La soledad merecida. Microrrelato original.

in #spanish25 days ago (edited)

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La soledad merecida.

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¡Cuántas veces Marcial llegaba en avanzado estado de ebriedad en horas de la madrugada, a molestar el sueño de una mujer que, además de laborar desde las 7 de la mañana hasta las 2 de la tarde, en un puesto del mercado libre, tenía que realizar las tareas de casa! Y ella aguantaba callada, solo porque había una hija de por medio, que era una niña de 2 años de edad.

No solo la llegaba molestando, sino que también, cuando se ponía libidinoso, ella tenía que acceder a sus apetencias, y en su satisfacción, se quedaba dormido hasta las 9 o 10 de la mañana, y con todo y eso, ella tenía que dejarle el desayuno y el almuerzo listos.

Una mujer como Dollys no se conseguía fácilmente, allá por la década de 1990, cuando a las chicas les encantaba salir a rumbear, y a disfrutar de la vida, como ellas mismas decían. Pero él nunca llegó a valorarla, y cada día sus subestimaciones e indiferencias iban en constante aumento.

En una ocasión llegaron en calidad de alquilados 2 jóvenes que integraban una pareja de profesionales, y Dollys empezó a relacionarse con Judith, una psicóloga clínica que, justamente, había llegado a la ciudad para desempeñarse en una afamada clínica.

Judith entró en materia con el caso de Dollys, y los cambios no tardaron en manifestarse, y fue algo que incomodó al tirano esposo quien, extrañado, abandonó la casa sin ningún tipo de aviso. Dollys no tenía unión legal con ese hombre.

Pasaron los años, 5, 6 7… y nada que el hombre aparecía. De la misma capital de donde era Judith, llegó a vivir un primo de Judith, que era contador, y desde el primer momento, se gustaron él y Dollys, y a los 4 meses, ya se habían unido, esta vez, con todas las de la ley.

Fue como un barril de pólvora porque a los 3 días apareció la expareja de Dollys, pero ya todo estaba consumado, y solo le permitía ver a la niña, según lo ordenado por el tribunal de menores.

Marcial cada vez se iba compenetrando en el mundo del alcohol, y también pisó el terrible camino de las drogas, y un día cometió un robo a mano armada, que lo llevó a la cárcel, donde debía purgar larga pena.

Cuando salió, ya era un hombre acabado y sin nada que aprovechar porque hasta su hija se había graduado e ido a otros lares.

Marcial quedó en la más deplorable soledad. Así, en silencio, lleva una vida de soledad, de malos recuerdos y de remordimientos.

Dollys, durante ese tiempo se superó y también se hizo contadora hasta fundar una compañía con su esposo.

No se sabe hasta dónde la soledad puede ser merecida, pero Marcial estaba pagando tributo a sus comportamientos hostiles.

Bendiciones de Dios a todos.



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