Entre nosotros
La tranquilidad es valiosa. Lo comprendí quizás algo tarde, cuando ya estaba en el caos y la desesperación. Estaba durmiendo el día que mi vida se transformó.
Un sonido agudo y desesperante me despertó. Mis ojos se abrieron automáticamente, mi corazón latió mucho más deprisa, sentía que mi pecho se iba a explotar, pero pasados unos minutos, no sucedió. Pensé por un momento que quizás había sido mi imaginación. Pasados unos minutos, descubrí que era completamente real.
El sonido parecía de algún artefacto eléctrico. En mi pequeña casa no había nada que emitiera ningún sonido parecido. Con valentía me levanté de la cama. Normalmente en los meses de Julio el calor es abrumador, incluso en las noches muchas veces sudo de forma exagerada; aunque al tocar mis pies el piso el frío que siento me hiela la sangre. No lo siento en mi cuerpo aún, quizás sea simplemente que la noche se enfrió, pueda que se avecine una tormenta.
Con cuidado tomo la lámpara que está en mi mesa de noche y camino poco a poco, mis pasos no suenan, nunca había caminado con tanta calma. Quizás solo quiera que al salir, quien haya producido tal sonido se marche de mi hogar, como última esperanza, pues si son ladrones no quiero enfrentarme a ellos, realmente no.
El sonido se repite tres veces en el transcurso de tiempo que, extremadamente lento. camino hacia la puerta.Ya no me queda salida, debo cruzar. Me armo de valor, y en mi fuero interno me prometo a mí mismo que todo estará bien.
Suspiro cuando toco la manilla de la puerta, el metal está helado también. Sin dudarlo ni un momento más, halo con fuerza la puerta, sin embargo al otro lado no hay nada. Solamente mi pequeña y cómoda casa. Veo mi pequeña mesa de comedor, mi único sillón frente a la mesa de café y al fondo, al lado de la puerta de la parte trasera de mi casa, la cocina, tal como la dejé en la noche.
Todas las luces están apagadas, pienso una vez más que todo fue mi imaginación. Con más confianza, camino hacia la cocina, tomo del refrigerador un vaso y sirvo agua. El sabor del agua es extraña. Sin dudar las desecho, tomo de otros recipientes y todas están igual.
Un olor nauseabundo me desagrada justo cuando voy a cerrar el refrigerador, al mirar detalladamente, todos mis vegetales y frutas se han dañado, están grises, opacos, sin vida. En el congelador la carne despide un olor fétido, aunque esté aún congelada.
Quizás se haya dañado mi refrigerador. Me doy la vuelta para regresar a la cama, y el sonido se hace una vez más presente, sin embargo esta vez suena más cerca, aunque no en la misma habitación.
Está justo detrás de la puerta ubicada al lado de la cocina. Nuevamente siento mis latidos acelerarse, y de pronto la puerta se empieza a abrir. Mágicamente no tiene seguro, antes de dormir confirmé que tuviese seguro. Me aterra enfrentarme a alguien que quiera robarme, así que corro y me escondo detrás del refrigerador y por el borde anterior me asomo, veo como la puerta chillando bajo sus goznes se abre poco a poco.
Contengo la respiración, no quiero alentar a los intrusos de mi ubicación. Los intrusos son dos, ambos vestidos con un feo disfraz grisáceo, como una especie de pijama, con máscaras iguales de pálidas y con grandes agujeros para los ojos.
Veo como con una linterna dibujan el camino, como poco a poco observan cada objeto, pero no toman nada. Solo dan vueltas y se pasean por el pequeño lugar, yo solo me mantengo sin hacer ruido. Uno de los hombres se acerca un poco más a mi ubicación, está justo en frente de la nevera, toma de la encimera una de mis naranjas y de forma anormal su boca se abre y sale una lengua exageradamente larga y púrpura, lame la fruta y un sonido de desagrado sale de su boca; la coloca nuevamente en su lugar, de la nada aparece un artefacto similar a los controladores del televisor y tras apuntar la naranja, se repite el odioso sonido que me despertó y una luz verde la baña y ésta se transforma en una podrida fruta vieja, la toma con sus manos y la introduce en su boca.
No sé que sean estas criaturas, solo sé que no son humanos. En mi mente pienso una y otra vez en el hecho de lo que sean pero no puedo determinarlo. Sigo sin hacer nada, tapando mi boca con mis manos. Algo me hala desde atrás de la pared, ésta desaparece y soy extraída a su exterior por barras metálicas que me arrastran a la desesperación.
Lloro, siento como mis lágrimas se derraman sobre mi cara, no sé cuanto tiempo tengo llorando. Veo como se acerca a mi una criatura mientras sigo suspendida en el aire por el gancho que me haló. Se acerca a mí y me reflejo en sus ojos. Son negros, y me impresiona ver una galaxia a través de ellos. Su piel es escamosa, solo de verla me recuerda a las serpientes.
Se acerca a mí, habla con una voz gruesa, casi mecánica, no entiendo lo que dice, pero luego me da la espalda y se aleja caminando. Los brazos metálicos que me tienen sujeta me alejan de la casa, se introducen poco a poco en la oscuridad del campo, veo pasar a mi alrededor mis plantas de café y trigo, siento como algunas me pincha la piel de la cara y los brazos; aún después de todo no puedo gritar, la voz no sale de mi boca.
Cuando por fin se detiene solo veo una camioneta del servicio del cable blanca, con letras rojas pintadas en su exterior. Esto tiene que estar mal, las pinzas salen desde el lado del vehículo, veo como se abre el techo y me deposita dentro. Es mucho más amplio de lo que pensé, pero solo soy introducida en un cilindro de cristal. Frente a mí está una computadora y un baúl de metal sumamente grande. No se cuanto tiempo pasa, pero después de mucho llorar, una de las criaturas entra a la camioneta, veo como se acerca a mí, me observa moviendo lentamente su cabeza, y comprendo que desea le brinde algo. Tan solo no tengo nada que brindar.
Sin mirarme más, se acerca a la computadora y poco a poco introduce datos moviendo sus manos sumamente ágil sobre las teclas del computador. Golpeo el cristal una y otra vez, aún así no voltea a verme ni una vez más, solo se acerca a lo que pensé era una baúl que está conectado al computador, y tras tocar la superficie de la tapa queda al descubierto su interior. Está completamente lleno de agua, se ve cristalina, pero cuando él introduce las manos dentro, extrae lo que parece un suéter doblado y arrugado de color piel.
Aunque me equivoco, no es un suéter, parece piel humana, toda la piel de alguien, perfecta, solo seca, sin músculos ni huesos, colgando inerte delante del monstruo mientras poco a poco se va introduciendo en ella. Sus manos se ajustan a los dedos de quien haya sido esa persona, sus piernas ya parecen las de un humano, su torso se va transformando, hasta que su cara... su cara es lo último en colocarse, y es por eso que me doy cuenta hasta ese momento que su cara me pertenece. ¡Ese cuerpo es mio!
O bien, basado en el mio. Grito, es como verme en un espejo, desnuda, sin ningún cambio o algo que me distinga. Sí, si tenia algo que ofrecer y era mi propia vida entera.
De forma campante, sin mirar atrás se bajó del vehículo, dejándome sola, asustada y con miedo. Paseando con mi cuerpo en un mundo que no sabrá que no soy yo, y que les permitirá vivir entre nosotros.
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