ENTRE LADRONES TE VEAS
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Thaís bajaba la calle con rapidez. Estaba apenas comenzando a clarear el día. La vereda solitaria era el marco al sonido que sus tacones arrancaban al asfalto.
De pronto, al pasar frente a una gandola estacionada, de la parte trasera de misma saltó un jovencito de baja estatura. Llevaba en la mano un palo parecido a los de las escobas de antaño. No tenía camisa sino el torso desnudo ya que su franela se la había arrollado alrededor del cuello de manera de tapar su rostro dejando apenas visibles sus vivaces ojos bajo la gorra que cargaba.
- ¡Dame el celular, dame el celular, dame el celular!
Las tres frases iguales fueron dichas con tal rapidez que Thaís no entendió de qué se trataba. Entre el sobresalto del momento le pareció que el jovencito le jugaba una broma.
Que… ¿Qué?
¡Dame el celular, dame el celular, dame el celular!
Ahora sí entendió Thaís de qué se trataba: Estaba siendo víctima de un intento de atraco.
El joven mantenía sujeto con fuerza el palo en su mano derecha, en una posición extraña ya que ni lo esgrimía como arma ni se apoyaba en él como un bastón. Thaís dudó que estuviese armado y le interpeló:
¡Eres un ladrón! Oye, soy escritora, estoy trabajando una novela, en ella aparece un ladrón pero no logro perfilar bien la sicología del personaje. Necesito hablar contigo ¿Puedo hacerte unas preguntas?
Lo sorpresivo de la reacción de la muchacha desconcertó al ladronzuelo.
¿Ya desayunaste?
¿Qué?
Thaís, con esa decisión que imprimía a todo lo que hacía, le tomó del brazo y le impulsó a caminar a su lado mientras le hablaba tratando de convencerlo:
De seguro no has desayunado, yo tampoco, es muy temprano. La lunchería al lado de la bomba de gasolina ya está abierta. Te invito un café y dos empanadas, como rapidito y me voy al trabajo. No te quito mucho tiempo, son sólo unas pocas preguntas ¿Viste? Ya está abierta.
Le miró de soslayo:
Pero no puedes entrar así…te confundirían con un maleante – Rió de su propia broma y continuó – Ponte la franela.
Tony lo pensó un minuto, desenrollando la franela se la puso correctamente mientras pensaba que cuando le contara esto al Búho no le iba a creer ¡Ni que se lo jurara por su madre!
Entraron a la lunchería. A pesar de la hora, o quizá por eso mismo ya estaba bastante concurrida. La gente comía de pie, apresuradamente, para continuar hacia sus trabajos. Una mamá discutía con una niña que no quería le comprara empanada sino una ración de torta de chocolate.
¡Mucho dulce para esta hora, Gisela, hazme caso!
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De las dos mesitas de la lunchería una estaba ocupada por un anciano que desplegaba las hojas de un diario con parsimonia frente a una inmensa y humeante taza de té de manzanilla, pero la mesa del rincón estaba vacía. Hacia allí señaló Thaís:
Espérame allí antes que alguien la ocupe ¿Cómo tomas el café, negrito, con leche o marrón?
Marrón
Ok, acá sólo hacen las empanadas de queso y pollo ¿Qué te gusta?
Pollo
Bien. Ya vuelvo. No te vayas a ir.
Tony apoyó el palo contra la pared mientras observaba a Thaís hacer el pedido, pasar la tarjeta por el punto de venta y acercarse a la mesa llevando en una mano un plato con tres empanadas y una taza de café y en la otra un vaso de agua mineral.
Se sentó, tomó una empanada con la servilleta y comenzó a comer con bastante apetito mientras empujaba el plato hacia él. Tony empezó a comer también mirándola con curiosidad.
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Ja, ja, ja. No creas que estoy loca, lo que pasa es que quiero participar en un concurso literario y tengo un buen tema en mente. Uno de los personajes de mi novela es un ladrón y se me hace difícil hacerlo convincente porque no conozco ninguno…bueno, que yo sepa. Así que tu llegada hace un rato fue providencial. Pásame la salsa por favor.
Ajá ¿Y qué gano yo ahí?
Mira, si me hago con el premio, te aseguro que algo te doy. Dime tu número de tlf. para llamarte y mantenernos en contacto, lo anotaré en mi agenda de papel. No tengo celular en este momento, está en el taller, se le dañó el chip de carga.
