La cotidianidad perdida (ensayo)

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La cotidianidad es una forma de paz que todos conocemos de manera individual. Con esto me refiero a que nuestra «paz interior» en ese sentido puede ser cualquier cosa: desde la monotonia de ir todos los días al mismo trabajo desde hace varios años y por muchos años más, como también tener una vida más bohemia, escribiendo poesía melancólica y deprimente mientras te bebes un café y realmente te crees bohemio por eso; o tener que ir a fiestas cada semana; no tiene porque ser una "paz" en el sentido zen, puedes estar rodeado de dolor, miseria y sufrimiento, pero es paz porque está hecha cotidianidad y por ende es costumbre.

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Sylvia Plath, una escritora estadounidense nacida en los años 30, y que tendría una corta vida de sólo 30 años, en sus diarios personales se pone a reflexionar sobre la cotidianidad y si esta debiera súbitamente interrumpida por el bombardeo repentino de aviones sobre la ciudad, los cuales borrarían categóricamente a muchísimas vidas humanas, de personas a las cuales conoces de una manera más profunda que otras; la destrucción de casas y de edificios que estás más que acostumbrado a mirar en tu transcurrir diario desde tu hogar hasta tu lugar de estudio, reunión o trabajo. Ciertamente es parecido al efecto que causan las pesadillas en nosotros cuando esta llega hasta sus últimas y más ominosas consecuencias: es decir, y lo más normal, cuando estamos atrapados por esa sombra que nos acorrala y que nos quita la vida dentro del sueño, despidéndonos con crueldad del reposo merecido entre los brazos de Morfeo para que así despertemos con el corazón palpitando a toda marcha mientras sudamos e intentamos reunir todas las piezas del rompecabezas que acabamos de observar para tratar de conseguirle algún significado. Cuando veamos a nuestra cotidianidad cambiar como cambian los sueños al convertirse en pesadillas, allí estaremos de la misma manera buscando a cada uno de los avatares que han suscitado en dicho cambio, pero ya es muy tarde. Esto sucede y nosotros nos hallamos ya en la vorágine casi apocalíptica de esta transformación, condenados a llegar hasta el final de la pesadilla o a salir despedidos por nuestra propia cuenta de ésta, como es el avatar del emigrante.

Las bombas, las pesadillas, o esos sueños tristes que nos llenan de una extraña melancolía la cual no podemos identificar son las tragedias. No es necesario que tu país reciba una bomba atómica para caer en tragedia, ni siquiera debe de ser invadido por un país mucho más grande. La tragedia como las pesadillas son también causadas por razones internas bien profundas las cuales lllegan a nosotros en forma de revelaciones o de nomenclaturas. ¿Cómo no prepararnos para conocer a dichas tragedias sin profundizar en su lenguaje?

El hambre, la tristeza, la miseria y el terror no son necesariamente causadas por bombas ni por disparos de metralletas. Estas simplemente llegan. El terror tiene demasiadas formas. Y una vez el terror se ha extendido hacia todas las direcciones, y está plasmado en los ojos de las personas como espectros sempiternos del horror maldito, ¿qué peso y cuál importancia cobran la democria y la libertad?

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"Me gustaría saber si importarán los sueños, o la «libertad» o la «democracia». Creo que no, creo que solo quedará la preocupación por qué comer, dónde dormir y cómo reconstruirlo todo a partir de las ruinas de la vida y del ser humano."

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Foto: @seifiro
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¿Qué importa lo humano cuando se niega por decisión ajena o por decisión personal a «ser persona»?

Alguien dijo que ya no seria posible escribir poesía después de Auswitch.

