Cara de ángel - Una crónica caraqueña

in spanish •  4 months ago

Comparto con toda la comunidad de Steemit una crónica que escribí hace algunos años sobre un hecho real que presencié cuando era niña y vivíamos en un apartamento de la Av. Fuerzas Armadas en Caracas, Venezuela. Una tarde escuchamos gritos en la calle y vimos por la ventana toda esta historia. Obviamente hay algunos detalles ficticios, pero casi todo pasó como lo cuento a continuación...

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CARA DE ÁNGEL

Salió de su trabajo en una oficina pública cerca de La Candelaria. Como siempre, iba vestida de ejecutiva, esta vez en una combinación roja de falda corta y chaqueta, porque era viernes y los viernes había que impactar para tener un buen fin de semana. Tenía puestos también unos tacones rojos, tan altos como sus objetivos monetarios en la vida; y una cartera negra pequeña de asa corta. Ese día tenía el cabello recogido en un moño.

Decidió pasar por la avenida Urdaneta para hacer unas compras rápidas antes de subir a San Bernardino, donde vivía. Subió derecho por Ferrenquín y llegó hasta el antiguo Hotel Hollywood, frente a los libreros del puente de la avenida Fuerzas Armadas. Como nunca desperdiciaba la aparición de una lotería, cruzó hacia el edificio Fondo Común para comprar un billete, así, le latió. Pero fue un mal latido, porque apenas pasaba la calle en sus tacones rascacielos, un hombre que venía corriendo la derribó de un fuerte empujón, que sirvió para arrebatarle la cartera, huyendo luego lo más rápido que pudo.

A pesar de haber quedado aturdida, la mujer reaccionó rápidamente. Lo primero que hizo fue gritar:

-Agáaaaaaaaaarrenlo.

De inmediato, la movida del lugar se paralizó, sobre todo la de los hombres, que se apresuraron a ayudar a la llamativa mujer, que sin embargo ya estaba de pie y quitándose los zapatos.

Apenas tuvieron tiempo de voltear, cuando ya la mujer había pegado una carrera tras el ladrón, descalza y con un tacón en cada mano, como si estuviera en una competencia de relevo y esos fueran los testigos. Llevaba una velocidad que desearían muchos atletas y que sólo se logra en casos altamente motivadores como este.

La falda se le subía, el moño se le bajaba y la expresión de su rostro tenía esa angustia y ansiedad que caracteriza a los corredores de los 100 metros planos en una Olimpíada. Era rabia.

-Agáaaaaaaaaarrenlo.

El ladrón, vestido holgadamente de blanco, también cargaba en su rostro la angustia y la ansiedad. Pero era miedo. Cuando llevaba unos 200 metros huyendo, dos hombres que venían caminando de frente y entendieron lo que pasaba al ver a la rabia roja acercarse tras el ladrón, lograron detenerlo con un fuerte forcejeo.

Pero algo raro pasaba. El ladrón no les decía nada, sólo gemía.
-¿Te metiste los reales en la boca?. Y los dos hombres golpeaban su espalda.
-¡Dame acá mi cartera desgraciado, maldito, abusador!. Y la mujer lo golpeaba con los tacones y sus pertenencias recuperadas.

El ladrón sólo gemía.
-Este mierda es gago.
-O como que es gafo.

Más bien tenía rostro de gente que es voluntaria en la iglesia. Unos treinta años, y al parecer todos tristes, por la expresión de su mirada caída.

La mujer revisó su cartera, vio que no faltaba nada, agradeció a los hombres que la miraban con secreta admiración y aún descalza abordó un taxi y desapareció.

Toda la gente de esa calle, entre el antiguo Hotel Hollywood y el edificio Fondo Común que había presenciado la escena, rodeó al ladrón que estaba tirado en el suelo aterrado.

No se sabe por qué aquel hombre de rostro angelical había cometido ese delito. Y el hecho de no poder defenderse con la palabra, despertó en esa especie de grupo de verdugos, un sentimiento de venganza, y más, venganza pública.

Lo agarraron por el cabello y comenzaron a desnudarlo. Camisa, pantalón e interiores. Sin pausa y con continuos insultos, mientras el ladrón horrorizado seguía gimiendo y trataba de taparse sus partes delanteras. Pero la gente lo empujaba y se lanzaban su ropa entre ellos, riendo y burlándose.

El ladrón trataba de gritar haciendo señas para que le devolvieran su ropa, pero esta fue lanzada al otro lado de una pared que daba a un estacionamiento.

Al hombre desnudo sólo se le ocurrió esconder su humillación debajo de un carro, y allí permaneció luego de recibir puntapiés antes de que la turba castigadora abandonara el lugar.

Allí, llorando, lo ocultó la noche. Y cuando nadie lo veía, salió adolorido lleno de grasa y suciedad. Consiguió subir la pared del estacionamiento hasta ver al vigilante, al que hizo señas para recuperar la ropa que le habían arrebatado. Esa noche no quiso ir a dormir con el grupo. “Cara de ángel” había fracasado otra vez.

Texto y foto propios

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Vaya, me imagino la escena. No justifico a los ladrones porque también he sido víctima de ellos. Sin embargo, trato de entender la situación de desesperación para tener algo de dinero y comer. Lamentablemente, son cosas que no podremos entender del todo. Un abrazo :)

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¡Muchas gracias por leer! Así es, hay situaciones extremas que llevan a esas acciones y pocas veces conocemos el trasfondo

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Muy bonita vista @sofathana, espero poder seguir apoyándote en cada publicación, saludos fraternales.

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