O.N.C.E

in #spanish2 years ago (edited)

Oculto tras las cortinas se encontraba el pequeño Eric, aún con las lágrimas en los ojos no entendía lo que acaba de presenciar, su cerebro no había madurado la onceava primavera y lo tenía que enfrentar a la sinrazón, al invierno helado del corazón, a la densidad de la atmósfera creada e irrespirable por pulmones limpios de malicia. Inocencia corrompida por la imagen de ver como le arrebataban la vida de quien se la dio.

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Era un trabajo sencillo, llegar, hacer fotos, no tocar nada, en once minutos estaría libre, dinero fácil, la Jefatura paga bien estas cosas, de algo me tenía que servir el maldito curso del CCC que pagué en unas incómodas once cuotas, puto vendedor liante. Nunca fui un buen estudiante… algo tenía que hacer para mantener callada la bocaza de mi vieja rayando mi cerebro día sí, día también.

El hedor a sangre fresca se notaba desde la entrada, había más gente que de costumbre, más cámaras que nunca, hasta 11TV, ¿qué raro?, nunca cubren este tipo de noticias, alguien famoso… seguro, esa gente solo entiende de morbo, del desprecio por lo humano, se deben a su público, a sus anunciantes. Ascazo… joder ya me podían llamar para alguna colaboración.

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La casa pertenecía sin duda a alguien de estatus social elevado, los cuadros y las esculturas denotaban el pésimo gusto por lo rancio y recargado al más puro estilo barroco hollywoodiense, solo faltaba la barra de bar en medio del salón y la alfombra felina…
Confirmado, todos los tópicos.

Mientras inmortalizaba “mi arte” sobre el cadáver que yacía con los sesos desparramados por la habitación, oí hablar al forense que la casa era propiedad del magnate del porno Eleven y que todas las pruebas apuntaban a que era el autor material de tan atroz acontecimiento. Se lo encontraron semidesnudo con las manos ensangrentadas, con la mirada perdida y repitiendo sin cesar “Donde escondiste el maldito décimo”.

Por el espectáculo tan grotesco que tenía delante de mí, debió ser toda una carnicería, no me quiero imaginar que puede llevar a un ser humano a cometer tal barbarie. Se me descompuso el cuerpo solo con imaginarlo y eso… que ya lo había visto todo.

Terminé mi trabajo, recogí mi cámara y salí huyendo como alma que lleva el diablo en dirección a mi Renault 11 Turbo, siempre fui un clásico… o un tieso. Esa tarde la pasé tirado en el sofá viendo la serie de moda esa, donde los monstruos no son reales y persiguen a una chica con pelo rapado y con nombre numérico tatuado en su brazo. Mi vida sigue…mañana…más.

Eric fue acompañado hasta comisaría por una agente social, especialista psicóloga en accidentes y traumas… ardua tarea la de sacar palabras a quien jamás pronunció. Su confesión solo podía ratificar lo evidente del caso. Caso O.N.C.E cerrado.

Fuente imágenes:

Imagen 1
Imagen 2

Sort:  

Buen relato, @rafarosado, y justo ahora mi visita a esta entrada es la ONCE. ¿Por qué será?

Te podría dar once razones del porqué, pero... lo vamos a dejar a la imaginación jajajja, gracias por leer y comentar.

Interesante relato que te atrapa en ese lío de coincidencias con el referido 11.
Y que me ha conmovido el caso del pequeño Eric.
Un gusto haber pasado a leer tu aporte @rafarosado.
Saludos desde acá.

Gracias por leerme.

Fácil de imaginar la decoración hortera, y pues viniendo de un director de cine porno hasta parece regla. Excelente colega @rafarosado saludos :)

Gracias crack.

Lo peor de todo es que estas cosas ocurren tal cual en la vida real y por motivos muy similares; la codicia es un mal muy extendido.