En «La banalidad del mal», (cuya nomenclatura fuera acuñada por la filósofa de origen judío, Hanna Arendt) se expone el juicio político en el año 1961 al nazi Adolf Eichmann por genocidio al pueblo judío durante la segunda guerra mundial. Por supuesto, el juicio atrajo la completa atención de la prensa internacional, incluyendo a Hanna Arendt, quienes esperaban encontrar en Eichmann a alguna representación del mal encarnado sobre la tierra. Es decir, a una especie de Lucifer, a un monstruo generador de pesadillas el cual se pavonease y no mostrasce atisbo alguno de duda sobre el genocidio judío, es decir, iban a encontrar a un ser sin otra carga dentro de su espíritu que la del mal más puro, pero no fue así. Eichmann era un sujeto el cual Arendt describió como que no poseía rasgos antisemitas. El nazi aseguró no saber lo que sucedía en los campos de concentración; que él sólo se limitó a seguir órdenes, ora decir, a jalar la palanca de pesadillas en contra de gente inocente porque él sólo quería ascender rangos en su trabajo. Por supuesto, él no era inocente, ni su persona perdonable, ni sus actos discul-pables, tampoco podía pedir perdón. Sin embargo, esto sólo nos dice algunos altos mandos nazis no eran la representación del mal absoluto en la tierra, sino la banalización del mal en el hombre que negó su humanidad al no cuestionar ni oponerse al sistema nazi. Eran ovejas eléctricas haciendo el mal, obligados, por motivos y causas que no entendía verdaderamente pero con las cuales muy probablemente sí simpatizaban, como es poco probable que algunos no. Sólo estaban allí, en el campo de batalla, esperando a sobrevivir para tener alguna especie de vida, pero las balas entraron y los sumergieron en el sueño eterno de la muerte, sin posibilidad de ser recordados, enterrados ni de mucho menos, realizarse como seres humanos.

Esto quiere decir que incluso dentro de los sistemas totalitarios más despiadados, no todos dentro de este son malvados por acción pero sí por inacción, por negación de hacer el bien.

El profesor de filosofía, Daniel Esparza preguntó en un tweet:

Temas para una Venezuela post-chavista (si es que habrá "post," y "Venezuela"): ¿Puede el chavismo pedir perdón? ¿Puede perdonarse al chavista (pero no al chavismo), y viceversa? ¿Puede haber reconstrucción de tejido social sin perdón? ¿Qué memoria nacional es posible?

El filósofo francés, Albert Camus distingue que la crueldad es el uso de la fuerza intencional destinada a hacer daño a quienes no pueden defenderse, mientras que la fuerza empleada en contra de los perversos, es la del espíritu, la del bien.

Esas caras de la maldad que caen sobre nosotros en cualquier forma que se presenten terminan acabando con nuestra cotidianidad, con nuestra humanidad; ¿qué importa luego la humanidad y la ciudad si todo ha sido destruido y apenas tengo cómo sobrevivir? El instinto pone a la persona a dormir contra su voluntad, y así queda sólo un animal vagando por las calles en búsqueda de algo que sacie a su estómago y a su apetito sexual. Es la oveja eléctrica atrapada dentro de una pesadilla dentro y fuera de la vigilia.

"...todos nosotros estamos al borde del precipicio, y hace falta mucha entereza, mucha fuerza, para andar vacilantes por el borde, mirando a un lado y a otro, abajo, en la oscuridad tempestuosa, sin conseguir adivinar, a través de la niebla amarillenta y hedionda, qué hay en el lodo del fondo, en el lodo que rezuma como un vómito..."

Y dime, ¿sueñas con ovejas eléctricas?

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Que triste realidad tan bien expresada. Saludos

Es una realidad que se baila con música de tango. Gracias por leerme.

Interesante lectura, Sei

Gracias por leerme, Ele.

Me encantó este post. Ciertamente es algo muy congruente a lo que pasa en nuestro pais. Sylvia no es la única que percibió los cambios radicales que pueden generar una descomposición y la muerte no tanto de humanos sino de la "humanidad". Vivimos o sobrevivimos

Hubo cosas que me faltaron decir, pero siempre puedo profundizar estos trabajos. Esto es un balbuceo que saqué de mi cabeza el otro día. De ayer a hoy tenemos un nuevo desastre de país. Hoy he visto mucho caos ciudadano, bancario y comercial.

Así es, muy lamentable todo lo que sucede y ha de venir en los dias próximos. Ojala un día solo queden nuestros registros escritos y nada de esto vuelva a suceder

Tenemos diarios del dolor en todas partes. Creo que no hay un sólo día en que no escriba sobre lo que siento con respecto a esto. Es como una joraba.