3.30 am

in spanish •  14 days ago

Sí, a esa infausta hora ha tenido a bien mi cuerpo despertarme. El porqué, es algo indefinido, frío en el tronco, calor en las extremidades, un pico de hambre, dolor en el dedo gordo del pie derecho y en las muelas por excesiva presión, todo bien a fruto claro está de la pesadilla.

La pesadilla sí, un programa de ayuda que no había leído donde vienen resueltas todas mis dudas presentes pasadas y futuras, algo que había demorado en ver, un vestigio más de vagancia, de no mirar en los sitios convenientes...

El despertar, bucear angustiado por el creciente frío que aun es moderado en este mes de Noviembre que acaba, en busca de los ropajes necesarios para cubrir el cuerpo, proveerse de los auriculares y podcast de radio, preparar un café que suele ser remedio inmediato para mi alma insomne y algo de pan tostado, de centeno y pipas con su aceite, tomate y sal preceptivos que caen en la segunda ronda, después de ver con el primer café que no tengo nada que hacer urgente en el asunto que me traigo entre manos y que el sueño no se apiada de mi, al menos tengo el pan.

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La noche se va deslizando suave como vagón de metro recién estrenado, y el sueño no llega, al menos el hambre esta aplacada y por las ondas recibo alimento para que mi cerebro detenga su incesante divagar por las sendas de lo improductivo. Alterno las entrevistas de radio con discos de Coltrane, es un alivio de los sentidos, tiene algún disco de los últimos muy loco pero en general, una discografía irreprochable.

Algunos amigos están conectados, gente que trabaja de turno de noche, me da una óptica de la vida de la que afortunadamente carezco, sería aberrante para mi tener que obligatoriamente usar la noche para ganarme el sustento, la noche es para bailar, cazar, leer lo que nunca tuviste tiempo, conversar sin una meta fija y oir discos viejos de jazz. Me cuentan cosas, de trabajo, de relaciones, de casados con doble o triple vida, de como de una cervecita en el descanso se pasa a la ginebra, una copa y otra, y luego con el tiempo cocaína para aguantar los turnos y al final degenera en una bestia que va pidiendo sexo por los pasillos al resto de compañeros.

No os creáis que es alguien marginal, hablamos de alguien con muy buen sueldo, casado hace años con una buena esposa, con dos hijos, pero la rutina de la noche, le hace salir esos demonios que estaban contenidos, le sale una bestia ávida de sexo, que exige penetrar y ser lamido que con el paroxismo del alcohol y las drogas, termina en tugurios con desconocidos donde contrae enfermedades venéreas que le fuerzan a dar explicaciones a su esposa, que se humillan, que suplican por los hijos, que deja el alcohol, que cambia el turno de noche por el día, pero que te enteras al tiempo que ha vuelto a tomar alcohol y activar su perfil del grindr.

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También historias igual de tristes, son muchas horas y pasan de noche, un mendigo que en el silencio de la madrugada, irrumpe en el hall del hotel y sin mediar palabra, se acomoda en uno de los sofás de recepción a dormir el sueño de los justos, me cuentan que desde lejos tenía ese olor a vino blanco y abandono, y de cerca pudieron comprobar que se había hecho todas sus necesidades encima, dormía el sueño de los justos, sin emitir un ronquido y sin haber forma de despertarle, hubo que llamar a la policía, al parecer se había fugado de un hospital cercano, despreció la comida que le ofrecimos en un tupper, igualmente la bebida.

Estas historias que me cuentan, deberían hacerme agradecer el privilegio de vida , pero me hace sentirme más triste, me acomodo a las seis de la mañana ya en la cama, abrigado y con música en los cascos, buscando un respiro, al menos una hora de sueño, y me arrastro profundo profundo, hasta que las siete de la mañana, me hace su dueño.

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