Modelo FUERZA RESULTANTE

in #spanish3 years ago (edited)

Aunque a algunas personas se les facilita, el valor de presencia no es algo que sucede de forma natural, está más allá de la personalidad y el carisma. Requiere determinación, iniciativa y acción proactiva, por eso está relacionado con el liderazgo. Requiere convertirse en hábito. El valor de presencia lo podemos expresar desde 5 niveles:


 El valor de la presencia comienza en el nivel de reconocimiento. 

Reconocer hacernos conscientes. Necesitamos hacernos conscientes de nosotros mismos, de los otros, del entorno, de la realidad. Conscientes de lo que nos separa y nos hace diferentes, pero también de lo que nos une y nos hace similares.

Reconocer el estado y la situación en la que se está. Reconocer las potencialidades y las relaciones.

El valor de la presencia se basa en el reconocimiento de la presencia del otro y de uno mismo. Primero es dar y recibir reconocimiento. Implica primero que tú no estás pintado en la pared, ni tampoco los otros.

Es un nivel de pensamiento basado en el nosotros, en la conexión y en la unidad. Hacemos parte de algo. Aunque existan diferencias es importante reconocerlas. Todas las personas estamos unidas, de una u otra forma, a través de alguna conexión que puede, o no, ser evidente. Es reconocer que, aunque tengamos diferencias, algo nos une.

Solo si nos reconocemos nos podemos ayudar.

El reconocer al otro se demuestra a través de cosas básicas de la cultura. Si nos referimos a la cultura material, el reconocimiento se ha basado principalmente a través de la ropa, objetos, el uso de marcas y todo aquello que otorga la capacidad de consumo. Se te reconoce por lo que tienes, haces y logras, es un enfoque competitivo y comercial. Pero, a nivel de cultura no material, costumbres y hábitos, podemos encontrar aspectos básicos de reconocimiento como es el saludo personal, la cortesía, la mirada, llamar a la persona por su nombre, el trato personal y esto depende de los códigos culturales, de la situación y del entorno. También reconocemos desde la identidad cultural. Reconocer es contrario a ignorar, es ser consciente. Reconocemos a través del lenguaje, por el hecho de comunicarnos. Reconocemos nuestros estados y el de los demás al hacernos conscientes de las emociones. Las emociones son valiosas herramientas de comunicación que nos permiten relacionarnos con los demás.

Nos reconocemos a nosotros mismos, a los otros y al entorno. Reconocemos los valores. Reconocer también es un acto de coraje.

Hacer valer la presencia frente a incoherencias o lo que vaya en contra de los valores o los derechos.

 A un segundo nivel encontramos el respeto. 

Primero es el respeto por la condición humana, e implica lo más básico que es el respeto a la vida. Lo que nos mantiene en este mundo físico y que nos une es la vida. Esto implica respetar la vida de otros y respetar la propia vida. Si me respeto, te respeto. Otros aspectos del respeto se relacionan con el sistema natural que nos sostiene con vida: la naturaleza, el ecosistema, el planeta. Cada grupo, organización, cultura y sociedad tiene sus formas, códigos y lenguajes para demostrar y ganar respeto; es necesario identificarlos y comprenderlos. El respeto es una pauta de relación con uno mismo y con los demás. Respeto hacia sí mismo y respeto hacia el otro. Con el respeto aportamos valor a nuestra presencia y a la de los demás.

Respetar la presencia del otro y de sí mismo.

Luego de reconocer y respetar, pasamos a un tercer nivel en el valor de la presencia, en el que buscamos conexión.

Solidarizamos con la condición. Solidaridad es una acción comparativa, que te permite verte a ti mismo y al otro en su condición humana, física, mental y espiritual y el primer referente son las necesidades. Desde otro punto de vista, podemos solidarizarnos con ese aspecto dual que es la felicidad y el sufrimiento. Solidaridad implica hacerse consciente de la presencia del otro y de mi posibilidad de aportar algún tipo de valor. Nos solidarizamos desde los valores y necesidades afines. Solidaridad implica reconocer lo que nos une, lo común, lo que se comparte, como pueden ser los valores, las causas, necesidades, desafíos, problemas, espacio, tiempo, relaciones, gustos y afinidades.

Las emociones también nos permiten conectarnos con los demás, y especialmente una que es la compasión. Si reconocemos las emociones en nosotros mismos podemos hacerlo en los demás.

La conexión a través de las emociones se pueden propiciar por empatía, sintonía, y un buen ejemplo de esto es la música.

No implica que nos pongamos en el mismo estado o condición del otro.  La conexión nos permite aportar algún tipo de valor. Es lo contrario a la indiferencia y exige reciprocidad.

Conectarse con las otras personas pero también conectarse con sus talentos, fortalezas y voluntad.

Luego de reconocer, respetar y conectarnos, entramos al cuarto nivel que es el aportar

Cómo al aportar valor a tu vida, hago más valiosa la mía. Cómo me involucro a través de la responsabilidad y el compromiso. En la medida en que aporto valor a la vida de otros, mayor valor de presencia adquiere mi vida. Es articularse a través de darle utilidad al talento. El valor de presencia se expresa a través de la utilidad, ser útil. Convertir lo que hacemos bien, nuestros talentos, aquello en lo que somos buenos, en un servicio que nos haga útiles. Ser de utilidad y el servicio, son formas tanto de aportar como de ganar valor.

En un quinto nivel encontramos el cambio

 No solo es hacer algo sino promover que otros lo hagan. Así tu valor de presencia promueve la transformación que quieres ver en tu mundo.
 Los cinco niveles constituyen un proceso a través del cual tu presencia genera y gana valor. 


 Todo esto genera una fuerza resultante que puede ser expresada de diferentes formas como: liderazgo, realización, etc.

Una fuerza resultante, es una sumatoria, una puesta en acción. Se da de forma natural al realizar las anteriores. Implica hacer parte de la solución con responsabilidad y compromiso. Al reconocer, respetar, aportar y servir se convierte en modelo de creación de valor.

Liderazgo a este nivel no hace referencia a una acción individual, ni a los componentes del carácter de una persona, sino a una acción conjunta que es la sumatoria de estos cinco niveles. 

No se trata de controlar, sino de fluir, actuar,  propiciar, motivar, catalizar y articular. Está basado en un modelo de liderazgo donde se compite y se coopera simultáneamente. Tal vez ni siquiera se llame “liderazgo”. Es un modelo para otros, conecta a las personas con sus potencialidades y con otras personas.

El valor de la presencia lleva implícito, el cómo decidimos relacionarnos para avanzar, progresar y crecer.

¿Cómo estoy en cada nivel de valor de presencia?

En estos niveles, a medida que aumenta la creación de valor, también aumenta el nivel en el cual nos involucramos.  Para involucrarnos necesitamos estar empoderados. Nuestra presencia adquiere valor a medida que subimos de nivel.

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