Ocas en Arcadia
Suele afirmarse, que los grandes pintores, los melancólicos poetas y los taciturnos escritores del Romanticismo soñaron con ella, imaginándola como la Patria espiritual, por excelencia, del idealismo y el noble arte de la ensoñación.
A la melancólica Arcadia pertenece, así mismo, todo aquello cuanto se ha perdido, metáfora de las puñaladas despiadadas de ese auténtico Jack el Destripador que es el Tiempo, y que algún poeta francés –de cuyo nombre yo tampoco quiero acordarme- definió como el lugar a donde fueron a parar las nieves de antaño.
Precisamente a esa Arcadia y por defecto, a las nieves de antaño, pertenecen estos simbólicos animales, cuya alegre presencia no sólo protegía los hogares de muchas culturas de la Antigüedad, sino que además, como animales emblemáticos de la poderosa y olímpica diosa Hera, señalaban los lugares más importantes –los santuarios mistéricos- de las principales rutas de peregrinación.
AVISO: Tanto el texto, como las fotografías que lo acompañan, son de mi exclusiva propiedad intelectual.