Del estrés y el metro (crónica - desahogo)

in #spanish2 years ago (edited)

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Con un gordo al lado, una tipa alta atrás (y otros más que no logro identificar) pegados a mí, recuerdo mi calvario diario llamado: metro. Seis de la mañana, seis de la tarde, ¡seis de un coño!, una del mediodía, dos, tres, cuatro, cinco de la tarde, la hora no importa. Cual ratonera y emulación de Animal Planet o Nat Geo Wild, estoy ahí abarrotada entre oficinistas subpagados, obreros, bomberos, estudiantes y ancianos. Todos desesperados por llegar a casa, de modo que entrar al vagón, puede recordarnos aquellos vídeos dantescos que rodaron por las redes sociales entre dos mil quince y dieciséis de mujeres peleando por paquetes de harina en las afueras de los supermercados. Hobbes lo había dicho, esto es, amigos, el Estado de Naturaleza, una guerra de todos contra todos.

Ahí sigo atrapada entre el túnel de la estación de Bellas Artes y Parque Carabobo. Diez minutos de retraso. Según la operadora -quien tenía una voz somnífera- el sistema presenta fallas. “Obviamente esto tiene fallas eléctricas, si nunca le hacen mantenimiento a esta vaina”, le respondí mentalmente mientras trataba de no establecer contacto visual con el niño que llevaba rato pegándome en la pierna. ¿Por qué no tengo un carro? es la obligada y tiránica añoranza que pasea por mi cabeza. Quizá si me quedo en la próxima estación y agarro un bus, pueda llegar a tiempo. La hipótesis se demolió cuando recordé que en la superficie todo también es un caos y que mis ganas de ir guindada en la puerta del autobús mientras el chofer grita “Los del pasillo, córranse pa’ atrás” no eran suficientes. El monólogo conmigo misma fue interrumpido por un señor de unos sesenta años quien sobresalía entre toda la multitud por su anaranjada gorra de las Águilas del Zulia en el extremo de la otra puerta. “Esto no hay quien lo aguante, hay que sacar a este tipo del poder”. Otra vez no, me iba a calar por quién sabe cuántos minutos más, una discusión que iba a envolver el ya gastado tema político, económico, social y alimenticio.

Cuando alguien suelta una opinión sobre política, esta se convierte en una bola de nieve que va arrastrando más y más opiniones. El vagón deja de ser un vagón para convertirse en una clase de politología de la UCV. Los más viejos siempre traen a colación problemas que sucedieron desde Gómez hasta Caldera, algunos recuerdan como un hecho heroico El Caracazo, otros optan por el clásico "Cuando éramos felices y no lo sabíamos" el cual a estas alturas ya podría estar en el escudo nacional. “Yo me acuerdo que antes había comida, ahora ni los perros comen perrarina” seguía otra señora, quien recordé, minutos antes, en la estación de Plaza Venezuela gritaba “Si no quieres que te toquen vete en un taxi” mientras trataba de entrar a empujones. Empieza el desespero. El vagón sigue detenido. El niño me sigue pegando en la pierna. Empiezo a sudar. El gordo que tengo al lado nos muestra a todos sus dotes de percusionista dándole golpes seguidos al tubo. El pataleo de otro. Recordé que dentro del bolso tenía un abanico de tela y encaje que le quité a mi abuela, porque sé que el calor aturde y agobia sobre todo, en el metro. Bastó que empezara a abaniquearme como último método para refrescarme, para que el gordo del lado, la tipa alta atrás (y otros más que no logro identificar), se pegaran a mí y me hicieran recordar mi calvario diario llamado: metro.

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(Relato y fotos de mi autoría)

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Hi, Nice to meet you and Upvoted you :) !
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那脑袋里的智慧,就像打火石里的火花一样,不去打它是不肯出来的。——莎士比亚

Pues creo que esto refleja perfectamente un dia en el metro a hora pico jaja. Excelente escrito como siempre!

¡Graaaacias Moisés querido! este relatico es un abrebocas para que veas de lo mucho que te pierdes.

Te acompaño en el calvario de tu crónica. Aunque la historia sea la misma para todos cualquier día de la semana, siempre hay un manera distinta de hacer el viaje más aborrecible.

Uno entra al metro y ya no vuelve a ser el mismo. Fuerza. :'(

¡Fuerza para ti también! En serio, nunca está de más un abanico dentro del morral y para protegerte de señores que quieran sacarte conversa, la cara de cañón, es infalible jajajaja.

Solo el que vive acá podrá saber lo que de verdad se siente, excelente escrito. Aparte del escrito me encanta tu forma de ver... tus fotografías son "sencillas" pero le das un toque mágico con sus encuadres.
Posdata. extraño tu "Caracas Pantone"

Jaaaaavier, naguará qué genial verte por aquí. He vacilado muchísimo tu trabajo, sobre todo el último que posteaste. El Caracas Pantone II se viene, solo que tengo que ponerme manos a la obra jiji. Qué de pinga que te haya gustado el escrito y las foticos. ¡Saludos! :-)

Mich, me encanta tu capacidad para ir de lo más profundo a lo más superficial. La referencia de Hobbes, por ejemplo. ¡Ahhh! Detesto a los músicos frustrados ajajaja, esos "percusionistas".
Creo que captaste a la perfección el aire asfixiante del vagón. Me gustaron las imágenes, las metáforas que creaste a partir de lo que vivimos día a día :)

JAJAJAJAAJA yo también los detesto Bea, o los que en un especio de profundo silencio hacen un ruido repetitivo, eso me estresa como no tienes idea. Pero bueno, tenemos que tener paciencia de aquí hasta tengamos un vehículo propio. Me alegra muchísimo que te haya gustado este desahogo. Te mando un beso gigante, Bea bella.

Mejor relatado imposible.
La agonía de un día cualquiera en Caracas.

¡Graaacias Daya! Muak <3

Bien contado. Las imágenes son hilarantes. Una breve comedia cargada de rabia y reclamos.

Gracias por leerme :-) Esto es un poquitito de mi día a día jajajaja. ¡Saludos!

Chama que estilo! hahahahah
estas vivencias son lo mas fastidioso de caracas... y aun asi te aseguro que en todos los metros hay una singularidad, aveces nunca falta la tipica
"se echaron un pedo!"
o el estresante retraso por arrollamiento de las 3 y 4 pm en temporada festiva

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