La caradura del dolor

in #spanish4 years ago (edited)


Fuente

Nuestro mundo retrocede ante el empuje de la tecnología. Las experiencias personales se deshumanizan, se cosifican ante la excesiva mediación tecnológica de la experiencia. Un hecho anónimo puede y debe tener identidad, sólo si el objetivo del periodista es hacer más inteligible para el lector la dimensión existencial de ese hecho.

Eso, por ejemplo, sucedió, en su momento, con el salto al vacío de Norberto desde una de las Torres Gemelas, el 11 de Septiembre. La imagen, captada por el fotógrafo de la agencia de noticias Associated Press, Richard Drew, fue en principio censurada por su explicitez. El protagonista de la foto fue identificado, en principio, como el hispano Norberto González, que trabajaba en el restaurante “Windows on the World”, en la torre norte del complejo. Pero resulta que la hipótesis no era real y la familia lo desmintió. (1)

Posteriormente, un documental británico, titulado “9/11: The Falling Man”, teorizó que se trataba de Jonathan Briley, técnico de sonido del mismo establecimiento, lo que tampoco resultó ser cierto. A día de hoy, permanece el misterio sobre la identidad de la persona.

La dimensión pública del hecho informativo privado debe tener un límite. Cuando el hecho noticioso se ha convertido en un elemento estructural del relato informativo de los medios, se ha cruzado ese límite. La foto fue publicada con posterioridad al 11s. La publicación de esa información, dos años después del suceso, prueba la transgresión de ese límite.

La dimensión ética en el periodismo no puede aparcarse nunca. El periodista debe llevar siempre la ética en la maleta. Pero sin convertirse en guardián de la moralidad pública.

¿Un mundo a escala humana? ¿El periodista polígrafo de la realidad del planeta? Nuestra realidad cotidiana se ha convertido en el pan informativo con que nos alimentan o nos alimentamos cada día. El periodista debe dar pan fresco. A nadie le gusta comer pan duro, si puede comer pan tierno. La panadería informativa debe aprovechar la masa de la tahona. El problema viene cuando para vender la hogaza se usa masa congelada. ¿Puede un periodista dar información de la caída al vacío de una persona, desde un rascacielos, en el límite de la desesperación mortal? Puede. Pero como pan fresco, tierno. No a los dos años de sucedido el hecho, cuando la finalidad del panadero no es alimentar, sino vender masa congelada.

La “globalización informativa” – focalizar localmente un hecho de alcance global- es un recurso valioso para acercar la realidad al lector, a su escala de valores, a escala humana. Pero su valor fundamental viene a ser fruto de un interés comercial: el del medio para vender más ejemplares, desdeñando la necesidad de informar de un contexto que es generalmente postergado por otros intereses en la agenda temática de los medios.

El dolor humano debe tener cara. Es legítimo periodísticamente hablando. Cara, sí. Pero no “careto”. Duele mucho más.

(1)La fotografía original que debía abrir este post ha sido sustituida al comienzo del documento por otra de acceso libre.

Richard Drew

Autor del post: ISA

Me ha comunicado que no desea darse a conocer.

Lo publico en su nombre

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