11-M-2004: Atentado a Madrid

in #spanish4 years ago

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¿Qué tal, Steemians? ¿Cómo están esas vibras? Hoy quiero escribir sobre uno de los eventos más trágicos de Europa que hace unos días cumplió 14 años: el atentado a los trenes de la Estación de Atocha, en Madrid. Se que han pasado algunos días pero por problemas de la conexión no pude cargar esta historia el propio día del aniversario. Sin embargo, quiero aprovechar el tiempo, pues aún estamos dentro de los días donde se conmemoran esos trágicos hechos y también quisiera compartir con Uds., algunas historias creadas para ilustrar el suceso y otro tanto mis consideraciones sobre ello.

Era jueves, y el sol estaba impetuoso. María estaba despierta desde las 5:00 am pues tenía que ir a la Universidad Autónoma de Madrid a presentar su ensayo final de semestre.

Como de costumbre, ella salía desde su casa, pasaba por la panadería de la esquina y se comía una pequeña bocata con un buen café con leche. Jorge, el que atiende, le lanza una mirada, y le dice:

— María, hoy se te ve sonriente.
— Gracias, es que hoy, a pesar del sol, será un buen día. Hoy entrego el final del semestre.
— ¡Enhorabuena! Ve a comerte el mundo.
— ¡Vale, gracias! Pero mientras, me como este bocata.

Ella usaba un blue jean, una camisa blanca de tiras, y una pañoleta negra con girasoles pintados. Al salir de la panadería, recuerda que ha dejado en casa algo sumamente preciado: el móvil. Nunca, pero nunca sale de casa sin él. «Es mi Mastercard», se dice para sus adentros. Pero hoy, por primera vez en años, lo había olvidado. Podía recordar dónde lo dejó la noche anterior, antes de dormir: estaba en la pequeña cómoda de al lado de su cama, junto a las fotos de sus papás, quienes viven en Valladolid.

María siente muchas ganas de devolverse a coger el móvil pues, al fin y al cabo, tarde no va a la universidad. De hecho, le daba chance de ir, tomar el móvil, regresar a por otro bocata, y coger el tren. Pero piensa que mejor es irse directo. «Las cosas pasan por algo», se dice.

Dobla la esquina, voltea a su izquierda, y algo le llama la atención: hay un mendigo justo al lado del kiosco de Manolo, sentado en cuclillas, moviendo la cabeza de un lado a otro, repitiéndose en voz baja «no, no, no». Ella lo observa por unos breves segundos, luego el mendigo levanta rápido la mirada y se queda observando a María y le dice en voz algo solloza y en tono alto: «¡no, no, no!».

María se perturba un poco y siente un escalofrío intenso recorrer su cuerpo. Siente por segunda ocasión la necesidad de devolverse a casa, pero luego de cerrar los ojos y recordar lo importante que es ese día, decide seguir hacia adelante.

Los dos eventos que acaba de vivir —olvidarse de su móvil y la actitud tan extraña del mendigo— la acompañan a cada tanto hasta llegar al tren de la Estación de Atocha. Se coloca entre las primeras en esperar al tren, se pone sus audífonos y oye el nuevo disco de Alex Ubago, y se queda absorta, pensando en sus papás, con quienes no hablaba desde la semana anterior, cuando les llamó. En eso, una señora mayor le toca el hombro, lo cual hace que se quite los audífonos y la mira. La señora, con mucha ternura, le dice:

— Tienes un aura muy linda, mi niña.
— ¡Qué cosa tan linda dice, señora! Me ha alegrado la mañana.
— Vas a tener unos hijos hermosos. Lo se.
— Gracias. Amén, amén.

Llega el tren a la hora esperada. María entra en uno de los vagones y no deja de pensar en todo lo raro de la mañana. «Todo cambiará cuando llegue a la universidad». Se dice. Pero a pesar de eso no deja de pensar en lo rara que se siente. Ella trata de pensar en su entrega y en las palabras de la señora. «Tendré unos hijos muy majos, claro que sí. Tendrán mi aura», piensa.


