El sueño del tigre (Cuento)

in #spanish8 years ago

—¡¡Dios mío!! ¡¡No hay nada que hacer!! ¡Está ahí fuera y va a entrar! No puedo hacer nada para impedirlo…

Renuncié a luchar. Era absurdo. Me levanté del suelo de la habitación en la que me encontraba. Había estado sentado, apoyado en la puerta, para tratar de evitar que entrara el tigre que estaba deambulando por el pasillo. Sí: un tigre. Era inútil estar ahí, haciendo fuerza en la puerta desde dentro. Entraría de todas formas.

Me dirigí al centro de esa habitación vacía sin saber muy bien porqué. Estaría tan poco a salvo como en cualquier otro lugar de la estancia. Estaba ya imaginando que el tigre entraría y se abalanzaría sobre mí. Me clavaría sus dientes, me desgarraría con saña, me haría trizas con sus zarpas. Me imaginaba cuánto tardaría en morir o en perder la consciencia de estar siendo devorado, de servirle de alimento. No tuve tiempo de pensar más. El tigre entró.

He visto tigres algunas veces en televisión y en alguna ocasión también en la realidad. Pero eso no era comparable a ver un tigre a una distancia de dos metros que sabes va a por ti. ¡Que va a por ti…!

Estaba completamente petrificado. Un pánico enorme, indescriptible, me paralizaba. Sentí que el pálpito en mi pecho hacía que el corazón se expandiera más con cada latido hasta abarcar todo mi cuerpo. Todo yo me había convertido en un corazón tan tensado que estallaría sin remedio. Pensé que moriría de una parada cardíaca antes de sentir la dentellada. Pero no dejaba de mirarle. Sorprendentemente no cerré los ojos.


Fuente

Me di cuenta que no nos conocemos bien hasta que no hemos estado en situaciones límite. Y entonces, siendo lo que nunca hemos sido, somos más nosotros mismos que nunca.

El tigre empezó a andar, rodeándome. Su andar me circulaba como aprisionando a su presa. Me miraba escrutando quién sabe qué. Era una imagen espantosa, terrorífica: un tigre que está preparándose para asaltarte. No me lo podía creer: iba a acabar ahí, en el estómago de un tigre.

Cuando vi todo perdido, cuando me resigné al dolor de la muerte sin ninguna reserva, me sentí aliviado de tanto sufrimiento inútil para evitar lo inevitable.

Incomprensiblemente, ese alivio debió confundir al tigre de algún modo, porque relajó su gesto amenazante. Pensé en moverme yo también. Ahora ya podía. Sin miedo y entregado al desenlace mortal, mis músculos cobraron vida nuevamente.

Empezó una extraña danza. Ambos, el tigre y yo, nos movíamos en círculos, enfrentados, unidos por una mirada asesina. Entonces pude ver como la ventana del fondo —un mosaico de cristales de colores, como esos hermosos vitrales de las iglesias— se abría. Fuera había una amiga que quería ayudarme, ofrecerme una salida al advertir —no sé cómo— la pavorosa situación en la que me encontraba. Pensé en echar a correr y saltar fuera. Pero inmediatamente caí en la cuenta: no iba a ser más rápido que un felino capaz de tensar todos sus músculos en un parpadeo.

Después de tres o cuatro vueltas y sin un motivo explicable, decidí sentarme. Lo hice apoyándome en la pared, junto a la puerta. Y ahí me quedé mirando al animal, cuyos movimientos se hicieron más lentos, hasta detenerse ante mí. Su cabeza, su descomunal cabeza, estaba a un par de palmos de la mía. Pensé que me la arrancaría de cuajo como quien se come una croqueta. Pero ya había aceptado que el desenlace sería mortal.


Fuente

Fue entonces cuando el tigre dejó de mirarme, se ladeó, y apoyó la parte trasera del lomo en el suelo. Yo… yo no entendía nada. Los músculos de su mandíbula se aflojaron. Parecía que perdían apetito de mí. Apoyó el resto de su cuerpo. Su cabeza quedó en mi regazo. Parecía un gato enorme. Yo no quise, no pude dejar de pensar que ahora era cuando sus dientes me destrozarían el muslo. Pero no. Dejó caer su cabeza mansamente sobre mi pierna derecha. Su boca quedó junto a mi mano de tal forma que mi dedo índice tocaba su colmillo izquierdo.

El tacto de mi dedo con su diente me trajo incomprensiblemente de vuelta a la calma. No había peligro. El tigre se había dormido. ¡Se había dormido! De su colmillo... manaba una extraña saliva... Y de la saliva, a su vez, manaba una sensación que a través de mi dedo índice se introducía en mi mano, mi brazo, mi cuerpo, inundándolo de..., ¿cómo describir esa sensación? Es muy difícil... Digamos que sentía poder; un poder magno, regio, sereno… Sentí la trascendencia de la vida, la infinita sencillez de los sentimientos más profundos y, al tiempo, elevados.

Me sentí íntima y firmemente conectado con toda la belleza, con toda la sabiduría. Era una inefable plenitud sagrada que rebosaba vitalidad y compasión por todo.

……………………………………...

Al día siguiente por la mañana caminaba por la calle recordando este sueño y todo el mundo me miraba con cariño.

Me sentí, por primera vez en mi vida, a salvo de mí mismo.

Sort:  



Hello Dear Steemian,


I am S.A.R.A.H. (Search Automatically High Reward Articles) Bot.

I'm an artificial intelligence that automatically looks for posts that expect high rewards. I recognize such posts, make my upvote on them and get a high Curation Reward. If you want to join in, you can hang on to my curation trail. You can follow me on Steemauto or on Streemian.

If it looks like this you are doing it right:



Let's maximize our curation rewards together!

Yours,

S.A.R.A.H.

Coin Marketplace

STEEM 0.04
TRX 0.32
JST 0.098
BTC 64054.40
ETH 1882.24
USDT 1.00
SBD 0.38