El Lenguaje de la poesía

in #spanish8 years ago
El poeta, según las épocas, ha sido venerado como un dios, honrado como un héroe, temido por su poder, despreciado o casi olvidado. Su importancia en la sociedad ha variado según la poesía haya alcanzado un papel más o menos determinante.

El que la poesía forme o no parte de la literatura, ha sido un tema ampliamente discutido. Lo cierto es que, como la novela, traduce experiencias humanas en un lenguaje elaborado, rico en significados. Este capítulo tiene por objeto señalar las características que distinguen la poesía del resto de la literatura. Tales diferencias nos ayudarán a comprender el atractivo que ejerce y las razones que llevan a los poetas a utilizar tal medio de expresión.

La poesía tiene un lenguaje propio, en el que las palabras son los sillares que el poeta emplea para “construir” sus composiciones. Al igual que todo escritor, el poeta debe conocer el valor de la palabra, que puede usar trascendiendo su significado usual: la elección de cada palabra depende tanto de su valoración particular, como de su aspecto y sonoridad. Pero la principal labor del poeta consiste en ordenar las palabras en esquemas eficaces.

Es también característico el tema en la poesía: es fácil describir exactamente un determinado objeto, pero la poesía está destinada a mucho más, esto es, trata de expresar la naturaleza íntima de un objeto o de una experiencia, que cuanto más importante y expresiva es, por ejemplo, una experiencia profundamente sentida de belleza o amor, tanto más se nutre de ella la poesía.

Ciertos temas son tan fundamentales que su expresión poética ejerce una enorme atracción sobre la humanidad; por ello en este capítulo tomaremos en consideración algunos de estos medios de expresión.


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La poesía es el lenguaje de las emociones, su ritmo musical nos afecta más directa y profundamente que la prosa: los escritores se sirven de ella para plasmar un instante de alegría o de tristeza y transmitir su hondo mensaje a la mente del lector. Los antiguos griegos consideraban que la facultad que poseen los poetas de dar mayor intensidad al lenguaje era el don de una diosa. Esta creencia se refleja en el cuadro de Henri Rousseau (1844-1910) que representa al poeta y su musa.

La literatura puede dividirse en dos grandes campos; la poesía y la prosa, formas de arte distintas bajo muchos aspectos, pero principalmente en el uso del lenguaje.

Desde que la prosa se desarrolló entre los griegos, escritores, científicos y filósofos se sirvieron de ella para expresar ideas y teorías: naturalmente, les era necesario un lenguaje claro y lógico, comprensible a la mayor parte de la gente (como los signos matemáticos 4, +, -, etc., son comprendidos por quien ha estudiado matemáticas).

Si el científico utiliza, por ejemplo, la palabra “mar” querrá dar a entender seguramente “vasta extensión de agua salada”, atribuyendo sólo un significado más científico y preciso al valor elemental y familiar del vocablo.

Las palabras, sin embargo, son signos, y, aunque sin cambiar de significado, pueden llegar a adoptar el que el lector quiera darles: quien lea la palabra “mar”› puede pensar en el Mediterráneo azul o en el tempestuoso Atlántico septentrional. Del mismo modo, las palabras más comunes como “casa” y “hombre” adquieren un significado diverso según quien las lea.

El poeta mismo puede conferir a las palabras valores extraordinarios, incluso éste es su modo de servirse de ellas, teniendo muy poco en cuenta su significado normal y dándoles uno particular destinado a despertar nuevos ecos en la mente y en el corazón del lector.

Examinemos a título de ejemplo un fragmento de En la Ascensión, de Fray Luis de León (1527 - 1591)

Aqueste mar turbado,
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al viento fiero, airado?
Estando tú encubierto,
¿qué norte guiará la nave al puerto?

El poeta, sumido en el desamparo, lo refleja en la imagen del mar, la tempestad y el buque. Si Dios nos abandona., señala el poeta, nos hallaremos indefensos en el mar turbado (la vida). La nave (el hombre) perderá su norte, indefensa. La inseguridad y el temor surgen de un encadenamiento de imágenes a través de la palabra poética.

El lenguaje poético se diferencia del lenguaje lógico de la prosa descriptiva en que el escritor hace todo lo posible para evitar significados emotivos; en cambio es mucho más difícil distinguir el lenguaje poético de la prosa “imaginativa” (la de ciertos novelistas, por ejemplo): las palabras del .francés Marcel Proust (1871-1922) o del inglés D. H. Lawrence (1885-1930) alcanzan a menudo un efecto “poético” o emotivo.

Igualmente la prosa puede alcanzar una intensidad emocional que la acerca a la poesía. Así en este fragmento de Leopoldo Alas “Clarín” (1852-1901) de ¡Adiós Cordera!


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Con que odio miraba Rosa la vía manchada de carbones apagados; con que ira los alambres del telégrafo. ¡Oh!, bien hacía Cordera en no acercarse. Aquello era el mundo, lo desconocido, que se lo llevaba todo. Y sin pensarlo, Rosa apoyó la cabeza sobre el palo clavado como un pendón en la punta de Somonte. El viento cantaba en las entrañas del pino seco, su canción metálica. Ahora ya lo comprendería Rosa. Era canción de lágrimas, de abandono, de soledad, de muerte. En las vibraciones rápidas, como quejidos, creía oír muy lejana la voz que sollozaba por la vía adelante: ¡Adiós, Rosa! ¡Adiós, Cordera!

En este pasaje, el escritor, aun usando un lenguaje esencialmente descriptivo, consigue mediante la contención del sentimiento y la expresividad del lenguaje alcanzar la emotividad poética.

Quien escribe con la intención de hacer constar unos hechos, emplea términos precisos carentes de doble significado; los babilonios evitaron el lenguaje poético cuando escribieron los datos relativos a los campos y a las cosechas. Estos datos se encuentran anotados en tablillas de arcilla como la que vemos en la imagen (3100 a.C. aproximadamente)



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Esta fotografía nos presenta el mar tal como lo ven los pescadores, que lo consideran su medio de subsistencia en lugar de fuente de inspiración poética; sin embargo una escena similar, puede provocar en otro observador una impresión emotiva, en la imagen presentada en la parte inferior el artista japonés Katsushika Hokusai (1760 - 1849) representa en cambio las olas como garras, subrayando de este modo el poder destructivo del mar.


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Pero un escritor no convierte su propio lenguaje en poesía dando solamente a las palabras un significado emotivo, tanto más cuanto son ajenos a la prosa, incluso a la imaginativa, aquellos recursos con los que se obtiene el efecto general propio de la poesía; en efecto, al poeta se le consienten por una parte una mayor brevedad de expresión, por otra un empleo particular del ritmo.


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Ilustración del siglo V para las “Geórgicas” de Virgilio en esta obra se emplea un lenguaje emotivo para describir los trabajos agrícolas. La primera parte, por ejemplo, que habla del cultivo de los cereales, se inicia con una maravillosa .descripción de la primavera, que nos hace partícipes de la devoción reverente que los agricultores de la época sentían par los dioses de la agricultura



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