Tras Bastidores - Relato
En un triste otoño los transeúntes pasan muy abrigados y miran a un hombre de ropas sucias y hechas jirones, este da pequeños pasos y luego se detiene sonriendo y enseñado sus careados dientes, en cada paso que da se aproxima a una taquilla abandonada de un teatro...
“¡Apúrate, Carlos, que continúa la escena de Los Guerreros en batalla!”, le grita el director de la obra al descuidado llamador encargado de alertar a los actores y actrices para entrar en el escenario, quien a pesar de no poder ver la obra desde el auditorio aprovecha cada momento para verla desde los bastidores, Carlos conoce a todos los actores y actrices, siempre les da ánimo para que salgan a escena, incluso Ana, la actriz más querida y famosa del teatro no sale al escenario si su amigo Carlos no le da los masajes en el cuello y la espalda, “¿qué haría sin ti, Carlos?” le dice tomándole las manos sobre sus delgados hombros y posando su mejilla sobre ellas mirándolo con mirada tierna desde el espejo, Carlos sonríe, para él es un placer poder ayudarla.
Carlos es el empleado más querido dentro del Gran Teatro, todos lo conocen, comenzó a trabajar desde niño allí. Su madre, quien antes de morir fue dresser desde hacía muchos años, lo llevaba a trabajar con ella y le enseñó muchas de las tareas que se hacían en el teatro, para Carlos el Gran Teatro era un lugar donde él podía vivir muchas experiencias; a pesar de no ser un actor, sino un simple ayudante vivía cada ensayo y la presentación de la obra, siempre desde los bastidores, pero encantado de participar indirectamente en cada momento de todas las presentaciones.
Carlos se emocionaba al máximo al ver los ensayos de las grandes obras, aprendía de ellas y nunca quería perderse de ningún detalle, le impactaban las presentaciones de obras trágicas como La muerte de un viajante (Death of a Salesman). Se sorprendía y exaltaba al ver como los actores se maquillaban y vestían en obras como Drácula, lloraba y sufría con su favorita: El fantasma de la ópera. Cada día que había una presentación en el Gran Teatro Carlos la vivía plenamente, no podía estar sentado en la sala pero desde los bastidores él observaba cada actuación, ya él los había visto en los ensayos, sabía cuando se equivocaban, cuando algo en la escena salía mal, él sabía todo lo que sucedía en el Gran Teatro.
Desde los bastidores Carlos muchas veces también veía al público sentado en las butacas, usaba disimuladamente unos catalejos que había conseguido tirados en el suelo después de una obra, observaba la expresión en sus caras después de una escena impactante, “vamos a ver la cara de esa mujer cuando vea la muerte del actor” pensaba Carlos quien sabía bien lo impactante de la escena, incluso anticipaba en su mente el comportamiento de muchos espectadores antes de una escena determinada, miraba los hermosos rostros de las mujeres y los elegantes trajes que vestían para ir al Gran Teatro, veía desde los palcos a las personas influyentes y famosas que presenciaban en especiales lugares las obras teatrales, se reía de personas que se dormían y de otros que estaban pendiente de todo menos de la obra.
Cuando terminaban las presentaciones, Carlos dejaba su trabajo de llamador, y se encargaba de limpiar el teatro con ayuda de dos trabajadores. El Gran Teatro quedaba vacío, allí limpiaba y recogía toda una serie de objetos que dejaban las personas, incluso habían unas de apreciable valor y él siempre entregaba todo en la gerencia por si reclamaban el objeto. Luego de terminar de limpiar y recoger todo despedía a sus ayudantes y se quedaba totalmente solo, entonces subía al escenario y comenzaba a actuar, en su mente recordaba a cualquier personaje y entonces solo en el Gran Teatro se ponía a actuar, él se imaginaba la sala totalmente repleta de gente que se emocionaba con su actuación.
