deja de mirar el pasado y se puede dirigir toda la energía al presente, en la vida y en los vivos. Se logra recordar al fallecido sin sufrimiento y se recobra la propia identidad. Disfrutar de la vida nuevamente no significa olvidar a la persona fallecida y la cantidad de tiempo que se demora en generar un duelo no se relaciona directamente con cuánto se amaba aquel. Por lo tanto no se debe sentir culpa por la forma en que se enfrenta un duelo, ya que cada caso es específico. El que pierde a un ser querido puede sentir mucha rabia, rencor, resentimiento y puede preguntarse por qué y para qué va a vivir. Muchas veces se pide al que se queda que sea fuerte, ya que se lo considera mayor. Pero éste se ve bajo la presión de ser maduro cuando. Incluso considera que si manifiesta abiertamente el dolor que siente puede tomarse como signo de debilidad. La pérdida de un ser querido se le suma a una serie de conflictos normales de la vida misma, por lo cual se hace aún más duro sobrellevarla. Si el que pierde se encuentra en un momento de conflicto de relación con sus familiares, puede que la muerte de uno de estos se cargue de culpa o de sentimientos ambivalentes. Este hecho complica el proceso de duelo, llegando a manifestarse conductas de riesgo fracaso escolar o laboral, agresividad con familiares y amigos, problemas psicológicos en general. Por ello en la adolescencia hay que prestar especial atención a la situación particular que está atravesando el adolescente y apoyarlo lo máximo posible. Lograr una mayor comunicación con él para que pueda expresar sin presiones y sin ser juzgado lo que piensa y siente. No demandarle más de lo que puede dar. Este proceso conlleva un tiempo, por lo cual es normal “sentirse mal” esto es inevitable, por lo cual se debe aceptar el no tener ánimo para realizar todas las actividades habituales. La vida cotidiana cambiará, es imprescindible habituarse a ello. Se logra el final del duelo cuando uno aprende a vivir sin esa persona aunque parece imposible. Aceptar que se es una persona independiente y que la vida propia continúa, además de que alrededor también hay personas que nos quieren y nos necesitan.