Instrucciones de uso

Instrucciones de uso

Yo recuerdo que estudié toda la primaria en el colegio Nuestra Señora de Lourdes, pero no cursé el bachillerato porque para hacerlo tenía que ir hasta al otro lado de la ciudad y mi mamá no me dejó. Aún no sé por qué. Tal vez porque yo era la única hembra que tenía o por su carácter fuerte. Mamá tenía un carácter fuerte. Pero tus tíos sí estudiaron y se graduaron. Estudiar era cosa de hombre, Adelaida. En esa época, la mujer era más del hogar y por eso cumplía mejor el papel de madre y esposa.

Recuerdo que tenía 16 años cuando Matildita me dijo para hacer un curso de secretaria. Yo sabía que no me iban a dejar, por eso no dije nada en casa. Yo salía todas las tardes, muy juiciosa, para casa de Matildita a tomar el té y las dos nos íbamos a la academia que quedaba cerca de su casa. Así estuve tres meses. Hasta que mis padres se enteraron, pero ya era tarde porque tenía el diploma de secretaria y la oportunidad de trabajar en un banco. Al principio mamá no quería, pero yo le pedí, le lloré para que me dejara. Al final aceptó. Como era buena en taquigrafía y mecanografía, rápidamente me pusieron en la oficina del gerente. Recuerdo que ganaba 400 bolívares y casi todo se lo daba a mi mamá. Aunque era buena en mi trabajo, sabía que mi lugar era el hogar. Esa era la costumbre: casarse y tener una familia. Y así me pasó a mí: conocí a tu papá, al año renuncié y nos casamos. A los dos meses ya esperaba mi primer hijo.

¿Que por qué lo hice? ¿Por qué va a ser, Adelaida? Yo debía mantener el pundonor. Que nadie hiciera un comentario que pusiera en duda mi honra. Bastaba un rumor sobre la decencia de una mujer o que se dijera que ya no era virgen para que el novio pusiera punto final al noviazgo. Yo vi cómo la hija de una comadre de mi mamá, Asunción, quedó niña vieja porque al novio que tenía le dijeron que ella se carteaba con un muchacho que estaba fuera del país. Ni el novio ni el muchacho fuera del país se casaron con ella. El honor de ella y de la familia quedó por el suelo. Creo que la comadre de mi mamá nunca se recuperó de aquello y hasta dicen que se murió con los ojos abiertos porque nunca le perdonó lo que había hecho su hija. Así que cuando yo me hice novia de su papá, lo primero que me dijo mi mamá es que debía dejar de trabajar para que no hablaran mal de mí. Y así lo hice sin chistar.

¡Ah, no era eso lo que me preguntaba! Pues yo estoy entendiendo que tú me estás preguntando por lo del trabajo, no por lo de los hijos. El sexo era pecado, era secreto, Adelaida. Recuerdo que la primera vez que me vino la menstruación, me asusté mucho. No tenía hermana ni amiga a quién preguntarle, así que le dije a mi mamá y ella solo me dijo que eso le venía a todas las niñas cuando se volvían señoritas, mensualmente, que usara unos pañitos doblados ahí y que los lavara. Punto. Solo eso. Cuando me casé no sabía de preservativos, así que agarré rápido el primer muchacho y el segundo.

Cuando nació su hermana María Delfina, yo escuché en casa de una vecina que había algo que se llamaba preservativo y T de cobre. Así como el que no quiere la cosa, le dije a su papá y él se escandalizó y me preguntó que dónde había escuchado eso. Que él era un hombre y yo era su esposa. Yo me quedé callada, pero al día siguiente fui al médico para que me pusiera la T de cobre. Recuerdo que tuve que rellenar una encuesta donde me preguntaban que si mi esposo sabía y estaba de acuerdo. Yo puse que sí, que lo habíamos decidido los dos. Embuste. Por eso entre María Delfina y Jorgito hay muchos años de diferencia. Pero solo duré dos años con ese aparato porque después su papá se dio cuenta y tuve que sacármelo. Y está bien porque después nacieron Joseíto y tú, Adelaida. Una mujer tiene que tener hijos, los hijos son la única familia.

Yo sé que usted no dice nada, pero tiene ganas de echármelo en cara. Los hombres pueden tener chances en la calle. Eso es normal en ellos. Es su naturaleza, Adelaida. Los hombres son así. Míreme a mí. Yo sabía que su papá tenía una querida y qué hacía yo. Nada. Nunca lo traté mal y siempre estaba dispuesta para él. Hasta una vez, en el matrimonio de su tía, tuve que sentarme en la mesa con la otra mujer de su papá. Y qué hice yo. Nada. Mantenerme digna. Su papá era el que llevaba la comida a la casa y yo tenía ya dos hijos. Tenía que aceptar sin pataleo. Aunque ella también le tuvo hijos, cuántos son, Adelaida. Cuántos hermanos es que tienes tú por fuera. Bueno, en fin, aunque tuvo muchos hijos, yo era la esposa y los hijos de las otras, siempre fueron ilegítimos.

Cuando José Alfonso llegue, no digas nada, Adelaida. Tú tienes tres hijos. Dónde le vas a encontrar padre a esos niños y ya tú no eres una jovencita. Cuando llegue, sonríele, no te quejes, escúchalo. Hazle siempre su comida favorita, ponle una bebida fresca o caliente en la mesa. Dile que le quitarás los zapatos, le cortarás las uñas. No le preguntes por lo que tú sabes. Olvídalo. Para que tu matrimonio sea duradero, aunque no seas feliz, sigue mis instrucciones y calla.

Estoy que brinco de la felicidad! Gracias por el apoyo, honorable caballero!!!;)
Tu relato de un talante realista impecable, una escritura muy amena y una poderosa fuerza irónica, devela la conciencia de sumisión ordinaria de la mujer venezolana (¿Latinoamericana?). Además, las ilusraciones no podrían ser mejores. Saludos, @nancybriti.
Muchas gracias por tus palabras, @josemalavem. Viniendo de ti es realmente un halago. Este es un relato que, lastimosamente, le puede haber pasado a cualquier mujer en cualquier parte del mundo. Saludos y abrazos
¡Hola Nancy, me gusta la claridad de sus líneas, gracias por su compartir!
Es una sorpresa encontrarte en mi blog! Me gusta lo que haces. Apoyo muchas de tus ideas. Gracias por el apoyo!
Pero es que, usted, es ya toda una gran escritora. Su relato me gusto mucho. Refleja esa sumisión que viven muchas mujeres incluso en la actualidad. Si en algo estoy de acuerdo es que
hombres y mujeres nunca serán iguales. Cada uno tiene sus propias características, fortalezas, valores y corajes para echar para delante. Por más que hayan cosas que ambos podrían hacer, hay otras que no.
¡Salud y vida, mi estimada!
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Gracias por tus post Nancy! Siempre buenos...La realidad de nuestras abuelas. Ese molde que ha mujeres como yo nos cuesta aceptar...