Cuando el humilde trabajador comenzó con sus solitarias actuaciones, éstas duraban pocos minutos, pero con el tiempo fueron más y más largas, todas eran de personajes principales de obras clásicas que se habían presentado con mucho éxito en el Gran Teatro, Carlos se sabía de memoria todos los guiones, él no las leía para aprendérselas ya que no sabía leer, tenía grabada en su memoria los diálogos de los actores, incluso el de todos los que actuaban, incluyendo la música de fondo. Había memorizado todas las obras que había presenciado desde que era niño, verlas una y otra vez, el haber estado en todos los ensayos y en las presentaciones habían permitido de alguna manera que se desarrollara esa gran capacidad de absorber cada detalle de sus vividas y queridas obras.
Un día en el Gran teatro estaban buscando nuevos actores, Carlos generalmente por sus ocupaciones no presenciaba los casting, pero ese día tuvo accidentalmente la oportunidad de presenciar parte de uno de ellos. El director de una obra necesitaba nuevos actores, Carlos veía las actuaciones de los postulantes y sabía de ante mano cuales eran buenos y cuales no, “este será seleccionado” decía en su mente y siempre acertaba con la opinión del jurado seleccionador. Ese mismo día Carlos vio la actuación de una chica que lo impactó, no solo a él, también al jurado, además de ser muy buena actriz era bellísima, Carlos nunca había sentido algo igual, “supera en belleza y actuación incluso a mi querida Ana”, pensaba Carlos observándola detalladamente.
La bella y talentosa actriz se llamaba Raquel y fue de inmediato contratada para que actuara en un papel secundario en la obra, sin embargo era notable que prometía mucho como actriz. Cuando comenzaron los ensayos para la obra Carlos tuvo la oportunidad de acercarse a ella varias veces, trató de entablar alguna conversación con ella pero él era totalmente ignorado por la nueva actriz. Como siempre en la presentación de la obra en la que Raquel actuó por primera vez en el Gran Teatro, Carlos trabajó como llamador, ese día la observó muy nerviosa, “cálmate, Raquel. Todo saldrá bien, he tenido la oportunidad de verte en los ensayos y lo haces muy bien”, la actriz lo miró y le dio las gracias, fue un agradecimiento muy frío y casi forzado, Carlos simplemente la miraba mientras ella se alejaba corriendo para prepararse a salir al escenario.
Como siempre desde los bastidores Carlos veía la obra, esperaba la actuación de Raquel, ella no era la actriz principal, sin embargo su papel en la escena era muy importante, pero los nervios la traicionaron, no cometió errores en el diálogo, pero no hizo una buena actuación, su admirador pudo percatarse de esto al igual que ella. Cuando salió de escena Carlos la vio entrar corriendo a su camerino, detrás de ella entró Ana quien como siempre hacía el personaje principal. “Carlos, ¡ven, por favor!” se escuchó el grito de Ana desde el camerino, Carlos entró, “Raquel, cálmate, estás muy tensa. Este hombre da unos masajes milagrosos, te aseguro que te relajaras rápidamente” dijo Ana al ver entrar a Carlos, Raquel lo miraba desde el espejo, Carlos notó que habían lágrimas en sus ojos.
Raquel aceptó el consejo de Ana y Carlos posó sus cálidas manos sobre los hombros de la joven actriz, inmediatamente comenzó a relajarse mientras Carlos movía suavemente sus dedos, a pesar del duro trabajo que hacía limpiando, levantando y llevando toda clase de objetos del teatro, sus manos eran muy suaves. Era tan relajante su masaje que Raquel cerraba los ojos sintiendo alivio en sus tensos músculos, Carlos sólo la miraba por el espejo, contemplando su belleza, nunca pensó que podría tocarla así como lo hacía y agradecía cada segundo que podían sus manos estar en contacto con ella. “Gracias Carlos, de verdad me he relajado muchísimo” le dijo Raquel levantándose de la silla, luego salió a vestirse para su nueva salida a escena, esta vez al menos la actriz fue más amable y sincera con él.