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— ¡Uds., no me entienden!
— ¡Lucia que no! ¡Ese muchacho no es para ti!
— ¡Uds., no me entienden y nunca me apoyan! ¡Quisiera no haber nacido!
— ¡Deja de ser tan dramática! ¡Y no te hagas la inocente que sabes muy bien que ese muchacho no te conviene! ¡Nunca lo vamos a aceptar!
— ¡Los odio, los odio muchísimo! ¡Quisiera morirme!

Lucia salió corriendo de su hogar. La mañana no había comenzado de buena manera pues por enésima ocasión su familia le discutía su relación con Alejandro, un chico que le llevaba unos 10 años. Ella apenas tenía 20 y, dentro de todo, podría decirse que él fue su primer amor.

Se conocieron en la Universidad Carlos III de Madrid. Ella, como estudiante de pregrado en Derecho, y él como estudiante de postgrado de la misma carrera. El feeling fue de inmediato. Pero de entrada los papás de Lucía se opusieron: la edad de él, la distancia, pues él era de Barcelona, el tipo de pensamiento, pues él era partidario del Partido Popular y ellos del PSOE, y justamente en las elecciones a celebrarse ese domingo 14 de marzo de 2004, él votaría azul… Tantas cosas a los ojos de don Esteban y doña Clara, que harían imposible ese amor.

Varias veces Lucía se había fugado con su novio. Pero esas fugas no pasaban de dos noches. Por supuesto, eso era motivo más que suficiente para detestarlo. Pero ella se sentía incomprendida, pues amaba con todo su corazón a su novio y no paraba de llorar por las noches.

Esa mañana, su mamá registró sus cosas y encontró una carta donde Alejandro le decía que ya había comprado el boleto para viajar un fin de semana fuera de Madrid juntos. Eso enfureció a su madre que, presta y dispuesta, se lo contó a don Esteban y comenzó el conflicto. Sin embargo, nunca antes Lucía había dicho palabras tan fuertes y sonoras como las de esa mañana.

Llegó a la Estación de Atocha, compró el boleto y, mientras lloraba, esperaba el tren que la dejaría cerca de la casa de su novio. Aún ardía en su corazón las palabras proferidas a sus padres y aunque se sentía algo arrepentida, había jurado que no se retractaría y que seguiría firme. «¡Aunque me muera, no los voy a perdonar!».

Eran las 07:25 am cuando llegó el tren que Lucía abordó.


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Todo lo que signifique terrorismo es detestable. Deleznable. Asqueroso. Lo ocurrido en Madrid hace ya 14 años es sinónimo de intolerancia, de racismo, de odio, mucho odio.

El día domingo pasado, Madrid recordó a las víctimas de esa catastrófica escena donde perdieron la vida 193 personas y unas dos mil resultaron heridas Fuente.


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Uno de los homenajes más hermosos que he visto fue el que hace ya unos años realizara el grupo español de pop, La Oreja de Van Gogh: en su disco A las cinco en el Astoria estuvo el sencillo «Jueves», dedicado a ese atentado. El tema narra la historia de una chica común y corriente que toma el tren a diario para coincidir con un chico a quien desconoce pero que le gusta mucho. Finalmente, en ese fatídico 11-M decide hablarle, conocerlo, y tiene la sorpresa de que él también gustaba de ella. Esta canción está basada en un hecho real, dado que fue encontrado entre los restos del suceso un diario de una chica que fue una de las víctimas, en el cual habían notas que relataban esa historia Fuente.

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Desconocía la historia, y ni me imaginaba este hecho tan abrumador y extraño. Excelente tu trabajo de investigación y la triste historia que en ella narras.

Gracias por leerme, @mariqyes. Fue un hecho bastante triste. Lo único positivo es ver que el pueblo de Madrid no ha olvidado a los suyos.

Fue horroroso. Cada vez que paso por Atocha se me encoge el alma.

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