DE LA BURKA A LA LUZ (Capítulo 4, Parte 3)

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LA HUÍDA

(Parte 3)

Por fin, después de no pocos intentos por llamar la atención de Layla, pero sin que advirtieran su presencia los demás, logró hacerse notar por ella. Quien muy sigilosamente se levantó para averiguar que pasaba. Abrió muy despacio la ventana, y aspirando el cálido aire de la noche, recorrió con la mirada todo el rededor. Pero estaba tan obscuro que no se dio cuenta de que los ruidos, provenían de debajo de la ventana. Ahí estaba su cortejador; a quien no vio hasta que éste le toco muy suavemente la mano recargada en el marco. De inmediato ella miró hacia abajo y lo descubrió.

— ¿Qué haces allí? — Pregunto sorprendida

— Te busco, porque mañana te vas, y no habrá tiempo para decirte todo lo que te quiero, todo lo que te amo.

—No podía dormir, pensando en que hacer. Y llegué a una conclusión; si me amas como dices, debes hablar con mi hermano. Pero no sólo con él…. –dijo con un poco de temor, pensando que Kalu no aceptaría- deberás hablar con mi padre también.

— Hablaré con quien deba hacerlo, si de esa manera logro tenerte. ¿A qué hora podré hablar con él?

—Mañana muy temprano, porque él se marcha antes que nosotras. Concluyó Layla

Al amanecer, Kalu estaba listo para interceptar a Farid en la salida del hotel, antes de que se fuera. Estaba tan nervioso que apenas podía sostenerse de pie. Después de esperar durante un rato, que le pareció eterno, vio que salían las dos mujeres, acompañando al viajero para despedirse de él. Para Teresa y Farid la separación sería penosa, aunque sólo fuera por veinte días. Habían llegado a compenetrarse tanto el uno con el otro… Sin embargo, para Layla y Kalu lo sería aún más, ya que aun pensando que Farid diera consentimiento para su relación, todavía faltaría el padre de ella.

Adelantándose un poco, y rompiendo la algarabía del grupo, Kalu se dirigió al hombre de negocios, para traerlo en privado a un lado del lobby.

— ¿Me permitiría Ud. unas palabras?

—Habla Kalu.

— Quisiera hablar de su hermana; ella y yo nos hemos enamorado, y quisiéramos que Ud. diera su aprobación para seguir con nuestra relación.

— ¡Pero claro Kalu! Yo sé que es amar, y no voy a impedir el amor de Uds. — y haciendo una breve pausa, cambió su semblante, tornándose serio, y agregó— Pero no sé qué pueda decir mi padre. Por mi parte no hay problema, pero mi padre y yo no somos lo mismo. Incluso yo debo hablar con él para hablarle de mi relación con Teresa, y no sé cómo reaccionará, pero espero lo peor. Sin embargo, no importa si me repudia, lo único que me separaría de mi Gaga, sólo podría ser ella misma.

Y con una palmada en la espalda se despidió de Kalu, y se dirigió nuevamente al grupo para terminar de despedirse de las señoritas.

Una vez que hubo partido, Teresa subió a terminar de hacer su equipaje y Layla se quedó en el lobby para hablar con Kalu, y saber que le habría dicho su hermano. Por la sonrisa de él, supo que todo estaba bien. Se abrazaron por unos segundos y después Layla lo apartó para preguntarle…

— ¿Y qué haremos con mi padre?, no creo que el concienta igual que mi hermano; lo conozco lo suficiente como para poder imaginar lo que dirá.

—Como dijo tu hermano, lo único que podrá separarme de ti, serás tú misma. Yo por mi parte estoy dispuesto a todo con tal de estar contigo.

Con éstas palabras convinieron en separase por un tiempo, hasta que Layla pudiera hablar con su padre, lo cual sería hasta pasado un año. Tiempo que estarían en contacto sólo por teléfono.

Horas después, el resto del grupo partiría para Safi, en Marruecos, donde se encontrarían con uno de los primos de Layla y Farid. Luego de algunas horas de viaje sin contratiempos, llegaron. Mustafá, el primo de Farid, ya los esperaba. Después de saludarse como es la tradición, Mustafá sintió curiosidad por la desconocida.

—Y… ¿Quién es la dama? — Preguntó, dirigiéndose a Layla, al mismo tiempo que señalaba a Teresa.

—Ella es Teresa. La prometida de Farid. —Contestó la prima— hemos venido, y dentro de veinte días nos dará alcance Farid, para que los unas en matrimonio.

Mustafá aún no terminaba de entender la situación, ya que Teresa tenía rasgos europeos, diferentes a los árabes. Y, ¿Cómo podría su primo casarse con una infiel? Sus ojos entrecerrados delatarían lo que estaba pensando porque Layla, inmediatamente le aclaró que ella era musulmana. Una vez quedando aclarada la duda, el rostro del hombre se relajó y prosiguió a interrogarlas acerca del viaje; de cuando y donde se habían conocido, de donde venían, a donde iban. Aunque siempre, manteniendo cierta distancia, que era lo propio en la cultura árabe.

Pronto llegaron a la casa de Mustafá, para que se quedaran unos días con ellos. Se instalaron en sus habitaciones y luego le presentaron al resto de la familia. Layla se encargó de hacerle ligera la estancia a su cuñada; sabía que su hermano le pediría cuentas a ella sobre cualquier cosa que pasara. Y sabía también lo mucho que la amaba. Ella misma le había tomado mucho cariño. De manera que durante los veinte días que esperó a Farid, Layla le enseño todo lo que pudo sobre la cultura y costumbres árabes, aunque ya venían haciéndolo desde que empezó el viaje. Principalmente Farid, se emocionaba como un niño cuando le hablaba a Teresa sobre sus raíces, quería que ella supiera todo de él, su familia, su cultura y tradiciones.

Los días pasaron, Mustafá y su familia eran una bonita familia, Aunque él tenía una personalidad un poco seca, era amable, le ofrecía a sus huéspedes todo cuanto había en la casa. Muy hermosa, por cierto, de una exquisitez especial en la decoración; digna de un rey. Cómo casi todo lo que había visto Teresa hasta ese momento. Además, el marco ideal para ir preparando la boda, para que cuando llegara Farid, todo estuviera listo, o al menos todo lo que les diera tiempo de hacer.

A los futuros esposos le habían parecido siglos los días que estuvieron separados, pero por fin se cumplió el plazo, y ambos estaban deseosos de verse. Layla y Teresa se trasladaron a Marrakech, para esperar ahí a Farid, y terminar con los preparativos de la boda, la cual se llevaría a cabo en aquel lugar tan espectacular. En un castillo transformado en hotel de lujo desde 1923. En uno de los cuatro restaurantes se efectuaría la boda. Teniendo por marco el resto del maravilloso hotel, de quince hectáreas, de las cuales ocho, eran áreas verdes. Éste sería llamado por un hombre ilustre como “el lugar más delicioso del mundo”. Predominaban, como en toda la arquitectura marroquí, las fuertes columnas forradas de azulejos de belleza sin igual, los arcos, piscinas y jardines hermosamente cuidados. Ahí habría reservado Farid, una habitación de las más lujosas, llenándola de flores para su amada.

Farid por fin llegó, y después de una muy cálida bienvenida, prosiguieron a dar los detalles finales, y dejar todo preparado, para que su primo Mustafá desposara a la pareja.

Continuará...