Carlos observó la segunda actuación de Raquel, esta vez lo hizo mejor, pero Carlos sabía que ella podía hacerlo aun mejor. Al terminar la obra los comentarios de los demás actores no se hicieron esperar, “la nueva actriz no es tan buena como decían”, se escuchaba decir esto entre ellos. Cuando todos los actores se fueron Carlos se dispuso a limpiar y recoger las cosas fuera de lugar de los camerinos, en ese momento escuchó un llanto, se percató que la puerta del camerino de Raquel estaba a medio cerrar, miró y se dio cuenta que era ella, no quiso molestarla y se alejó para seguir con su trabajo, pero él tampoco sentía bien, quería que ella brillara en el escenario, pero él no podía hacer nada por los momentos.
Desde hacía varias noches Carlos había creado en su mente una obra original, en su cerebro estaba todo, cada dialogo y cada escena, la obra representaba su vida: un actor que nunca pudo ser, pero había algo que le faltaba a su obra teatral, y esa noche supo que era el amor hacia una mujer, y esa mujer era Raquel. Carlos se acostaba en el escenario vacío mirando el techo del teatro y creando en sus pensamientos esa obra, sin anotar absolutamente nada, todo estaba en su memoria.
Al día siguiente Carlos vio entrar muy temprano a Raquel al teatro, la joven se alejó hasta un lugar donde depositaban toda la utilería de las obras, era un lugar bastante tranquilo y solitario del Gran Teatro, Carlos inevitablemente tenía que ir frecuentemente allí para sacar y meter utilería, así que observó que Raquel estaba ensayando y practicando para la obra que se presentaba al día siguiente, una vez más ella hacía un papel secundario. Carlos la veía discretamente entre una fila de vestidos colgados de un largo tubo, veía cada movimiento que ella hacía en su ensayo y no pudo evitar decir en voz alta, “no, así no”, Carlos inmediatamente se calló pero fue escuchado por Raquel, “¿quién está allí?” gritó ella algo enojada, “ah, eres tú, Carlos. Ahora además de masajista, llamador y limpiador, eres actor”. Carlos sonrió y muy apenado salió de entre las ropas todo despeinado, “perdone, señorita Raquel, pero no pude evitarlo”, “evitar ¿qué?”, exclamó la joven pero esta vez algo sonriendo, entonces Carlos se acercó a ella y le explicó con mucha delicadeza como debía actuar en esa escena que estaba ensayando, Raquel quedó sorprendida al ver sus conocimientos sobre la actuación, estaba fascinada. “Pero Carlos, ¿dónde aprendiste todo eso?”, le preguntó Raquel sorprendida, “observando a los actores desde los bastidores” contestó Carlos.
Raquel mejoró muchísimo su actuación, todas las noches se quedaba con Carlos quien le daba clases y le enseñaba aspectos claves del arte de actuar, para Carlos todo eso era un sueño, comía con Raquel y compartía muchas cosas con ella en los pocos momentos que tenía libre. Él siempre miraba sus actuaciones desde los bastidores, y le daba confianza y ánimo cada vez que iba al camerino. La carrera de Raquel fue en franco ascenso, hasta que logró ser la actriz principal en varias obras, a tal punto que sustituyó a Ana quien ya estaba retirándose de la actuación por problemas de salud. Raquel era ahora la estrella, y cada vez necesitaba menos de los consejos y clases de Carlos.
El Gran Teatro era un muy antiguo, la mayoría de los actores lo usaban como un trampolín para actuar en teatros más famosos, y comenzaron a escucharse rumores de que lo cerrarían. Muchos actores pensaban que solo eran eso, rumores, pero la crisis interna del Gran Teatro era grave, este se consideraba ya pasado de moda, y los nuevos tiempos exigían cambios a los que este teatro se resistía. Muchos críticos comenzaron a catalogarlo como obsoleto. Parecía que su cierre era inminente.
Una noche, después de una gran obra que fue todo un éxito, Carlos le pidió a Raquel que se quedara esa noche en el teatro, ella accedió pero solo por unos minutos, sin embargo para Carlos cada minuto con Raquel era vida y alegría para su alma. Esa noche él le contó todo sobre su obra, quería que ella lo ayudara, estaban solos en el escenario y Carlos actuaba y le decía rápidamente en qué consistía la obra, estaba muy emocionado, Raquel solo lo observaba, lo interrumpió y le dijo que hablaría con los directores y lo ayudaría en su obra teatral. “Será un éxito Raquel, y tú serás la actriz principal de esta obra”, le dijo Carlos con sus ojos brillantes como cristales y llenos de emoción, Raquel se despidió de él y le dio por primera vez un beso en la mejilla.