Sacó de su cartera una pequeña libreta para anotaciones y un bolígrafo.
041…
Listo, copiado. Ahora las preguntas:¿Cuándo hiciste tu primer robo?
En la escuela, en primer grado, ese día uno de mis compañeros llevo un lápiz que tenía pegada arriba una plumita como de ave, pero plástica, azul. Fue la sensación ese día hasta que la maestra le ordenó escribir con un lápiz normal porque tenía todo el salón alborotado con el lapicito ese. Él lo guardó y en el receso aproveché de tomarlo y lo guardé en mi lunchera. Le dije a mi mamá que un amiguito me lo había regalado y como me creyó y le agarré el gustico ese año estuve llevándome a casa lápices, sacapuntas, borradores ¡Hasta un pañuelo de la maestra
y se lo regalé a mi mamá!
¿Y ella nunca sospechó nada?
No, que va, ella contenta de que mis amiguitos me quisieran tanto que siempre me regalaban cosas.
Y… ¿Tú piensas que robar es bueno? ¿Sabes que es malo y no te importa? ¿Te remuerde la conciencia si robas?
Robar es bueno y es malo. Malo para el que le quitan las bromas que las tiene qué volver a comprar pero bueno para el que roba porque consigue las cosas facilito sin tanto trabajo.
¿Y qué es lo más difícil?
Que es un trabajo peligroso. Yo no sabía si tú llevabas en ese bolsito un celular o una pistola. Si llevas una pistola pierdo todo. Yo voy desarmado porque le presté mi pistola a un amigo para un trabajito y la policía lo agarró y como mi pistola estaba solicitada ya no la voy a recuperar. Pero ese me la tiene qué pagar o conseguirme otra…Bueno…cuando lo suelten.
¿Cómo es eso de que estaba “solicitada”?
Las pistolas tienen como sus huellas digitales, los policías encuentran balas en un sitio de un atraco o algo así y ya queda registrado con qué pistola hicieron el asalto y el arma queda solicitada. Cuando “caiga” le achacan las que debe al que la cargue.
O sea, que tu pistola está presa pero tú andas suelto.
Si, ja,ja,ja, yo, el “sortario”
Pero tú… ¿Por qué no buscas trabajar como todo el mundo?
Porque soy un “resentido social”, así dicen los sicólogos. Yo también he leído algo.
Ajá ¿Y tú qué resentimiento tienes contra la sociedad?
No se, será de repente que no me dejan hacer mi cosa tranquilo, que si me atrapan robando un celular y caigo en la policía de repente me golpean, me siembran drogas o me encasquetan un asesinato que les obligan a resolver y que no encuentran al asesino y aparezco yo como su chivo expiatorio y me pueden dejar ahí metido veinte años y yo sin haber hecho nada.
FUENTEMira, yo me voy a trabajar, trata de portarte bien. Te estoy llamando cuando salga lo del libro. Allá viene mi autobús, me voy volando.
Tony la vio salir de la lunchería, abordar el bus y perderse. Terminó de tomarse el café, tomó el palo de escoba y salió a la calle.
Una hora después, ya en su casa, recibió una llamada de un número no registrado y una voz femenina recientemente escuchada le habló:
-Oye, chico, tengo tu cédula y tu tarjeta de débito, si las quieres recuperar consígueme “tantos” bolívares antes de una semana. Llamas a este número.
Y colgó. La cantidad solicitada excedía – y con mucho – el precio de dos empanadas y un café.
Tony se registró lo bolsillos, sacó su cartera y constató que, efectivamente no
estaban allí ni su cédula de identidad ni su tarjeta de débito. Ni siquiera la estampita de una Virgen que su madre le había regalado un mes antes de morir “para que lo cuidara”.
Se pasó los dedos por entre el cabello y con ira masculló:
¡Ladrona!
NOTA: ¿En qué momento le sacó la cartera la chica? Recuerden…je, je: le tomó del brazo y le impulsó a caminar a su lado mientras le hablaba tratando de convencerlo
Esplendido el cuento de sayury, muy parecido a la realidad, para una obra de teatro y contemplar cómodamente sentado en un sillón. Despierta temor y a la vez emociona. Mi voto hoy va para este post.
Gracias por su visita @oscaroef, qué bueno que le gustó, estuve quebrándome la cabeza buscando un final inesperado hasta que al fín di con él.