Cuando aparece el fuego.
El fuego es el resultado de una reacción química, donde se desprende una cantidad de energía en forma de calor, a raíz de una mezcla de gases y otras partículas derivadas de una combustión.
Los vehículos en algunos casos, presentan fallas mecánicas de combustión, también fallas eléctricas o fallas de sobrecalentamiento, que terminan con el automóvil incendiado. Estos hechos pueden ocurrir en cualquier parte, es frecuente encontrarse en las carreteras vehículos abandonados y quemados en su totalidad, que por alguna razón no pudieron salvarlo.
Saludos mis steamigos, hablando hoy con un amigo de la infancia y en algún momento, compañero de pesca, recordamos un viaje donde nos ocurrió una situación peligrosa, que al final, pudimos solventar gracias a la gracia de Dios y al trabajo en equipo que realizamos. Quiero compartir con ustedes mis amigos del mundo steemiano esa experiencia de vida.
En cierta ocasión fuimos algunos amigos y vecinos, a un fin de semana de pesca, a un campamento perteneciente a dos de ellos situado a orillas del río Cinaruco, más o menos por el sector llamado el clavo. Para hacer la crónica con ustedes más personal, les diré sus nombres; Robert y Roger, que son hermanos y el otro amigo es Franco Elias. Incluyéndome sumamos 4 en ese viaje.
Salimos de San Fernando un viernes ya con la noche, en un camión 350 perteneciente a los dos hermanos, allí montamos todo lo necesario para nuestro fin de semana pesquero, hasta el bote con su motor. Como solo pueden viajar tres personas en la cabina y nosotros éramos cuatro, hicimos una rotación para viajar, dos en la cabina y dos en la parte de atrás del camión. Claro los dos que viajaban atrás, tenían la suerte de estar más cerca de la cava con las espumosas y disfrutar más de ellas.
Llegamos al campamento tarde en la noche después de un viaje de tres o cuatro horas, instalamos todo el equipo, y a dormir para comenzar la faena pesquera bien temprano el día sábado. Fue un buen día de pesca que pasó como un rayo. El día siguiente, el domingo, dispusimos de seguir la pesca en las primeras horas crepusculares, para hacer el viaje de regreso después del mediodía.
Cabe acotar que para llegar al campamento hay que rodar algo más de 40 kilómetros por carreteras sin asfaltar, donde los vehículos se llenas de polvo y mucha paja por la parte de abajo de la carrocería.
Salimos de campamento a eso de las cuatro de la tarde, con la misma metodología de viaje, piloto y copiloto, y dos atrás.
Ya casi cayendo la noche, mi compañero de turno era Franco Elias, nos tocaba ir atrás en lo que se le llaman la platabanda, los dos charlábamos de muchas cosas, hasta que llego ese momento donde las personas se quedan con sus pensamientos. Yo me senté en el lomo del bote y él siguió de pie mirando hacia el frente de la vía. De pronto me pregunta.
¿Qué es esa luz que se ve debajo del camión?
En léxico venezolano suena así; Chamo, ¿Quesésa lú que se ve abajo del camión?
Yo respondo; (también en criollo) ¿Qué lú?
Volteo hacia él, y lo veo en posición como si estuviera en aquella posición, que se utiliza para desaguar el cuerpo humano, pero estaba asomado, mirando con desespero la parte de abajo del camión. En ese momento pegó un grito, un grito que se debe de haber escuchado en toda la sabana.

¡SE ESTA QUEMANDO EL CAMIÓN! ¡PARATEEE! Le grita al chófer.
Era cierto, me asomé y vi la lú.
El camión frenó y nos lanzamos rápidamente, mi primera acción fue sacar cosas, lo primero fue una pimpina de sesenta litros de gasolina que no utilizamos, corrí como 30 metros con ella, la abandoné y regresé rápidamente, agarré el tanque de la gasolina del motor del bote que pesa como 20 y volví a correr. Retorné a enfrentar la situación y mi compañero de ruta, Franco Elias estaba intentando apagar el fuego con la poca agua que había en la cava con los pescados y un frasco de 5 litros de agua también, que teníamos reservado para hidratarnos de regreso. Uno de los hermanos, Robert, el menor, corría alrededor del carro sin saber qué hacer, solo decía que se le quemaba su camión. Su hermano Roger intentaba ayudar a paliar la situación con el agua pero no podía, este es tan gordo que no daba como llegar hasta el punto de fuego para tratar de extinguirlo.
Hicimos un plan. Cogimos dos almohadas que tenían los hermanos y las enchumbamos con el agua, para pegarlas al fuego, esto, más tierra que yo lograba sacar del camino con una pala improvisada hecha con mis manos. Logramos aplacar el fuego, pero no en su totalidad, porque volvía a arder gracias a la cantidad de paja acumulada entre la carrocería, el cardán y el tubo de escape. Repetimos la tarea en par de ocasiones más, ahora aplicando la extracción forzada de la paja, dijo forzada porque llegamos a quemarnos las manos y antebrazos, nada grave pero si perdimos algo de piel y salieron las burbujitas por la piel abrasada.
Después de apagado el fuego, revisamos por largo rato el camión, algunos cables quemados, pero funcionales. Gracias a Dios el fuego no llegó a los tanques de gasolina del camión o al motor. Sacamos hasta la última hebra de paja para prevenir otro detallito. Volvimos a subir al camión en pares y proseguimos la vuelta a casa. De allí toda la conversación del grupo tenía un solo tema.
Hubo una cosa que nos salvó del desastre; Franco Elias ve el fuego porque ya la noche llegaba y vio la luz en la oscuridad. Diosito lo supo hacer, nos regresó por la tardenoche para poder ver la llama, porque de haber sido de día, no se ve nada y se nos quema el camión.
Llegamos a casa medio quemados, pero sanos y salvos. ¡Y con pavón!
Esta fue una historia con final feliz, de un fin de semana pescando en el Cinaruco.
La nueva frase llanera: "no hable paja que se va a quemar".
Yo no conocía esa historia, qué susto y qué sabrosos los pavones.