20032019
El de hoy es el último día de un trimestre que no se acaba nunca. Al ser festivo y por tanto inhábil, lo pasan al lunes. Llevo desde el miércoles prolongando la agonía post retiro hurdano, conozco bien el género, el humano me refiero.
Ayer fue uno de esos días que no me gusta tener y en los que uno superando sus miedos y reticencias, saca lo mejor del alma humana. Falleció el padre de un amigo mío, muy joven, setenta y un años, recién cumplidos. Lo único que había hecho este hombre en la vida era trabajar, para sacar a sus cuatro hijos adelante, sin que les faltara nunca de nada, cuando llega el feliz solaz de la jubilación y disfrutar de una buena paga y su esposa y nietos, la muerte cercena los planes.
No me pilla de improvisto, es algo que desgraciadamente, he tenido que presenciar con más frecuencia de la que quisiera, abocados al fin, es como una película de abrupto final e incierto argumento.
La misa, ha sido a las nueve de la mañana, dos días de velatorio por una muerte a trasmano en la noche, he ido a las ocho, vestido para la ocasión a presentar mis respetos y condolencias a la familia.
Mi coche, le ha costado arrancar, cualquier día desiste. Un olor a carne abandonada dos semanas atrás me hace pensar de forma más a ras de piel en la mortandad y el absurdo de todo. Esta claro, estoy en uno de esos grandes días.
En el parking del parque cementerio, una caravana, personajes peculiares, seguro que sus dueños glosan la tranquilidad y seguridad de la zona, y lo económico de la propuesta.
Al final, ha sido todo más leve de lo que pensaba, el tiempo va marcando los actos, misa, tranquilidad, silencio, vuelta a casa, sigo con el trimestre.
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