Al siguiente día Carlos llegó temprano al Gran Teatro, se extraño de ver que estaban recogiendo todo y metiéndolo en grandes camiones, “¿qué sucede?” preguntó a un grupo de trabajadores que ayudaban a cargar algunas cosas, “¿no lo sabes?, el Gran Teatro ha cerrado sus puertas para siempre”, le dijeron sus compañeros, esta noticia le cayó como un balde de agua fría a Carlos que no salia del asombro. Llegó a los camerinos y vio a algunos actores que recogían sus cosas para marcharse, preguntó a ellos por Raquel desesperado, “está en su camerino”, le dijo uno de los actores, Carlos caminaba apresuradamente esquivando a todas las personas y cosas que se atravesaban en su camino, todo era un verdadero caos, llegó al camerino y abrió la puerta, sus ojos quedaron clavados ante la escena, pero esta no era actuada, Raquel se basaba apasionadamente con uno de los directores del teatro, ellos ni siquiera se percataron que él los miraba.
Ante ese choque emocional Carlos se marchó sin decir palabra alguna, fue tal la impresión que nunca logró recuperarse de tanto dolor que le causó esa experiencia. El cierre definitivo del Gran Teatro lo dejó desempleado, nunca más volvió a ver a Raquel ni a sus compañeros de trabajo. Carlos solo soñaba despierto cada día en las obras que se sabía de memoria, actuaba en las calles y con eso se ganaba algo de dinero, pero siempre le decía a las personas que lo veían actuar que pronto haría el papel de su vida, el del actor que nunca fue, y decía esa obra actuaría la famosa actriz Raquel, la gente se reía de él. A tal punto llegó su imaginación que un día de otoño llegó al Gran Teatro y vio que había una inmensa cola en la taquilla, vio con asombro que decía “Hoy se estrena la obra de Carlos Lombardi: El actor que nunca fue. Con la actuación de la gran actriz, Raquel”. Se puso en la cola y pacientemente esperó su turno para comprar la entrada, por nada del mundo se perdería ese estreno teatral.
Carlos llegó a la taquilla y repentinamente se dio cuenta que estaba cerrada, no había nadie, miró a su alrededor y solo observaba personas que caminaban frente a él observándolo como algo extraño, caminó hacia la entrada del Gran Teatro y vio que la puerta principal estaba cerrada bordeada de hojas secas que se dispersaban en el suelo. Carlos se dirigió hacia otra entrada, una que él conocía bien, forzó un poco la puerta y logró entrar al teatro, todo estaba a oscuras, pero él escuchaba esos sonidos inconfundibles de palabras de actores y música de las obras de teatro, “ya está empezando mi obra” dijo para si mismo Carlos que caminaba poco a poco hacia el escenario del teatro, llegó a los bastidores y desde allí vio a Raquel actuando en su obra, se quedó parado durante horas disfrutando cada momento que le daba su mente que proyectaba como una película su gran obra maestra. Al final escuchó lo que tanto esperó los aplausos que hacían eco como lluvia cayendo del cielo en el Gran Teatro, veía a Raquel que lo miraba sonriendo, ella lo llamó desde el escenario, pero él quiso seguir allí, viéndola e imaginándose todo, cada escena, cada palabra, cada ademán de los actores. La audiencia gritaba su nombre y Carlos reía mientras sus lágrimas caían de felicidad.
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Hola Profe Rafa. Su relato me conmovió. Me gustó mucho. ¡Felicitaciones!
Muchísimas gracias. Me motiva mucho saber que te haya gustado. Saludos
Yo me estaba imaginando lo peor, creí que Raquel no lo iba a volver ni a determinar; en asunto de mujeres los resultados pueden ser impredecibles. Saludos @rnunez muy agradable lectura.
Si tienes razón, las mujeres son una sorpresa constante. Gracias por el comentario