27072018

in #spanish8 years ago

No me importa madrugar, me gusta levantarme cuando aún la luz escasea, no hay ruidos en la calle, conecto el wifi, preparo el café y soy dueño al cien por cien de mi tiempo. Las profesiones liberales, tienen una curiosa proporcionalidad, tienes periodos de intensísima actividad, en los cuales, te asemejas a una cadena de producción en serie, en la que vas uno y otro y otro y así hasta que acabas con el tope de la fecha última que marca la Administración.

En esos días, la vida es sencilla y complicada a la vez, tu cometido se reduce a llamar, quedar, recoger, tener las dos o tres frases de cortesía antes de ir a por el siguiente o continuar lo que ya has empezado, que todo esté bien, que concuerden los números, acordarse con los mensajes que te auto escribes de aquella característica de este, de aquel, y siempre comprobar y comprobar, yo como curiosidad, uso un sistema de colores.

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Como he dicho, la vida puede ser sencilla, es más que simplificada, simple al máximo, dormir, trabajar, comer, un poco de ejercicio, y ojear cuestiones de interés con desapasionamiento,se de lo que me hablo. Estas fechas son proclives a que te enganches a mil y una actividad que en un periodo “normal”, ni reparamos en ella.

No es procrastinar, entenderme, no es la demora de la tarea, es como una tarea superior que por si sola justifica el tiempo que le quieras echar, puede ser el origen latino de un pueblo perdido de Ávila, o puede ser la alimentación de nuestros antepasados en los periodos glaciares, lo dicho, tomarlo con calma y una cierta distancia.

También estos periodos, exigen que seas cuidadoso con tu alimentación nada de comidas a destiempo, ni pesadas, ni excitantes, ni demasiado picantes, ni muy temprano, ni muy tarde, intentar que sean ligeras, completas, ya se sabe que no puede faltar ni un nutriente, no es tiempo de correr ni de actividad física intensa, tiene un porqué, producen un chute de endorfinas, que no es nada aconsejable con el sosiego,la calma casi monacal que exige la correcta llevanza de las cuentas de otros.

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Cuando llevas unos días, el cuerpo hasta agradece las rutinas, somos animales que le gusta la reiteración en el orden, pero ains, está el demonio de la vida, la vida real, fuera de los subjetivos números que estás creando, la familia, los amigos, las parejas, todo eso no detiene su círculo, siguen su ritmo normal de vida y quizás no entienden, ese enfurruñamiento, ese no querer estar, contestar a destiempo o de una manera poco educada. La presión y la exigencia a uno mismo, es máxima, eres un francotirador que solo tiene ojos para su mirilla, porque, en sentido figurado, su vida depende de ello, cuando pase la tormenta, volverá la persona que conociste.

Miento, no vuelve la persona que conociste, se vuelve distinto, a ver no es algo que se note en demasía, excepto la aspereza en el trato de los primeros días, pero si, trimestre tras trimestre, algo cambia, es una reiteración de pautas que ineludiblemente tiene un coste de desgaste para nuestro cerebro. Al igual que los trabajadores de la limpieza o los que pregonan su mercancía por los mercados, arrastran en su día a día ese hablar vociferante y aspavientos y exceso de gestos, o los maestros esa vena autoritaria de que se realicen las cosas con un orden y una secuencia. Mi trabajo, te hace un poco más oscuro, más gris, con menos capacidad de vivir tu vida por vivir la vida de los otros, por eso conecta tan bien con las redes sociales, que no es más que otra forma de vivir la vida de los demás y de poder ser un “superyo” sin el esfuerzo que supone, desplazar la carne que lleva aparentada ese alma.

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Diréis,¿ tanto desgasta? He de confesar que sí, llevo la friolera de más de dieciocho años, llevando las cuentas y por tanto la vida con todas sus pasiones(no tienen porqué ser bajas que parece prostibularias) y un poco de cada uno, presiento que queda en ti. Al principio, era no sé si muy joven o pasional o simplemente eran ganas de agradar, y cada caída, cada cliente que te discute, era un berrinche, cada requerimiento, era un dejarse la vida, del sueldo de esos años, mejor ni hablamos, porque a pesar de ser ridículo en base a la responsabilidad asumida, en su ridiculez, daba para mucho más de lo que dan los sueldos hoy en día en este país condenado a poner cervezas, donde la labor profesional es… mejor hablo de otra cosa.

El desgaste, en la pareja, los amigos, la familia, sus requerimientos, ¿son medidos? ¿Qué necesita un alma que ha estado treinta días metido en su habitáculo? ¿Salir, entrar, que le quieran que le dejen? Por eso, me gusta seguir respetando la rutina, cuando no pasaría nada si me levantara un par de horas más tarde, estas horas, son como mojar una rosquilla dura en café o cuando se echan los garbanzos en remojo, la noche anterior, un proceso básico e ineludible, para poder “cocinar” la vida y tener un mínimo de posibilidades de éxito, de reintegrarse a la misma.

Por eso si tienen un amigo, un familiar o una pareja de estas profesiones mal conocidas como liberales, y no le responde, le viene con disyuntivas, le cuesta hilar un discurso cohesionado y la simple decisión de ir a la playa presupone un mundo para él, tengan paciencia, con cariño, volverá a ser una versión menos hosca y hasta parecida del ser que tuvieron, déjenle ser.

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Excelente, no sé que pasa por la mente del familiar que vive encerrado, y la carga que lleva consigo, no sé que tan dificil es simplemente salir y dejarse ver. Solo queda esperar para ver si realmente volverá a ser una versión parecida a la que antes tuvimos... o simplemente dejarle ser.

Muchas gracias, muy buena pregunta

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